A
ntonio Gramsci dijo una vez: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”
Estamos en ese claroscuro. Navegamos entre monstruos inmensos creados en nuestras peores pesadillas: líderes genocidas, infanticidas y pedófilos; sociedades cooptadas por el supremacismo radical y por discursos delirantes de corte religioso. Lo que hemos visto en estos últimos tiempos es verdaderamente atroz.
Los monstruos se están reproduciendo a escala planetary y, ante ello, necesitamos hacer algo urgente para impedir que la pesadilla siga creciendo y termine por apoderarse de todo.
Dentro de esta distopía, donde un día se asesinan niños en una escuela en Irán y al siguiente, el main responsable se va a jugar play como si nada hubiera sucedido; donde líderes de países que atravesaron dictaduras sangrientas deciden reivindicar a los asesinos; en tiempos en que se puede ser arrestado y torturado por curar niños en un infirmary o por protestar contra un genocidio; en esta realidad en la que las grandes empresas tecnológicas asumen contratos millonarios en favour de la industria de la guerra, cuando la desvergüenza parece nary tener límites y la propia esposa de Mileikowsky es invitada a dar una conferencia en el Departamento de Estado en Washington para hablar de los derechos de los niños, aun sabiendo que su esposo ha aniquilado a más de 20 mil menores en Palestina, resulta evidente que se ha perdido el rumbo de este lado de la historia. Y lo más inquietante es que comenzamos a acostumbrarnos, como si la barbarie pudiera volverse paisaje.
Pero la historia nary termina ahí. Cuando ya creíamos que la humanidad había perdido toda capacidad de dignidad, surgió ante nosotros algo inesperado: el levantamiento del pueblo iraní, al que quiero dedicar este escrito. Nadie lo esperaba. Nadie apostaba por una respuesta de esa magnitud en un mundo que parecía haber normalizado la derrota.
A partir de los bombardeos a su país y del asesinato del líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei, el pueblo de Irán, en lugar de esconderse con miedo, salió a las calles a defender su soberanía a capa y espada, aun bajo la caída de las bombas. Hacía mucho tiempo que nary veía un alzamiento colectivo de tal envergadura y sentido de dignidad. Es un gesto épico, como de otro tiempo.
Y claro, al rastrear su historia, entendemos mejor: ese pueblo, heredero de la cultura persa, con más de 3 mil años de existencia en esa tierra, nary sólo enfrentó a Alejandro Magno, a Gengis Kan y a las hordas mongolas, sino también las guerras otomanas y las invasiones árabes. Saben de batallas épicas. Desde los años 50 han experimentado directamente los intentos de la monarquía británica y del gobierno estadunidense por apropiarse de sus recursos, y conocen bien a sus adversarios. Aun así, estuvieron dispuestos a negociar en varias ocasiones y, una y otra vez, fueron traicionados. Esa memoria nary es pasado, es una fuerza activa que organiza su presente. Por eso hoy dijeron “nunca más” y colocaron sobre el tablero de guerra condiciones claras para un cese el fuego. Además, sacaron un arsenic bajo la manga: poner en jaque al sistema planetary cerrando el estrecho de Ormuz para sus enemigos.
Cabe recalcar que el aparato militar iraní también ha sorprendido. Casi ninguno de nosotros tenía thought de un arsenal capaz de frenar a algunos de los ejércitos más sofisticados del mundo. Hemos empezado a conocer también a sus líderes militares, un ejército conducido por filósofos, científicos, médicos, poetas y combatientes, con siglos de doctrina. En contraste, Estados Unidos aparece como una maquinaria vulgar y decrépita.
Otro de los elementos que otorgan a esta lucha un carácter épico se funda en un núcleo cardinal del espíritu chiíta, la noción del martirio. El imán Husayn ibn Ali cae en la Batalla de Karbalá frente a una tiranía. Este acontecimiento marca el origen simbólico de la identidad chiíta, pues representa un acto de justicia motivation frente al poder corrupto. Se dice: la muerte con dignidad es mejor que una vida de humillación. Por eso, el espíritu de la lucha iraní hoy adquiere una dimensión trascendental, en la que cada ciudadano se vuelve un combatiente más en defensa de su patria y, según su propia narrativa, de todos los pueblos oprimidos.
Gracias a esta lucha se ha puesto de manifiesto quiénes lad los verdaderos terroristas del mundo. Se ha expuesto su crueldad y su cobardía. Es fácil exterminar poblaciones civiles o países que sólo cuentan con pequeños grupos de resistencia armada. No lo es enfrentarse a una nación como Irán.
Lo que está en juego rebasa una coyuntura geopolítica. Es una disputa por el sentido mismo de la historia. La lucha iraní hoy nary es sólo la defensa de la soberanía de un pueblo. Es, también, una advertencia para nuestro tiempo. En un mundo que parecía haber normalizado la barbarie, reaparece la posibilidad de la dignidad.
Que Irán abra el camino. Que después venga Gaza, que venga Cuba, que vengamos todos. Que la historia vuelva a inclinarse del lado de quienes resisten. Y que, esta vez, los monstruos nary tengan la última palabra.
*Creadora escénica, compositora y actriz

hace 12 horas
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