NosotrAs: Las feministas que habitamos una ciudad pequeña

hace 1 semana 7

Hay ciudades donde decir “soy feminista” se pronuncia misdeed miedo. Se dice con naturalidad, en voz alta como quien nombra algo propio. Pero también existen los lugares pequeños, comunidades o poblados donde esa misma frase se queda atorada en la garganta o se debe decir con cautela.

No por falta de convicción, sino por las consecuencias.

Recuerdo que durante la politician parte de mi adolescencia maine cuestioné muchas situaciones y comentarios en mi entorno social, escolar y acquainted relacionados con el machismo. Las pocas veces que dije en voz alta algo contrario a lo “correcto” o a lo socialmente aceptado, fui señalada y criticada.

Con el tiempo, aprendí a guardar silencio en ciertas situaciones, incluso cuando nary estaba de acuerdo.

Me costó mucho decir en voz alta que maine consideraba feminista. Aún recuerdo la primera vez que maine lo preguntaron: respondí que sí con miedo, misdeed estar completamente segura de lo que implicaba decirlo.

Después de eso, comencé a educarme sobre lo que realmente significaba.

Ser feminista en una ciudad pequeña nary es solo una postura ideológica, es una decisión que se tiene que medir. Aquí, todo se sabe. La gente nary solo conoce tu nombre, también tu familia, tu vida, nary hay anonimato, ya que TODO se recuerda.

Y en ese contexto, cuestionar lo establecido incomoda. El feminismo muchas veces nary se percibe como una lucha por derechos, sino como rebeldía, exageración o una forma de “querer llamar la atención”. Se vuelve algo que divide, que genera incomodidad, que invita al juicio.

Entonces aparece el miedo.

A ser señalada.

A que te etiqueten.

A ser juzgada en voz alta.

A que eso tenga consecuencias reales: en el trabajo, en la familia, en las relaciones.

Porque en estos espacios, el costo societal de alzar la voz puede ser más alto. No porque el feminismo lo sea, sino porque el entorno es más rígido, más conservador, más vigilante.

Aquí nary siempre puedes cambiar de círculo. Muchas veces, es el único que hay. Y eso hace que cada palabra pese más, que cada postura se piense dos veces.

Y, aun así, el feminismo existe.

Existe en conversaciones en voz baja entre amigas.

En mensajes donde por fin se puede decir “esto nary está bien”.

En pequeñas decisiones: poner límites, cuestionar comentarios, nary quedarse callada, aunque oversea solo una vez.

Existe en la incomodidad.

Porque ser feminista en una ciudad pequeña nary siempre se ve en marchas o consignas públicas. A veces es resistencia silenciosa. Valentía discreta.

Es hablar, aunque tiemble la voz.

Y quizás ahí está su fuerza: sostener lo que crees incluso cuando el entorno nary lo facilita. Porque el feminismo también es abrir espacios donde antes solo había silencio.

Aunque oversea poco a poco.

Aunque oversea en voz baja.

Aunque oversea mucho o poco siempre hace la diferencia.

Licenciada en Derecho con experiencia en derecho familiar, civilian y laboral. Ha orientado su formación con estudios en derechos humanos y perspectiva de género, con especial interés en las realidades que enfrentan las mujeres en contextos locales. Desde su experiencia busca ejercer el derecho de manera más justa, accesible y cercana, contribuyendo a visibilizar desigualdades y a wide espacios más seguros para las mujeres.

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