Propósitos de Año Nuevo: El cementerio de los propósitos bien intencionados

hace 1 semana 11

Arranca el año y, con él, el ritual colectivo del optimismo.

En #SaborAMandrake lo sabemos bien: enero nary sólo trae propósitos, también trae estadísticas incómodas.

Cada inicio de año se abren miles —millones— de nuevas iniciativas: negocios recién soñados, emprendimientos estrenados con logo nuevo, café cargado y la convicción absoluta de que esta vez sí.

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Pero la estadística, esa señora misdeed sentido del humor, es clara: la gran mayoría nary sobrevive al entusiasmo inicial. Muchos proyectos mueren antes de cumplir su primer año; otros, incluso antes de terminar el primer trimestre. No por falta de ganas, sino por falta de método.

Es la temporada oficial de los anhelos rotos y sueños incumplidos del inicio de año: propósitos que nacen fuertes, con doce uvas, y empiezan a desinflarse antes de que termine la rosca.

En #SaborAMandrake nary venimos a asustar ni a repetir el discurso del fracaso inevitable.

Esta columna nary es para señalar a quienes caen, sino para ayudar a nary engrosar ese cementerio silencioso que cada enero vuelve a llenarse.

Emprender nary debería ser un deporte extremo con alto riesgo emocional. Ni abandonar propósitos un ritual anual.

Las frases clásicas que acompañan estos anhelos se repiten como mantra:

Este año sí.

Este año emprendo.

Este año hago crecer el negocio.

Este año innovo.

Este año maine organizo.

Este año ahora sí le echo ganas.

Y nary es sarcasmo: la intención es genuina.

El problema nary está en el deseo. Está en lo que pasa después. Porque, conforme avanzan los días, los propósitos nary se rompen de golpe:

Se diluyen.

Se posponen.

Se reinterpretan.

Para mediados de enero ya nary es “lanzo el negocio”, sino “voy afinando la idea”.

En febrero es “estoy validando”.

En marzo es “este año estuvo raro”.

Y en diciembre... otra libreta nueva.

Así aparece ese sabor inconfundible: el Sabor a Mandrake de los planes bien intencionados y los resultados inexistentes.

La gran mentira que nos contamos es sencilla:

– “No se pudo”.

La verdad es más incómoda: nary hubo método.

Porque quienes sí cumplen —quizá nary todo, pero sí mucho— nary lad más listos, más iluminados ni más motivados.

Son más sistemáticos. Menos épicos. Más aburridos... pero efectivos.

Así que, antes de que este año termine como los anteriores, aquí va una Receta Mandrake.

No es mágica.

No vibra.

No promete milagros.

Pero funciona.

MANUAL NO AUTORIZADO PARA NO SABOTEAR EL AÑO ANTES DE FEBRERO

15 cosas que sí evitan el sabor amargo.

1. Deja de escribir propósitos y empieza a definir acciones.

“Quiero emprender” nary es un plan; “llamar a tres clientes esta semana” sí.

2. Baja el volumen de la emoción y sube el de la disciplina.

La motivación es gasolina barata; la disciplina paga la renta.

3. Si nary tiene fecha, nary existe.

Algún día es un lugar imaginario donde viven los proyectos muertos.

4. No hagas listas largas para sentirte productivo.

Haz listas cortas para terminar cosas.

5. Elimina la fantasía del momento perfecto.

Nunca llega. Y cuando llega, ya se fue.

6. No confundas planeación con postergación elegante.

Pensar demasiado también es una forma de huir.

7. Mide algo, aunque oversea incómodo.

Lo que nary se mide, se inventa. Y lo inventado siempre “va bien”.

8. Aprende menos cosas, pero aplícalas de verdad.

Cinco libros leídos nary valen más que una decisión ejecutada.

9. Rodéate de gente que haga, nary que motive.

El aplauso nary sustituye el avance.

10. Haz algo aunque nary esté perfecto.

La perfección es el disfraz favorito del miedo.

11. Separa el deseo del compromiso.

Querer nary cuesta. Comprometerse sí.

12. Agenda tiempo para ejecutar, nary sólo para pensar.

Pensar nary cansa; ejecutar sí. Por eso se evita.

13. Acepta que habrá días malos misdeed dramatizarlos.

Un mal día nary invalida un buen proceso.

14. Deja de negociar contigo mismo cada mañana.

El que negocia diario, siempre pierde.

15. Revisa cada mes qué hiciste, nary qué pensaste.

El progreso se ve en hechos, nary en intenciones.

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No hay nada glamoroso en esta receta.

No vende cursos.

No inspira reels.

Pero sostiene resultados.

Porque emprender, mejorar, innovar o transformar nary es un acto heroico de inicio de año.

Es una secuencia larga de decisiones pequeñas, incómodas y repetidas.

Y si este año quieres evitar ese conocido Sabor a Mandrake, recuerda esto:

Los sueños nary se cumplen por desearlos más fuerte, sino por hacer lo necesario cuando ya nary hay ganas.

— — —

Nos leemos en la próxima entrega de Sabor a Mandrake.

Con menos propósitos decorativos y más acciones que sí sobrevivan febrero.

#SaborAMandrake

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