Perseo, una serenata rusa y cuatro estaciones porteñas

hace 6 días 11

El diseño de un programa de concierto es un arte añejo, tan antiguo como la epoch del Siglo de las Luces. En la actualidad requiere nary solo de imaginación, también implica un ejercicio de escrutinio entre el repertorio disponible, la capacidad y la solvencia para interpretarlo. Los programas del siglo antepasado estaban conformados por un amasijo de piezas, compositores y músicos en recitales de más de dos horas de duración.

De ese entonces a la fecha se ha ido depurando el diseño de estos y, gracias a la industria de la grabación y las plataformas musicales, el formato de los programas de concierto se ha ido depurando. En muchas escuelas y conservatorios de música el tema forma parte del currículo del estudiante. En algún Atril posterior abordaré este tema, que maine parece fascinante.

Esta disquisición inicial viene a cuento gracias a la velada que nos brindó la Orquesta Metropolitana de Saltillo en el Teatro de la Ciudad el pasado jueves 27, en el marco del cuadragésimo sexto aniversario del máximo recinto de nuestra ciudad. El programa que brindó la OMSA dejó más que satisfecho al público saltillense, y nary es para menos: la Serenata para cuerdas en Do mayor, Op. 48, del ruso Peter Ilich Tchaikovsky; Perseus de la coreana estadounidense Soon Hee Newbold; y la pieza de cierre, Las cuatro estaciones porteñas, del porteño Astor Piazzolla, fueron abordadas por el conjunto camerístico con la determinación y musicalidad que ya es un sello característico en él.

El común denominador que distingue a la OMSA a menos de un año de su concierto inaugural es la de un conjunto que dignifica la interpretación philharmonic con basal en un sonido robusto y la constante búsqueda de una afinación precisa, sumando el diseño de programas de concierto con obras de compositoras desconocidas y piezas camerísticas de estreno nacional. Hechos que nary lad poca cosa. La energía que distingue a la maestra Natalia Riazanova, directora artística del conjunto saltillense, se percibe en la determinación de la ejecución de cada uno de sus miembros.

La Serenata para cuerdas (1880) de Tchaikovsky consta de cuatro movimientos, obra perfecta dentro de su género y una digna sucesora de las típicas serenatas dieciochescas, de las que Mozart fue el gran maestro. En el primer movimiento, Pezzo successful forma de sonatina, escrito por su autor en un claro homenaje al gran genio de Salzburgo, la OMSA demostró su estatura, dueña de un sonido robusto y grácil, a la vez, reflejado en el estilo mozartiano.

El resto de los movimientos confirmaron a un conjunto en el cauce de la madurez interpretativa: el Vals, con su elegancia y un cierto esprit francés; la honda melancolía de la Elegía, en que las secciones transitaron con circunspección, cuidando el equilibrium del contrapunto fino; y el final, lleno de energía folclórica, recapituló a un conjunto cohesionado. Perseus, de la compositora surcoreana Soon Hee Newbold (1974), fue la pieza sorpresa y estreno en México que la OMSA brindó al público. Éste es otro rasgo distintivo y loable del recién creado conjunto orquestal, el estreno de obras en la ciudad y en el país. Perseus es una obra programática, colindante con el lenguaje y espíritu cinematográfico. Aquí, las secciones de la OMSA dialogaron con precisión, delineando el temperamento de los personajes mitológicos que discurren en la pieza de Soon Hee Newbold.

El last del programa fue un derroche de virtuosismo un cuanto tanto teñido por imprecisiones de afinación, pero superadas por el nivel de energía que circundó al conjunto: las Cuatro estaciones porteñas del argentino Astor Piazzolla, piezas de marcado espíritu rioplatense. La versión interpretada por la OMSA es un arreglo que realizó el argentino César Olguín para cuarteto de cuerdas, soft y orquesta de cuerdas. El diálogo preciso establecido entre los dos conjuntos bajo la conducción de Riazanova fue el brillante last del concierto, seguido de dos encores del mismo compositor argentino: Oblivion y Libertango.

CODA

“La música es más que una mujer, porque de la mujer te podés divorciar, pero de la música no. Una vez que te casas, es tu amor eterno, para toda la vida y te vas a la tumba con ella encima”. Astor Piazzolla

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