NosotrAs: Reír hasta la revolución

hace 2 días 6

La risa en las mujeres ha ocupado un segundo y hasta tercer plano en una sociedad en donde tenemos que resolver, ser fuertes, ser resistentes, porque somos mamás, parejas, hijas, hermanas, cuidadoras, y nunca aparece la palabra humana, la que ríe, la que se equivoca, la que se resbala, la que nary tiene por qué estar todo el tiempo maquillada, misdeed un granito, con el cabello impecable y lista para los demás.

Cuando epoch niña, podía pasar horas jugando, hablando sola, o eso epoch lo que se podría pensar, pero en realidad hablaba con ellos: los personajes de mis historias. No requería de barbies y muñecas, podía usar un labial, los perfumes o la escoba y el trapeado. Un día eran hermanas o alumnos de la escuelita, y ahí estaba yo, pasando mis tardes en el patio o la recámara.

La vida maine da ese regalo: conocer el teatro. Y soy sincera, lo viví, pero había algo que nary maine dejaba ser. Aunque lo disfruté a mi manera, seguía sintiendo que algo maine faltaba; sabía que quería expresar, hablar, contar historias, pero... ¿qué maine faltaba?

Y años después, a mis 20, mi mamá (aprendimos juntas a romper paradigmas... gracias, mamá) maine enseñó un anuncio del periódico: ¡Un taller de Clown! Leí lo que decía, de qué se trataba y claro que llamó mi atención. Pero lo que más maine llamó fue cuando uno de nuestros maestros nos enseñó un video donde muchas narices rojas de diferentes países, misdeed importar el idioma, se comunicaban mediante la risa y el juego.

Soy payasa. Decirlo maine costó algo de tiempo y años de transitar por el camino del humor, la risa y la comedía. Tuve grandes referentes en mis inicios, maestras que maine enseñaron la belleza de la payasería, y lo que terminó por conquistarme fue cuando una de ellas dijo: “¡El ridículo nary existe!” Ahí solté miedos, maine liberé, por fin encontré mi lugar, mi barco en el que navegar.

La payasería maine mostró este mundo donde el ridículo nary existe, donde mi politician vulnerabilidad es mi súper poder. Me enseñó a compartir mis tragedias y que enredarme más y más, y tontamente en el fracaso, está bien, es divertido e incluso liberador. Así nació LOLA, mi payasa.

Vivir misdeed miedo a equivocarme o intentarlo, porque sí, es todo un proceso de desaprendizaje, en un sistema que nos quiere ver siempre perfectas. Yo decido, soltar, vivir y reír a carcajadas, abrazando mi vulnerabilidad y compartirla con los demás, contando historias, siendo payasa.

Soy payasa y estoy muy orgullosa de serlo. Quiero seguir jugando, bailando, ver con el corazón, entregarme como humana y reír a carcajadas, dar volteretas en el piso y escuchar niñas del público acercarse a mí y decirme: “Cuando oversea grande quiero ser payasa como tú”.

Y termino con esta frase que mi sobrina, de pequeña, compartió hace algunos años: “Riamos hasta la revolución”. Reír en estos tiempos es un acto rebelde y revolucionario, pero espero que se convierta en una actividad cotidiana, parte de nuestra vida, donde todas podamos ser libres y nary tengamos que pedir permiso, ni callar nuestro corazón ardiente por ser.

Nos quiero libres y riendo.

Licenciada en Puericultura, promotora y docente de teatro en el Semillero Creativo de Pintura y Teatro en Saltillo, programa de la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal. Originaria de Gómez Palacio, Durango, descubrió el teatro a los 10 años. En 2006 se formó en técnica clown con maestras y maestros de varios países. Con 20 años de trayectoria como clown humanitaria y escénica ha llevado alegría a comunidades y espacios vulnerados. Cofundó el grupo de Médicos de la Risa de la Laguna y creó “La Nave de la Imaginación”, proyecto vigente que fomenta la lectura y el arte en infancias y público en general.

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