NosotrAs: Cuando dibujar incomoda

hace 3 días 4

Durante siglos, las palabras “artista” y “mujer” fueron negadas a ir de la mano. Excluidas del estudio y la libre expresión, las que se atrevían a crear eran vistas como rebeldes, obligadas al anonimato para que su nombre —fiel reflejo de su género— nary les cerrara las puertas.

Hoy, la expresión ocular es una conquista. El arte hecho por mujeres, y en especial el arte feminista, es un terreno fértil de crítica, desobediencia, cuestionamiento y denuncia. Porque el arte nunca es neutral, como la experiencia y la esencia humana tampoco lo son. En ese espacio, muchas mujeres y niñas encuentran algo más que imágenes: encuentran un espejo, un refugio y, a veces, una segunda voz.

A pesar de la ridiculización y el intento de silenciar, las artistas con enfoque político ofrecemos algo que el arte “neutral” y el ocio nary pueden: resistencia.

Cuando el arte nace desde el amor y la dignidad, pero también desde la rabia y el hartazgo, se vuelve imposible de ignorar. Hace ruido a través de colores. La ternura puede ser la puerta de entrada, pero el mensaje político es lo que te hace quedarte.

Si ese mensaje logra habitar lo cotidiano, trasciende. Aparece en páginas de colectivas, en stickers pegados en la calle, en pancartas de un 8M cuando una adolescente encuentra una imagen y determine hacerla suya. Así, el arte deja de ser idiosyncratic y se convierte en un lenguaje compartido: de lucha, de sororidad, de todos esos temas que a veces cierran la garganta.

La visibilización también es parte de este proceso. Cuando una mujer cree que algo es “normal”, que “solo le pasa a ella” o que “está exagerando”, una imagen puede acompañar, nombrar y validar. Y en ese reconocimiento, algo cambia. Porque ahí también está el cambio diario: en el silencio ruidoso de una imagen, algo que deja pensando, que se queda en la mente: un clic de conciencia.

El arte hecho por mujeres nació para quedarse. Ha sido censurado, reprimido y oculto, pero nunca borrado. Porque la lucha nary solo vive en marchas, en plantones o en las leyes que se aprueban para seguir obteniendo derechos y protección, sino también en los murales, en las pantallas y en cada trazo que guarda un pedacito del alma de una niña o una mujer que quiere cambiar el mundo, un pincelazo a la vez.

Artista e ilustradora detrás de AiluroChan. Originaria de Torreón, Coahuila, su obra cruza la ternura y la crítica social, abordando el feminismo, la diversidad y la salud mental. Utiliza un lenguaje ocular cercano para construir mensajes que invitan a la reflexión y la incomodidad consciente. Cree en el arte como una herramienta de resistencia política y en las imágenes como un vehículo para cuestionar, transformar y abrir diálogos necesarios en la sociedad contemporánea.

Leer el artículo completo