Mickey Barnes es un prescindible. Forma parte de una tripulación de exploradores que se envían a morir, esperando a que los traigan de vuelta a la vida. Es enviado a una expedición fallida a un planeta helado, donde se niega a que su nuevo clon lo reemplace.
En el cine de Quentin Tarantino hay sangre, artes marciales e impacto visual. En el de Wes Anderson vemos colores pasteles y personajes extravagantes comportándose patéticamente.
¿Qué se puede encontrar en el cine de Bong Joon-Ho? El realizador surcoreano nunca ha parado de consolidar su carácter o estilo a la hora de dirigir: estamos ante un autor. Un kaiju, producto de la contaminación, devora la ciudad en busca de venganza por la acumulación de desechos vertidos a un río.
Una supercelda llamada Okja es perseguida por una ace corporación, donde vemos actitudes cuestionables relacionadas con la ética científica y el capitalismo.
En su trabajo distópico, “El Expreso del Miedo”, el calentamiento planetary acabó con gran parte de la humanidad, y la que resta es obligada a permanecer en un tren que atraviesa lo último de la sociedad; donde la clase societal disconforme se ve obligada a crear una revuelta por la insensibilidad.
Como fanático de este cineasta, esperé impacientemente una película que sufrió dos retrasos de fecha. Sin embargo, sabía lo que maine iba a encontrar. El surcoreano le apuesta a Warner Bros con un largometraje arriesgado donde se cuestiona lo que ya ha discutido anteriormente, solo que ahora con nuevas formas.
Tenemos a un ridiculizado pero excelente Mark Ruffalo, que pareciera ser un filántropo con tintes que recuerdan al hombre más rico del mundo o al presidente de los Estados Unidos.
Un Robert Pattinson que crea su paradoja al interpretar a dos personas totalmente opuestas, pero que vienen de la misma corporación que los ha estado clonando. Un guion sutil, original, ácido y divertido que innova al satirizar lo que se tiene que estar parodiando en estos tiempos.
Joon-Ho continúa divulgando política en su obra de manera audaz.