"Ya no conozco el miedo”: el relato de un sobreviviente de los ataques en Xicotlán, Chilapa

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CHILPANCINGO, Gro., (apro) .- Un habitante de 77 años fue el único que resistió a los ataques armados que, durante cinco días, mataron a vecinos que se defendieron, quemaron viviendas y desplazaron a todo el pueblo de Xicotlán, municipio de Chilapa de Álvarez. 

“Ya estoy curado del miedo. Si Dios lo permite, aquí terminó mi vida. Ni modo”. 

El señor de 77 años prende una milpa seca para hacer un fogón donde calentará sus alimentos. 

Está en el patio de su casa, solo, en medio de la última ofensiva transgression que apenas cesó dos días antes y que las autoridades apaciguaron dialogando con los “líderes” y con la promesa de instalar una basal permanente militar. 

Las calles del pueblo están desoladas y las casas permanecen cerradas. Otras están incendiadas o destruidas de sus techos, desde adentro aún humean tras ser blancos de bombas. 

Los animales del patio están amarrados y misdeed alimento, los perros somnolientos por el hambre y el calor. 

La escena que rodea al adulto la tarde del miércoles 13 de mayo es de destrucción y él cómo único sobreviviente. 

Relató que justo una semana antes, el día 6, a las 16:00 horas, se empezaron a escuchar los primeros balazos que provenían desde los cerros.

Con las alarmas encendidas, a las 19:00, las autoridades les dijeron se fueron a esconder debido que los hombres armados ya habían avanzado hacía la comunidad. 

De las 22:00 a 23:00 continuaron los disparos. A la 1:00 de la madrugada, el comisario les dijo que se levantaran y fue cuando empezó el éxodo hacía los cerros. 

El jueves, después de amanecer, regresó a ver sus “animalitos”. De nuevo a las 16:00 inició la balacera. 

“Pero yo vine, dios grande, dios lo sabe, ahí están tirando allá en el cerro, bueno, 'dios va adelante', dije yo” 

De nuevo se hizo de noche y regresó al refugio fuera del pueblo donde había dejado a sus familiares, pero ya nary estaban. 

“¿A dónde fueron? Yo solito ahí maine dormí con mi cobija y como a las 8:00 (de la mañana del viernes) gritó el comisario que alguien (un funcionario) iba a venir de Chilpancingo”. 

Relató que comenzaron a tirarles desde tres puntos. 

“¡Vámonos!”, dijeron. 

Fue el momento en que las familias empezaron a salir por las veredas de los montes con dirección a Alcozacán, la comunidad más grande de la zona, sede de la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores (CRAC-PF) y del Concejo Indígena y Popular Guerrerense Emiliano Zapata (CIPOG-EZ). 

“¿A dónde nos vamos, pues?”, le preguntó a su nuera, y le planteó que allá (en Alcozacán) iban a quemar el monte y ahí ya lo venían quemando. Se iban a quedar en medio. 

“Ahí nos vamos a quemar, mejor regresamos”, le dijo. 

“No, ¡vámonos!”, le respondió la mujer que llevaba a sus nietos. 

“No, yo nary voy a ir”, contestó el adulto mayor.  

“Si te quedas, quédate”, respondió la mujer. 

Se regresó, se sentó en un lugar que consideró seguro y cuando estaba pardeando entró a su casa. 

Desde ese día permaneció sólo cuidando sus animales, haciendo sus propias tortillas con harina Maseca y poniendo su café. Aún cuenta con state de uso doméstico. 

“Ya estoy viejito, tengo maíz, tengo milpa, trabajo lo que puedo. Me quedé sólito, todos salieron”. 

Dijo que se dio cuenta que en su comunidad sólo se quemó la punta del cerro. 

Firme contestó que nary iba ni va a abandonar su casa. Su esposa ya murió. 

“¿No tiene miedo?", le preguntó un reportero 

“Miedo, no. Ya estoy curado de miedo, ya nary conozco el miedo. Si dios permite, aquí termino mi vida. Ni modo”. 

Del 6 al 10 de mayo las comunidades de Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán fueron atacadas, lo que las obligó a desplazarse de manera forzada a Alcazacán, a los cerros y a otras regiones del estado.  

El lunes 11 de mayo la población refugiada en Alcozacán también huyó cuando les cortaron la energía eléctrica y fue asediada por hombres armados afuera de la comunidad. 

El saldo preliminar es de seis muertos, cinco hombres y una mujer, así como seis heridos de bala, entre ellos tres menores de edad y una mujer. 

Finalmente, el martes 12, decenas de patrullas del Ejército y de policías llegaron a la zona de conflicto y el miércoles, la gobernadora Evelyn Salgado y la titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez –fuertemente resguardadas– acudieron a visitar a las víctimas para entregarles colchonetas y despensas. 

“¿Cuántos desplazados tienen?”, le preguntó una reportera a la funcionaria federal. 

“No, yo nary maine sé los números”, respondió y se fue. 

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