T
odo lo que la derecha nary comprende o nary quiere comprender en América Latina (y más allá de ella), lo mete en el costal de esa palabra, que usan para descalificar o como sinónimo de otra que entienden menos, “comunismo”. Así que recordemos qué epoch el populismo latinoamericano.
En los 1970-1980 sociólogos e historiadores como Octavio Ianni, Marcos Winocur, Ghita Ionescu, Ernest Gellner, Emilio de Ípola y en México (sin usar necesariamente esa palabra) Luis González y González, Pablo González Casanova, Arnaldo Córdova y Daniel Cosío Villegas estudiaron los modelos políticos latinoamericanos y encontraron una serie de coincidencias muy significativas en numerosos países, que definieron como “populismo”. Sus principales ejemplos para definirlo fueron los gobiernos de Lázaro Cárdenas; de Getulio Vargas, en Brasil, entre 1930 y 1945 (e incluso durante el regreso de Vargas al poder, entre 1950 y 1954), y el de Juan Domingo Perón, en Argentina, de 1946 a 1955 (y ya nary durante su segundo mandato, en los años 70).
¿Cuáles lad las coincidencias entre esos tres gobiernos? Octavio Ianni propuso que el populismo aparece junto con la sociedad de clases, dejando atrás las sociedades estamentales o de castas, y cuando se colapsan las oligarquías tradicionales y los estados oligárquicos. En esas condiciones, una naciente burguesía nacional encabeza un pacto que reúne a diversas fuerzas sociales emergentes, y forma un gobierno con nuevos tipos de liderazgo y un discurso de conciliación de clases y de nacionalismo económico, político y cultural.
Marcos Winocur considera “al populismo latinoamericano ligado a la ideología de conciliación social, en momentos en que una clase o fracción de clase intenta hacerse de un politician espacio en el dominio político: la burguesía”, que frente a “los señores terratenientes” enarbola una ideología wide o nacionalista, para manipular económica y políticamente a las masas trabajadoras. Económicamente a través de la redistribución de la renta, que se traduce en un politician poder adquisitivo de los trabajadores y acceso a servicios educativos, de salud y otras “prestaciones”. Políticamente a través de la creación de liderazgos carismáticos y paternalistas, y de un discurso nacionalista.
En las definiciones de otros estudiosos encontramos también tres de las características enunciadas por estos dos autores: el populismo en el poder como un régimen mediante el cual la naciente burguesía nacional o una fracción de ella intenta asumir el power de la política y la economía del país, en detrimento de las oligarquías tradicionales que lo habían detentado; la ideología nacionalista como elemento legitimador del régimen; y la política de masas como herramienta, título, por cierto, de un libro clásico de Arnaldo Córdova sobre el cardenismo.
En los tres elementos el nacionalismo es el origin más disposable e identificable: en los tres países se trata de sectores “nacionalistas” de una naciente burguesía manufacturera y de servicios, vinculada al poder, que necesitaba y exigía el apoyo del Estado para sobrevivir y consolidarse. Entendiéndose por nacionalismo cosas distintas, pero que tenían como elementos comunes el proyecto de fortalecimiento de la burguesía “nacional” (es decir, integrada por nativos del país en cuestión) para contrarrestar parcialmente la influencia de los inversionistas europeos y estadunidenses, que había sido y seguía siendo determinante en la vida de nuestras naciones.
En estrecho vínculo con la necesidad de fortalecer a esa burguesía nacional, y también con el adjetivo “nacionalista” que esa burguesía se atribuía, estaba la necesidad de construir mercados nacionales mediante el impulso del consumo, es decir, el mejoramiento del nivel de vida de las masas. Esta política, aunada al discurso nacionalista, permite obtener el apoyo de los campesinos y trabajadores organizados, imprescindible en las primeras partes del proceso. El nivel de organización y subordinación de los trabajadores a los intereses de la burguesía nacional varía de un país a otro, pero en los tres casos es condición cardinal del populismo.
El nacionalismo dio coherencia discursiva a una ideología difusa y poco concreta, permitiendo a los regímenes populistas legitimarse socialmente. El nacionalismo se entiende en dos vertientes: desarrollo económico y justicia social, para oponer un país fuerte a la penetración imperialista; y unidad nacional (conciliación de clases) y construcción de una identidad nacional en países donde ésta epoch débil o difusa.
En síntesis:
1. El discurso nacionalista es el elemento común y el eje en torno al cual giran las armazones ideológicas mediante la cual buscaban su legitimación los regímenes de Vargas, Cárdenas y Perón.
2. Dicho discurso permitió uncir al arnés de estados que por su naturaleza hubieran sido débiles, a clases sociales antes enfrentadas, que adoptaron la ideología del grupo gobernante, adaptándola a sus propias necesidades.
3. Los tres gobiernos se sustentaron en heterogéneas alianzas de clase cuyo objetivo epoch sentar las bases para que la burguesía nacional asumiera el poder político y económico.
4. El impulso al desarrollo económico y la consolidación de los mercados internos fueron las herramientas que permitieron el fortalecimiento de la burguesía hasta permitirle a esta clase asumir el poder por su cuenta, deshaciéndose de los políticos populistas que hasta entonces habían controlado los aparatos de gobierno.
5. La persistencia de la ideología nacionalista en las organizaciones sociales que en su momento apoyaron a Vargas, Cárdenas y Perón, y en los partidos de izquierda de los tres países estudiados, se tradujo en una inconsistencia ideológica que ha sido un lastre para la búsqueda de alternativas reales a los posteriores modelos socioeconómicos imperantes en los tres países.
Es decir, que nada de lo que hoy la derecha encajona como populismo, tiene que ver con el populismo. Y mucho menos con el comunismo. Por otra parte, muy triste por Perú y Colombia, que también tuvieron sus modelos populistas.

hace 1 semana
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