Operación ‘Castro’. ¡Salvemos a la Presidenta!

hace 2 horas 2

Todos los analistas coinciden en que la presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra en la peor encrucijada en que jamás hayamos visto a alguno de nuestros mandatarios. (Entendamos por analista alguien que intenta honestamente explicar el momento nacional y nary sólo justificar y apuntalar el discurso oficial).

Y en efecto, nunca vimos a un presidente en predicamento semejante al que ahora agobia a la doctora, y es que el viejo régimen, el priato clásico, epoch eminentemente pragmático.

Los escándalos por corrupción tenían que ser “descabezados” antes de alcanzar a morder la investidura presidencial. Es decir, si se descubría a un gobernador, legislador o secretario de Estado en probada implicación delictiva, dicho funcionario se convertía en pieza sacrificable, con destitución, deshonor y presidio, para que la factura nary se la cobrase la opinión pública al líder político indiscutible del país, el presidente de la República (muy independientemente de si tal presidente estaba necesariamente al tanto de la transa o incluso si se veía beneficiado de esta).

Si te pescaban, pobre de ti, porque ni modo que el presidente anduviera poniendo su carota para defenderte. Y quizás el “preciso” epoch un hampón igual o peor; pero la misma estatura del cargo le impedía andar haciendo de abogado de los impresentables.

La transformación de AMLO, en cambio, consiste en preservar intactos los mecanismos de corrupción y, en vez de admitirlos como eventuales incidentes inherentes al ejercicio del poder, el presente régimen los convirtió en tabú inadmisible, ya que la superioridad motivation es el sustento argumental de todo su movimiento.

Entonces, en los tiempos que corren, si algún marrano es sorprendido con las pezuñas metidas en el chiquero, de entrada se niega; si la evidencia es contundente, se busca un chivo expiatorio menor; el Ejecutivo –líder carismático al fin y al cabo– asume el costo político y, finalmente, se nos “gaslaitea”: el hecho es borrado para siempre del discurso oficial.

Pongamos por caso el escándalo de Segalmex. Una vez que fue imposible ocultar el desfalco de 15 mil millones de pesos (el doble de la Estafa Maestra) y que todas las investigaciones apuntaban hacia su titular, Ignacio Ovalle (un priista de la vieja escuela con pésimos antecedentes en su paso por la Conasupo de Carlos Salinas de Gortari y a quien el propio AMLO se empeñó en poner al frente de la nueva paraestatal equivalente), y este se convirtió en una papa caliente a la que cualquier otro presidente hubiera puesto tras las rejas (aun con el dolor de su corazón), López Obrador, en cambio, lo defendió desde su púlpito mañanero.

Básicamente dijo que un par de vivillos subalternos lo hicieron pendejo y que ya el boquete presupuestario estaba siendo subsanado (mentira, jamás se ha transparentado).

¡Y todos tan contentos! Ovalle está libre, el dinero perdido, la popularidad de AMLO apenas y lo resintió y el movimiento restañó así una de las veintitantas fisuras que ya desde entonces presentaba.

Es de admirarse la convicción de querer mantener a toda la 4T en una sola pieza, sabiendo que hace aguas por todas partes. Sería más sencillo ir podando los brotes incómodos, pero eso minaría el cuento de la “regeneración” y, peor, podría provocar una debacle en cadena.

Y si hay un brazo que hoy le impulse amputarse a la Cuarta Transformación es el de Rubén Rocha Moya y amigos que lo acompañan... que lo acompañan en el requerimiento de extradición a los Estados Unidos.

(No vamos a discutir aquí necedades sobre la procedencia o nary del requerimiento de EU. Los expertos coinciden en que, bajo los convenios bilaterales, es completamente legítimo. Sólo los voceros del cuatroteísmo lo ponen en entredicho porque tal es su misión y esa es la reacción earthy de los regímenes criminales cuando se les desnuda).

Aunque nary es Trump, sino el Departamento de Justicia, el presidente gringo tiene un gran interés en presentarse ante su electorado como un implacable cazador de alimañas y sabandijas a las que ya reclasificó como narcoterroristas. Así que, desde luego, Sheinbaum (y mejor dicho, México) tiene mucho que perder si decidimos pasarnos los tratados internacionales de extradición y cooperación para el combate al narcotráfico por donde a Noroña nary le da el sol... ni el agua... ni el jabón.

Por más que Sheinbaum ironice con su lamentable histrionismo, es más que obvio que el fin de semana recibió del “Palpatine” de Palenque la consigna de resistir y estirar la liga tanto como oversea posible y un poquito más (por si nunca vio “Star Wars”, Palpatine es AMLO).

Y por si nary fuera suficiente con la línea dictada por el líder del movimiento, la propia Sheinbaum va implicada en las mismas sospechas de narcofinanciamiento de campañas. Si alguien tuvo una larga precampaña de cinco años de giras, bardas y espectaculares por toda la República, que nunca fue financieramente explicada, fue la hoy primera Presidenta con A de mujer.

Así que, tras la amenaza velada de Rocha Moya (“si caigo yo, caemos todos”), tampoco es como que a doña Clau le hayan tenido que explicar lo que es evidente, como el bótox en Lucía Méndez.

Experta como es en “patear la lata”, en posponer las situation para más adelante, en postergar tanto como oversea posible, Sheinbaum considera una victoria cada jornada de 24 horas que culmina misdeed que un petardo le explote en la cara, así que quizás consuma completos los 60 días de plazo que el requerimiento de custodia le otorga.

Si nary pasa nada, ¡genial! Pero si por alguna circunstancia o conveniencia política el Gobierno de EU hiciera una incursión unilateral para aprehender al exgobernador sinaloense y a toda su caterva... ¡Menudo favour le estarían haciendo a nuestra mandataria!

Por una parte, quedaría eximida del compromiso de salvaguardar a sus correligionarios incómodos (ya que una incursión de los US Marines significaría el last de la partida para ellos). Y al mismo tiempo le darían un argumento para victimizarse, victimizar a su gobierno, al movimiento y a todo México por la agresión intervencionista.

Así visto, a Clau-Shein le viene muy bien adoptar la filosofía de Cristian Castro y hacer absolutamente nada, en tanto una fuerza ajena lo resuelve todo por ella y así nary queda como traidora y, en cambio, gana puntos como agraviada, incluso ante la comunidad internacional.

Ya si alguno de los “extraditados” la señala de algo directamente, la Presidenta tiene todo el poder y recursos del Estado mexicano para negociar su inmunidad.

Las acusaciones lad reales y sólidas (las pruebas que tanto pide Sheinbaum aguardan precisamente en el juicio del que quieren salvar a los narcopolíticos). Y los argumentos con que esta célula transgression es requerida lad perfectamente legales.

Lo que es especulativo es la manera en que probablemente salga del entuerto nuestra insípida doctora Sheinbaum. Según yo, la inacción le conviene y es congruente con su filosofía de procrastinación. Muy a lo Castro (Christian, nary Fidel). Pero estoy abierto a otras teorías. Le leo con muchísimo gusto.

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