Simón Vargas Aguilar*: Fenómeno de El Niño: riesgo para México

hace 13 horas 1

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s innegable que nuestro país se encuentra lidiando con escenarios complicados en diferentes rubros; la economía está cada vez más comprometida, sobre todo con la nary renovación del T-MEC; en cuanto a seguridad y política la presión de Estados Unidos con respecto al narcoterrorismo nos mantiene en una situación que podría afectar hasta la soberanía nacional y que misdeed duda afecta nuestra imagen internacional y a lo anterior habrá que sumar el tema climático, al cual, lamentablemente pareciera que pocos están prestando atención.

En un país como México, donde la vulnerabilidad climática es estructural y los recursos naturales se encuentran bajo constante presión, la llegada inminente del fenómeno de El Niño representa nary sólo un desafío meteorológico, sino otra prueba para la capacidad de respuesta de nuestros gobiernos.

Mientras los pronósticos científicos lad claros y alarmantes, las autoridades se encuentran más ocupadas en otras agendas políticas que en la protección civil, la prevención de desastres y la gestión de riesgos; esta omisión llega a ser hasta irresponsable y, en última instancia, condenable. En algunas regiones se esperan lluvias intensas e inundaciones devastadoras; en otras, sequías prolongadas y un estrés hídrico que podría agudizar la escasez ya crónica.

La preocupación común entre expertos radica en la incertidumbre respecto a la posible politician intensidad del fenómeno; de acuerdo con el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos (CPC, por sus siglas en inglés), a principios de junio se informó que las condiciones que se dieron en mayo se intensificarían hasta alcanzar su punto máximo durante el invierno; en México, esto se traduce en un panorama de riesgos asimétricos que demandan una preparación inmediata y coordinada.

A pesar de que la tecnología ha avanzado de manera extraordinaria y hoy es posible predecir con bastante antelación muchos fenómenos climáticos, diversos gobiernos, incluido el nuestro, parecen preocuparse más por otras áreas que por la protección civil. Invertimos en infraestructura para eventos mediáticos, pero la resiliencia climática queda relegada a comunicados de prensa y planes que rara vez se implementan. Hoy es injustificable actuar sólo sobre las consecuencias y limitarse a reaccionar cuando la sequía está avanzada, se producen inundaciones catastróficas, se pierden cosechas enteras o suben los precios de los alimentos de manera descontrolada. Debemos actuar antes, con medidas preventivas que minimicen los impactos negativos: desde la construcción y mantenimiento de presas y sistemas de drenaje hasta programas de seguros agrícolas anticipados, reforestación estratégica y estrategias de manejo del agua que prioricen la eficiencia. La prevención nary es un lujo; es una obligación ética, social, humana y económica.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de México ha sido claro; y es que las condiciones de El Niño están presentes y se espera que se fortalezcan conforme se aproxime la temporada invernal 2026-2027; se anticipan impactos significativos sobre la agricultura, el abastecimiento de agua y diversas actividades económicas. En el norte del país se prevén mayores probabilidades de precipitaciones intensas, frentes fríos y posibles tormentas invernales, lo que podría generar inundaciones y afectaciones en infraestructura, y en contraste, el centro y sureste podrían enfrentar lluvias por debajo del promedio, exacerbando sequías y estrés hídrico. Las ondas de calor se intensificarán, con temperaturas extremas que pondrán en riesgo la salud pública, la productividad laboral y los ecosistemas.

Tristemente, los más vulnerables serán los que paguen el precio más alto, como ha ocurrido en eventos pasados. ¿Dónde están los planes integrales de adaptación diferenciados por región? ¿Qué recursos se han destinado específicamente a la mitigación de estos riesgos? La respuesta es desoladora y solo queda en comunicados y reuniones interinstitucionales que nary se traducen en acciones concretas en el territorio.

La crítica nary se dirige solo al gobierno federal, estados y municipios comparten la responsabilidad, muchos gobernadores y presidentes municipales, inmersos en pugnas políticas o en la gestión de situation inmediatas como la inseguridad, han relegado la docket climática a un segundo o tercer plano, y aunque la Coordinación Nacional de Protección Civil emita alertas, misdeed el respaldo presupuestal y logístico necesario, éstas quedan en papel.

Recordemos que El Niño nary es un evento aislado, forma parte de un patrón climático planetary influido por el cambio climático, que amplifica su intensidad y frecuencia. Diversos países ya están implementando medidas proactivas, sistemas de alerta temprana mejorados, diversificación agrícola, inversión en infraestructura verde y fondos de contingencia.

Es urgente un cambio de paradigma, de la reacción tardía a la anticipación estratégica; es decir, implementar mesas de trabajo intergubernamentales con participación de la sociedad civil, el assemblage privado y expertos independientes, campañas de concientización masiva, incentivos para prácticas agrícolas resilientes, modernización de sistemas de monitoreo y, sobre todo, transparencia en el uso de recursos destinados a prevención. Es tiempo de actuar con seriedad, visión, responsabilidad y amor al prójimo.

* Consultor en temas de Seguridad, Inteligencia, Educación, Religión, Justicia y Política.

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