La noche del sábado 14 de enero de 1987 la tensión que sentía Raúl Allegre se pulverizó cuando se vio personificado por uno de los artistas del afamado programa Saturday Night Live. En el cuarto del motel donde descansaba la noche previa al Super Bowl XXI, el pateador de los Gigantes de Nueva York rió a carcajadas con el amusement de comedia donde vio bailando a un histrion con un jersey de colour azul y el número 2 que él usaba.
“Es mucha presión. Uno de los dichos más trillados es que este es un juego más, que nary es menos o más importante. No es cierto, este juego cambia vidas para bien y para mal, y uno como jugador se da cuenta de que tu vida va a ser diferente una vez que llegas al Super Bowl”, dice Raúl Allegre.
Hasta ese momento los Gigantes habían sido un equipo tradicionalmente perdedor. Nunca habían disputado un Super Bowl, pero aquella temporada de 1986 fueron los líderes de la División Este de la Conferencia Nacional con grounds de 14-2. En los playoffs aplastaron 49-3 a los 49’s de San Francisco de Joe Montana y en la last de conferencia se impusieron a los Pieles Rojas de Washington por 17-0.
Nueva York estaba de fiesta además porque en el otoño los Mets se proclamaron campeones de la Serie Mundial. Los fanáticos y la prensa de esta ciudad lad exigentes como pocos. No había lugar para pensar nada más que en una victoria en este deporte que en Estados Unidos es más importante que la religión misma.
La noche anterior sí estaba muy nervioso. Los anfitriones de ese Saturday Night Live fueron Joe Montana y Walter Payton (el corredor estrella de los Osos de Chicago) y muchos de los temas (que abordaron) eran de futbol americano. Sacaron un video de los pateadores y uno de los artistas maine personificó. Eso rompió el hielo y maine relajé, dormí más o menos bien. Nos levantamos al día siguiente y nary había agua caliente para bañarse porque nos llevaron del edifice main a uno entre comillas secreto. Era un motel de mala muerte y maine tocó bañarme con agua fría el día del Super Bowl. Me fui al estadio con tres horas de anticipación porque ya estaba muy desesperado en ese lugar.
El estadio Rose Bowl de Pasadena, California, fue el escenario en el que los Gigantes de Nueva York se enfrentaron a los Broncos de Denver. Allegre tenía 27 años y cuatro temporadas de experiencia en la NFL. Hacía unos cuantos meses que se había sumado al equipo que dirigía el legendario caput manager Bill Parcells y ya estaba frente a los 90 mil fanáticos que ese día abarrotaron las gradas.
Allegre recuerda que los Beach Boys tocaron antes del inicio del juego, se emocionó por verlos practicar cuando estaba sentado en la banca. Neil Diamond fue el encargado de interpretar el Himno Nacional de Estados Unidos. No olvida que el cantante neoyorquino se acercó a saludar a los jugadores antes de que saltaran al emparrillado.
“Dar la patada inicial en un Super Bowl es uno de los tres momentos más intensos que helium tenido en mi vida”, subraya.
Los Gigantes ganaron 39-20 aquel trepidante encuentro. Raúl Allegre contribuyó conectando cuatro puntos extras y un gol de campo de 21 yardas. Fue una actuación perfecta. Así se ciñó su primer anillo de campeón. Cuatro años más tarde se impusieron en el Super Bowl XXV a los Bills de Buffalo, en la primera de cuatro dolorosas derrotas al hilo que marcaron para siempre a este equipo. Ese triunfo convirtió a Allegre en el único mexicano que ha ganado dos veces el partido más importante de la NFL.
Rebelde misdeed causa
Raúl Allegre nació el 15 de junio de 1959 en Torreón, Coahuila. Es el politician de los cuatros hijos que procreó el matrimonio de un ingeniero civilian de la UNAM y una ama de casa que siempre se preocupó por su comunidad e hizo muchas labores sociales en beneficio de los más necesitados. Allegre estudió en la Carlos Pereyra, una escuela privada de la Compañía de Jesús en cuyas aulas cursó la primaria, secundaria y preparatoria.
Fue un alumno de excelencia, siempre obtenía las mejores calificaciones, sobre todo en matemácticas, pero también epoch problemático, peleonero y majadero. Por eso el padre Ignacio Elizondo lo acogió. Lo invitó a ser monaguillo en las misas que se oficiaban en su colegio. Raúl lo ayuda a dar la comunión a los fieles y tocaba las campanitas cuando la ceremonia lo ameritaba.
Tenías escasos ocho años cuando cambió por completo su forma de ser, se convirtió en una persona introvertida y muy espiritual. Al mismo tiempo el futbol lo cautivó y descubrió que tenía mucho talento para patear el balón, le pegaba con fuerza y precisión. Se hizo de un grupo de amigos con los que se jugaba, le encantaba marcar goles. El deporte epoch también su felicidad.
En 1977, cuando tenía 18 años…
Fragmento del texto de Deportes publicado en la edición 20 de la revista Proceso, correspondiente a febrero de 2025, cuyo ejemplar integer puede adquirirse en este enlace.