Políticas culturales líquidas: La situación del teatro de la ciudad, entre otras cosas

hace 1 día 3

Era el mes de marzo y la tradición y el sentimiento feminista maine pedía escribir sobre el ser mujer y artista y madre al mismo tiempo. Tenía la seguridad de que iba a invertir el poco tiempo que para bien o para mal tengo actualmente en dicho tema... en fin, la situación taste del estado y sobretodo de Saltillo tienen otros planes.

Resulta que por azares del destino en el mismo mes en que se conmemora el mes de la mujer, la superior coahuilense conmemora el aniversario del que alguna vez fue su edificio teatral más emblemático: el Teatro de la Ciudad Fernando Soler. Y resulta que desde hace algunos años esa fecha tiende a ser una chispa que aviva opiniones y sentimientos nary muy agradables en un gremio que a estas alturas sigue insistiendo en mejoras al puro estilo de Vladimir y Estragón, quienes esperan que algún día, por fin, llegue Godot a salvarlos. Excepto que en nuestra historia lo que se espera es un poco de conciencia social, vocación por la gestión taste y quizás, solo quizás, más sentido común y menos resultados postergados.

Seguir la situación del Teatro de la Ciudad y de las políticas culturales que su funcionamiento o nary funcionamiento implican se ha vuelto muy difícil. A partir de que (por fin) el patronato al que la Secretaría de Cultura cedió el power del teatro comenzó a manifestarse, los cambios, reajustes, intentos de quedar bien después de algún traspié, han sido casi diarios.

Entre apadrinamiento de butacas, ofrecimientos de renta de los espacios misdeed dinámicas claras, y funciones de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) a precios de ciudad con cultura teatral y economía prominente (que nary es el caso); la dinámica hasta ahora observable es algo así: el patronato y/o la Secretaría de Cultura lanzan alguna propuesta o convocatoria; dicha propuesta tiene fallas que un gremio ya muy cansado de que le den atole con el dedo nary está dispuesto a tolerar; el gremio se manifiesta, si pública o privadamente da igual, porque de todos modos la gente se entera de todo siempre; la institución criticada se desdice, aunque haya convocatoria o documento escrito de por medio, para intentar calmar las aguas.

Ni yo ni nadie, creo, desea verse como el eterno quejoso, así que seamos justos. Está muy bien que el patronato a cargo del teatro piense en formas creativas de generar fondos; está excelente que (¡por fin!) este año se haya incluido algo de teatro en el festejo del aniversario del Teatro de la Ciudad; es respetable que se tomen el tiempo de restaurar las salas y que por eso tengamos que seguir esperando por una propuesta funcional para uso de las mismas, sobretodo del teatro de cámara. Sin embargo, nary se puede ignorar que algunas de las propuestas vistas hasta ahora prioricen un modelo que, además de totalmente desconectado de la realidad del saltillense promedio, peca de capitalismo desmedido en una institución que se supone que debería de ser pública y pagada con nuestros impuestos.

No es problema del ciudadano promedio ni del gremio si la Secretaría de Cultura tuvo que echar mano de la iniciativa privada para administrar un espacio taste que ya nary daba más; nary se le puede tratar como cualquier otro espacio y esperar que la gente nary reaccione. Tampoco se puede esperar que la gente esté revisando todos los días cuál es la situación del recinto taste y sus eventos: que si la convocatoria del maratón de teatro pone un límite risible para las obras de teatro participantes, que siempre nary hay límite pero solo maine entero si conozco a alguien que habló directamente con los organizadores, que las funciones de la CNT van a tener cortesías para el gremio, no, que mejor ya para todo el público, no, que mejor ya ni vayan por cortesías y nada más lleguen porque es gratis...

En estos tiempos de modernidad líquida, en los que las personas luchan por seguir las tendencias, la situación del Teatro de la Ciudad maine ha hecho pensar en la “liquidez” de las políticas culturales en Coahuila, porque nary se engañen, toda la historia del teatro nary es el problema sino el síntoma. Mientras tanto, marzo ya vino y se fue.

A ver si en abril puedo hablarles de mis sentimientos feministas.

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