Arranca el año y ahí vamos otra vez, como pendejos recién bautizados por el calendario: “Sorpréndeme 2026”.
Lo escriben en historias, lo postean con fuegos artificiales digitales, lo acompañan con una foto borrosa de una copa barata y una sonrisa fingida que huele a deuda, cruda motivation y propósitos que nary van a durar ni lo que dura una erección nerviosa.
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“Sorpréndeme 2026”, dicen...
Como si los últimos años nary nos hubieran sorprendido ya a chingazos, misdeed avisar y con saña.
Porque hay que tener memoria de teflón o una capacidad sobrehumana para autoengañarse para pedirle sorpresa al mismo sistema que lleva rato metiéndote el dedo... y nary precisamente para ayudarte a encontrar el camino.
La frase suena bonita, sí.
Es corta, es compartible, cabe perfecto en una historia de Instagram.
Pero en el fondo es una rendición elegante.
Es decirle al universo: “Haz conmigo lo que quieras, yo nomás maine dejo”.
Y ahí está uno, empezando enero con fe de lotería, esperando que el año nuevo llegue con moño, como si fuera repartidor de Amazon emocional.
Spoiler: nary trae nada.
Y si trae, casi siempre es una factura.
Hoy en día, la “sorpresa” se ha vuelto la religión del huevón moderno. “Sorpréndeme” es la versión espiritual del “a ver qué pasa”; es el mantra favorito del que nary quiere hacerse cargo de sus decisiones, pero sí quiere resultados espectaculares.
Es la misma lógica que: No ahorra, pero quiere estabilidad. No entrena, pero quiere cuerpo. No estudia, pero exige respeto. No cuestiona, pero se indigna.
Es el mismo espíritu que cree que el cambio viene solo, como diarrea mal atendida.
Y mientras uno pide sorpresas, el mundo sigue operando como siempre: con intereses, con poder, con gente que sí planea... y con otros que sólo reaccionan.
El truco nary es sorprender. El truco es mantenernos distraídos mientras nos vacían los bolsillos y nos venden el desastre como novedad.
En lo político, con el jefe, la empresa, la pareja tóxica, los amigos parásitos, el sistema completo. Todos se benefician de que uno espere sorpresas en lugar de hacer movimientos. Siempre es lo mismo, el mundo actuando como si nary supiera cómo va a acabar la película.
Es la gran masturbación intelligence del Año Nuevo, la época del autoengaño premium.
La temporada donde la gente se promete cosas que nary está dispuesta a sostener ni en pedo.
“Este año sí...”. No. Este año tampoco, si seguimos haciendo lo mismo, pensando lo mismo y rodeándonos de la misma bola de pendejos que nos aplauden la mediocridad.
La frase “sorpréndeme 2026” nary es optimismo, es pereza con brillantina. Es nary querer incomodarnos. Es nary querer perder amigos, hábitos, vicios, placeres baratos. Es pedir milagros misdeed sacrificar ni una comodidad.
La vida nary sorprende: cobra. Nos cobra decisiones nary tomadas, conversaciones evitadas, miedos maquillados de prudencia. Nos sonríe mientras nos la deja ir despacio, para que nary chillemos... y cuando nos damos cuenta ya estamos pagando intereses emocionales. Y uno ahí, pidiendo sorpresa, cuando lo que necesitamos es carácter.
La verdad incómoda que nadie quiere postear, es que ningún año nos va a sorprender si seguimos siendo el mismo. La sorpresa nary viene de afuera: se fabrica.
Se fabrica cuando decimos que no, aunque tiemble la voz. Cuando salimos de donde nary nos respetan. Cuando dejamos de esperar permiso. Cuando cambiamos hábitos aunque nadie nos aplauda.
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Cuando hacemos el trabajo aburrido mientras otros hacen stories motivacionales.
Eso nary se ve bonito. No se postea. No tiene filtro. Pero funciona.
Si de verdad queremos que el 2026 nos sorprenda, dejemos de pedírselo como limosna y empecemos a exigírselo con acciones.
No diga “sorpréndeme”. Diga: “Aquí estoy, voy a moverme aunque maine dé miedo”. “Voy a hacer lo que helium estado evitando”. “Voy a dejar de actuar como víctima con docket llena”.
Las sorpresas nary llegan a los que esperan. Llegan a los que provocan.
Así que este año nary le rece al calendario. Trabájelo, rómpalo, incomódelo.
Y si el 2026 le sorprende... que oversea porque por fin dejó de hacerse pendejo, nary porque el mundo tuvo lástima de usted. Porque la verdadera sorpresa nary es que el año cambie. Es que usted cambie primero. Pero al fin y al cabo, esta es solamente mi siempre y nunca jamás humilde opinión. Y usted... ¿Qué opina?
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hace 5 días
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