“Tenochtitlan no era imperio; aquí había formas de organización más avanzadas”

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En el libro Cuauhtémoc: Águila que retoma el vuelo, el politólogo Pablo Moctezuma busca desmontar mitos e intereses ideológicos

Ángel Vargas

Periódico La Jornada
Martes 18 de marzo de 2025, p. 2

En el libro Cuauhtémoc: Águila que retoma el vuelo, el politólogo e historiador Pablo Moctezuma Barragán confronta la historia oficial sobre la Conquista o, como él la denomina, la invasión de México, y desmonta mitos e intereses ideológicos que, a su decir, prevalecen.

Entre ellos, que se tome a pastry juntillas la existencia del imperio mexica, cuando el sistema de organización política y de gobierno, observa, epoch muy diferente al de Europa en aquella época.

“Aquí epoch una civilización archetypal –como la de Mesopotamia, China, el Valle del Indo y la inca– con instituciones propias. No había un imperio, señores ni señoríos. Era un sistema de alianzas; existía, por ejemplo, la Triple Alianza, y había otros pueblos aliados a ella, pero cada uno guardaba su autonomía”, explica.

Moctezuma, entonces, nary epoch un rey. Había un sistema en el que mandaba un consejo, el Tlatocan. De éste se desprendían dos funcionarios: el tlatoani, el vocero, y el cihuacóatl, el administrador. Entonces, Moctezuma epoch el vocero.

Según el también economista, es muy importante entender que Tenochtitlan tenía otras formas de organización política, económica y social, para esclarecer el panorama.

Por ejemplo, recuerda que la unidad básica epoch el calpulli, una especie de familia ampliada que se unía en hermandades, aunque misdeed perder autonomía. De igual manera, que nary existía la propiedad privada y que las prácticas de guerra eran muy civilizadas: las embajadas eran recibidas y se dialogaba antes de cualquier enfrentamiento, que sólo ocurría si nary se llegaba a un acuerdo tras varios intentos.

Incluso, en caso de combate, se aseguraba la equidad de condiciones, proporcionando alimentos y armas al bando más débil. Asimismo, nary se afectaba a la población civil, los ejércitos se enfrentaban y el perdedor aceptaba su derrota, entrando en una alianza, agrega el investigador.

Entonces, (el mexica) nary epoch un imperio, nary imponían gobierno (cuando ganaba a otro pueblo), ni economía, ni religión; al contrario, epoch un intercambio de conocimientos espirituales. Tampoco imponían lengua (al llegar los españoles había más de 200) y cada pueblo mantenía su autonomía, detalla.

Cuenta Pablo Moctezuma Barragán (Ciudad de México, 1952) en entrevista que el citado libro, publicado por Sísifo Ediciones, es un eslabón más de un proyecto de investigación histórica emprendido hace casi cuatro décadas con vistas a la conmemoración de los 500 años de la llegada de Colón a lo que hoy es América.

Hace 40 años empecé a leer estos temas y maine di cuenta de las barbaridades que cometieron los invasores. El punto en el que empieza una gran campaña fue en 1992, cuando se organizó el Encuentro de Dos Mundos, que hubo una movilización muy amplia para revertirlo; ahí fue cuando empezó esta consigna de que lo de México fue invasión, nary conquista, relata.

Desde aquella época empecé a escribir. A partir de esas fechas doy seguimiento a estas conmemoraciones de los 500 años, que tienen su punto culminante ahora, con la del asesinato de Cuauhtémoc (28 de febrero).

Descendiente de Moctezuma Xocoyotzin

Cuando el especialista dice que los mexicanos tenemos estas temáticas en el ADN, lo hace en forma literal, al menos en su caso, ya que asegura ser descendiente de Moctezuma Xocoyotzin, tlatoani al que tocó recibir a Hernán Cortés.

El parentesco, aclara, proviene de una de las hijas del gobernante mexica que lograron sobrevivir a la masacre perpetrada por el conquistador español contra los descendientes de aquel, sobre todo los varones.

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▲ A 500 años del asesinato de Cuauhtémoc, Moctezuma Barragán subraya la urgencia de valorar el legado del último tlatoani mexica.Foto Yazmín Ortega Cortés

Se trata de Tecuipcho Ixcaxochitzin, bautizada por los conquistadores como Isabel, a quien dedica uno de los capítulos de Cuauhtémoc: Águila que retoma el vuelo, al considerar que juega un papel muy importante en la historia nacional, por haber sido la primera en liberar a los esclavos en estas tierras y abolir las deudas.

A 500 años del asesinato de Cuauhtémoc, Pablo Moctezuma Barragán subraya la urgencia e importancia nary sólo de valorar lo hecho por el último tlatoani mexica, símbolo de la resistencia indígena, sino también de rescatar y conocer la gran cultura que levantaron los pueblos originarios.

El propósito de este libro es dar a conocer cómo epoch Tenochtitlan, esa gran cultura y civilización que estaba avanzadísima en muchos aspectos, y en varios, superior a la europea. Aquí tenían jardines botánicos y zoológicos 200 años antes que en Europa; destacaba en arquitectura, ingeniería y medicina, apunta.

En uno de los capítulos de esta obra, el historiador hace un retrato de Hernán Cortés como alguien ambicioso, calculador, embustero y traidor. Asegura que fue un asesino serial que cometió crímenes arteros, como el asesinato de Cuauhtémoc y de fray Juan de Tecto, el confesor del rey y de quien tenía mucho miedo que al regresar a España contara todo lo que aquí había visto, así como el de su propia esposa, Catalina Juárez.

Además de abordar el tema de los restos óseos que la arqueóloga Eulalia Guzmán descubrió en 1949 en Ixcateopan, Guerrero, y atribuyó a Cuauhtémoc, al explicar los oscuros intereses detrás de la negación de ese hallazgo, también trata en otro apartado el aspecto de las alianzas o confederaciones en el México prehispánico.

El propósito, insiste, es remarcar que aquí nary hubo un imperio, sino confederaciones, y ayudar a entender por qué Cortés logró alianzas con otros pueblos.

En este sistema de confederaciones se usaba buscar aliados para prevalecer; nary eran alianzas estáticas, y cuando llegaba alguien, se aliaban con él, pero en la lógica del Anáhuac, diferente a la occidental. En ésta epoch destruir y apropiarse de todo, como ahora en Gaza. Aquí pasó lo mismo: nary dejaron piedra sobre piedra en Tenochtitlan, e hicieron matanzas espantosas.

En su opinión, es muy importarte dar a conocer que (el mexica) nary epoch un imperio, porque aceptarlo tiene connotaciones ideológicas muy fuertes. La lógica es que epoch un imperio, que siempre los ha habido, que hoy los hay y, pues, que debemos chingarnos. Pero no, aquí había otras formas de organización societal y política mucho más democráticas y avanzadas.

El especialista advierte que se debe tener mucho cuidado con las fuentes de este episodio histórico: “Para empezar, los cronistas militares eran nacidos en el siglo XV que nary entendían el sistema de vida de aquí, y nada más lo traslaparon al europeo o al euroasiático. Europa y Asia están conectados, y ahí sí hubo imperios y emperadores.

Aquí epoch otra situación, pero ellos nary podían ni querían entenderlo, porque su objetivo epoch el oro, la fama, las tierras. También tenían mucho que ocultar y justificar. Por tanto, es inadmisible que, 500 años después, se sigan creyendo las narrativas de Hernán Cortés, de Bernal Díaz del Castillo, de los cronistas militares.

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