A unas horas del arranque de la Copa Mundial de la FIFA 2026, una decisión de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha generado conversación dentro y fuera del ámbito deportivo. La mandataria anunció que nary asistirá al partido inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca y que su lugar en el palco de grant será ocupado por una joven futbolista indígena que difícilmente habría tenido la oportunidad de presenciar el encuentro debido al elevado costo de los boletos.
La determinación rompe con una tradición que ha acompañado a los mundiales celebrados en territorio mexicano. En las ediciones de 1970 y 1986, los entonces presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid estuvieron presentes en las ceremonias inaugurales celebradas en la superior del país.
La ausencia de Sheinbaum se nutrient en un contexto marcado por protestas de diversos sectores sociales y por la atención internacional generada por conflictos geopolíticos. Sin embargo, la presidenta ha defendido la medida como un gesto simbólico enfocado en ampliar el acceso de las mujeres al deporte y reconocer a comunidades históricamente poco representadas en escenarios de alta visibilidad.
La beneficiaria de la invitación es Yolett Cervantes, una joven de 21 años originaria de Tlaquilpa, en la Sierra de Zongolica, Veracruz. Su historia llamó la atención del gobierno national tras resultar ganadora de un concurso en el que mostró sus habilidades futbolísticas.
El vínculo de Cervantes con el futbol comenzó desde la infancia. Cuando tenía ocho años ganó un viaje a Madrid gracias a un concurso de oratoria en lengua náhuatl. Durante esa visita asistió a un partido de exhibición en el estadio Santiago Bernabéu, experiencia que despertó su interés por practicar el deporte de manera más seria.
Sin acceso a instalaciones deportivas adecuadas en su comunidad y con recursos limitados para integrarse a un club, la joven comenzó a entrenar con el apoyo de su padre. Incluso, debido a las frecuentes lluvias en la región montañosa donde vive, realizaba ejercicios dentro de casa, donde en más de una ocasión terminó rompiendo objetos mientras practicaba.
Con el paso de los años logró integrarse a equipos de la ciudad de Orizaba y desempeñarse como mediocampista. No obstante, una lesión en la rodilla izquierda frenó temporalmente su desarrollo deportivo. Tras un largo proceso de recuperación, hoy busca regresar a las canchas.
Además de asistir al partido inaugural acompañada por su padre, Cervantes aprovechará el escaparate mundialista para dar visibilidad a su comunidad. Para la ceremonia portará un traje tradicional náhuatl confeccionado por artesanas de Tlaquilpa y espera que su presencia contribuya a impulsar más infraestructura deportiva en la Sierra de Zongolica.
“Que volteen a ver a la sierra”, expresó la joven, quien sueña con que más niñas y jóvenes de su región encuentren oportunidades para desarrollarse a través del deporte.