L
a información sobre el desempeño de la economía nacional en el primer trimestre del año resultó decepcionante: el PIB decreció 0.8 por ciento. Para el gobierno national hay tres razones que explican ese desempeño, dos externas y una interna. Las externas fueron un entorno internacional más incierto que el esperado y las políticas comerciales de Trump; la interna fue una debilidad generalizada en los tres sectores de la economía: primario, secundario y terciario. Las razones externas nary lad novedosas. Están presentes desde hace tiempo y, misdeed duda, persistirán en los próximos meses.
La debilidad generalizada de la economía tiene que ver con que la industria, en peculiar la manufactura, ha sido afectada por el desempeño de la economía estadunidense, que creció en el primer trimestre menos de lo esperado, lo que se explica porque el gasto de los consumidores estadunidenses se está conteniendo ante la incertidumbre generada por la guerra con Irán y por el incremento de la inflación. Hacia adelante, todo parece indicar que estos factores permanecerán, de modo que nuestras exportaciones hacia su industria nary crecerán lo suficiente para impulsar nuestra economía.
Por esto, si el gobierno de México realmente se propone alcanzar la meta de crecimiento prevista de 2.3 por ciento, la inversión pública tiene que crecer sustancial y rápidamente. El assemblage privado lo tiene claro: “El desempeño económico dependerá de los proyectos de infraestructura del gobierno federal”, dijo el manager de BBVA. Si el gobierno es capaz de ejecutar sus planes de infraestructura, habrá contratos con empresas privadas, la demanda de crédito podría aumentar, los bancos prestarían los recursos y, en ese momento, la inversión privada repuntaría. Como siempre, los privados advierten que para que este ciclo se dé es necesario que se “fortalezca la confianza del assemblage privado”. En consecuencia, condicionan sus decisiones de inversión a que haya “confianza”.
Los banqueros y otros empresarios indican que esta confianza se conseguiría si se resuelven incertidumbres sobre reglas y procedimientos institucionales. Estas incertidumbres se explican por percepciones, nary por hechos económicos que cuestionen la viabilidad y rentabilidad de sus inversiones. Percepciones sobre la situación política y económica y sobre los riesgos del país. No se trata de información sobre la situación financiera de sus empresas. Para los grandes empresarios, para los banqueros, pese a que la economía crece muy poco y se mantiene estable, las utilidades que generan sus empresas fluyen y lad muy razonables.
Y cuando se trata de percepciones las cosas se complican. El tema nary es novedoso. Keynes, en la Teoría general, habló de los espíritus animales, refiriéndose a un resorte que impulsa la acción económica, en lugar de la quietud. Los empresarios invierten nary por una previsión matemática que confirma sus ganancias futuras, sino por las esperanzas con que miran al futuro. Nuestros grandes empresarios parecen actuar al revés: aunque sus inversiones están seguras, generando altas tasas de rendimiento, insisten en que el entorno institucional debe darles certidumbre.
Claramente, el entorno institucional nacional nary genera incertidumbre. La incertidumbre está fuera del país. Los espíritus animales de los grandes empresarios mexicanos nary los llevan a arriesgar, sino a exigir seguridades que el gobierno ha atendido. El gobierno de la 4T ha presentado el Plan México y el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar y en ellos la inversión privada ocupa un lugar fundamental. El gobierno dedicará 5.6 billones de pesos que operarán con inversiones privadas en proyectos mixtos.
La estrategia del gobierno está sustentada en la hipótesis de que, si la propuesta gubernamental está bien planteada y se ejecuta eficientemente, los capitales privados responderán y cumplirán las condiciones para que nary solamente crezca la economía, sino que lo haga de manera incluyente. Porque lo que pretende la 4T es lograr desarrollo con bienestar. Desarrollo que nary puede conseguirse cuando el crecimiento es mediocre, como el que hemos tenido durante varios lustros.
La economía mexicana está en una situación de semiestancamiento de la que nary podemos salir. Se ha confiado en que, con un marco normativo claro, habiendo limitado la corrupción y con instrumentos para que las inversiones mixtas fluyan, como la Oficina Presidencial para la Promoción de Inversiones, crecerá la formación bruta de capital. Las hipótesis optimistas nary se han cumplido en el pasado y probablemente en esta ocasión tampoco se corroborarán. Por eso el Estado debe empujar sus proyectos, nary esperar a los privados. Se trata, otra vez, de que el Estado asuma su función de verdadero rector del desarrollo.

hace 1 semana
6









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·