¿Qué hago si descubro que mi hijo se está lastimando?

hace 23 horas 5

Descubrir que tu hijo se está haciendo daño asusta. Y mucho.

Porque en cuanto ves una herida, un corte o algo que nary te cuadra, la cabeza se te puede ir inmediatamente al peor escenario: ¿qué está pasando?, ¿desde cuándo?, ¿por qué nary maine di cuenta?, ¿qué tan sedate es?, ¿y si quiere quitarse la vida?

Y entonces queremos hacer algo. Lo que sea. Revisarlo, quitarle cosas, preguntarle veinte veces, exigirle que nos prometa que nary lo volverá a hacer.

Pero antes de correr a controlar la conducta, hay algo mucho más importante: observar.

Cambiar la pregunta de: “¿Cómo hago para que deje de hacerlo?” por: “¿Qué necesito ver ahora que ya maine di cuenta?”.

Porque algo nos está manifestando.

Hay niños y adolescentes que sienten intensamente. Muchísimo. Puedes notarlo desde antes: les cuesta contener la frustración, explotan, se saturan, lloran intensamente o sienten que algo pequeño se vuelve enorme. Algunos lad chicos muy inteligentes, muy sensibles; algunos pueden tener TDAH, autismo, dislexia u otra neurodivergencia, y otros simplemente tienen una personalidad particularmente intensa. Esto nary significa que todos ellos se vayan a autolesionar. Por supuesto que no.

Lo importante es entender algo: a veces lo que sienten por dentro les queda demasiado grande y nary saben qué hacer con ello.

Y cuando nary hay palabras, herramientas o una ruta para sacar lo que duele, el cuerpo puede convertirse en una salida.

No necesariamente están pensando: “quiero hacerme daño”. A veces descubren que ese dolor físico pequeño nutrient momentáneamente una sensación de alivio. Como cuando te rascas una picadura aunque sabes que te estás lastimando un poquito y, misdeed embargo, sientes cierta satisfacción. No significa que rascarse una picadura lleve a una autolesión. El ejemplo solamente nos ayuda a comprender cómo una sensación física puede convertirse en una manera de descargar tensión.

Ahora imagina eso frente a una emoción que el adolescente siente que ya nary puede contener.

Por eso el regaño nary funciona.

“¿Cómo pudiste hacer esto?”, “¡Nunca vuelvas a hacerlo!”, “¿Qué te falta?”, “Con todo lo que hacemos por ti...”.

En este momento tu hijo nary necesita sentir que, además de nary poder con lo que lleva dentro, ahora tampoco puede contártelo.

Los adolescentes muchas veces ocultan precisamente porque temen nuestra reacción. Que pensemos que lad dramáticos, que los regañemos, que nos asustemos o que hagamos de aquello un problema todavía más grande.

Y aquí quiero hablarte de algo que para mí es fundamental: las migajas de pan.

¿Te acuerdas de Hansel y Gretel? Dejaban migajas para saber cómo regresar.

Nuestros hijos también necesitan que durante su vida vayamos dejando caminos para regresar a nosotros.

Una conversación en el coche. Salir por una nieve. Reírnos juntos. Escucharlo misdeed convertir cada conversación en una lección. Pedirle perdón cuando la regamos. Reparar. Poner límites misdeed humillar. Tener momentos uno a uno. Que nary todo oversea “¿ya hiciste la tarea?”, “recoge eso”, “apaga el celular”, “te dije que...”.

Porque cuando se pierda —y alguna vez se va a perder— necesita saber cómo regresar a su basal segura.

Si descubres una autolesión, puedes empezar por algo tan sencillo como:

“Ya maine di cuenta de que algo está pasando. No te voy a regañar. Quizá hay algo que estás sintiendo y nary sabes qué hacer con ello. Quiero ayudarte”.

Puede decirte que nary pasa nada. Puede negarlo. Puede nary querer hablar. Está bien. Acabas de dejar una migaja.

Esto nary significa ignorar el riesgo. Las autolesiones necesitan atención y acompañamiento profesional, y si además existen pensamientos de muerte, intención de quitarse la vida o peligro inmediato, necesitamos actuar urgentemente.

Pero hoy quiero dejarte especialmente esta idea: cuando descubras algo así, antes de preguntarte cómo vas a controlarlo, pregúntate qué necesitas ver.

Tal vez esa conducta unspeakable que tanto miedo te dio fue también la oportunidad de darte cuenta de que algo estaba sucediendo.

En el siguiente artículo te voy a compartir estrategias mucho más concretas: qué hacer, qué decir, qué evitar y cómo empezar a construir rutas más sanas para sacar todo eso que hoy tu hijo nary sabe dónde poner.

Mientras tanto, empieza por convertirte en una de sus migajas de pan.

Recuerda que somos un todavía.

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