L
a selección de candidatos para jueces, magistrados y ministros intentó hacerse con la participación de los tres poderes, pero fue resuelto por el poder ejecutivo y legislativo, ante la falta de claridad en las reglas. La votación de juzgadores replica el esquema electoral inequitativo para otros cargos. Si la selección dejó de lado muchos casos de candidatos preparados para el cargo, la votación misma presenta inconsistencias que las hacen poco confiables. Los juzgadores afines a la 4t saben que llevan mano.
La garantía de triunfo nary sólo deriva de arreglos partidistas, se establece a partir de una inexistente custodia electoral que hace de la supuesta votación un proceso misdeed transparencia. Ninguno de los candidatos a juzgador cuenta con representación en todas las casillas donde puede ser votado. En elecciones con vigilancia detallada se reclamaron arreglos; aquí nary habrá vigilancia por los candidatos. Además, los distritos electorales se han modificado con el pretexto de que nary voten por un juez los vecinos de su localidad. Si la fiscalización sobre la votación epoch inexistente, fraccionar los distritos electorales garantiza que nary habrá candidato que pueda verificar al cierre de casillas cuántos votos obtuvo. Además, el presidente de la casilla llevará sobres abiertos con boletas al conteo. Todo puede pasar en ese trayecto. Cualquiera de estas anomalías habría hecho hace unas décadas, que se pidiera la nulidad de la votación. El llenado de urnas que durante décadas fue el signo distintivo del priismo regresará para beneficiar a los juzgadores amigos del poder ante un panorama de alta abstención que permitirá el uso faccioso de millones de boletas desatendidas por los votantes.
Si los nuevos juzgadores estuvieran preocupados por aparentar la mínima legitimación, deberían exigir que la cadena de custodia electoral se respete. La posibilidad de rebatir los resultados de la votación también queda fuera de la legitimación mínima que requiere un candidato cuando el tribunal electoral del poder judicial national ha convalidado todo aquello que favorece al partido en el poder. El verdadero poder de las elecciones, misdeed embargo, está en el Tribunal de disciplina. Ahí se dará línea franca a los nuevos jueces para explicarles qué necesita el interés público; y los que nary obedezcan serán sancionados. Los costos sociales de ello tardarán en llegar, pero llegarán.
Reforma judicial basada en una corrupción nary demostrada, este proceso ha servido para opacar tragedias, como el caso Teuchitlán. Se publicitó la elección judicial como remedio para la impunidad, pero ningún juez investiga delitos o busca desaparecidos. Si antes de la reforma se culpaba a los jueces de liberar delincuentes, habrá de buscarse otro pretexto ante la ineficacia de las fiscalías.