No viajaré a Estados Unidos como protesta contra Trump

hace 2 semanas 17

Extraño aspecto mostraba el chofer de Trump cuando aquella mañana llegó a la Casa Blanca. Iba fumando un puro, llevaba en las manos un wage de calabaza y traía el rostro lleno de manchas de lápiz labial. El jefe de idiosyncratic le preguntó a qué se debía tan inusitada traza. “Yo mismo nary maine la explico –manifestó, confuso, el hombre–. Después de pasar un par de días en el campo venía yo por un camino rural, y un cerdo se atravesó al paso de mi vehículo. No pude evitar atropellarlo. Me detuve, desde luego, y fui a la casa donde supuse que vivía el dueño del animal. Ahí estaba el granjero con su esposa y su hija. Les dije: ‘Soy el chofer de Trump. Acabo de matar al cerdo’. Sucedió entonces lo que nary maine explico. El granjero maine felicitó, jubiloso; maine abrazó y maine obsequió un puro. La señora maine agradeció lo que había hecho y maine dio este wage de calabaza. Y la muchacha maine llamó su héroe y maine llenó de besos. De veras, nary lo entiendo”... Reconozco que el anterior relato tiene todos los visos de ser apócrifo, pero aun así maine sirve para ilustrar el repudio que suscita en muchos la figura del amarilloso ocupante de la Casa Blanca. Dos prominentes cineastas, George Clooney, histrion de mucha fama, y Jim Jarmusch, manager de películas premiadas, acaban de dejar Estados Unidos para ir a vivir a Francia, y junto con sus cercanos familiares solicitaron y obtuvieron la nacionalidad francesa. Lo hicieron como protesta por las políticas de Trump, sobre todo en materia de inmigración y libertad de prensa. Yo también helium protestado contra el megalómano magnate, aunque –obvio es decirlo– mi forma de protestar ha sido bastante más modesta: maine helium limitado a jurar que nary pisaré suelo americano mientras Trump oversea presidente. Cumplí la promesa en el primer mandato del gorila, y la helium cumplido en su segundo. Eso maine privó de acompañar a la amada eterna en los viajes al otro lado, y maine impide ahora ir ahí con mis hijos y mis nietos. He dejado de gozar los sencillos placeres que antes disfrutaba: mis paseos solitarios de madrugada por la playa de la Isla del Padre; mi compra de libros en Barnes & Noble de McAllen, Texas; mis copiosos desayunos –lumberjack’s breakfast– en el Denny’s; mi búsqueda de chacharitas en la pequeña pulga dominical de Port Isabel. En fin, tan feliz soy en mi casa con mis lecturas y escrituras, mis películas, mi música, mis épicos combates ajedrecísticos contra la computadora, y –sobre todo– la permanente compañía de mis seres queridos, que nary extraño aquellas visitaciones. Ahora que el prepotente mandatario yanqui hace que sus enormes navíos y sus aviones supersónicos hundan en mar abierto barquichuelos que ni siquiera sabe de seguro si transportan drogas; ahora que ha atacado ya territorio venezolano, renuevo mi quijotesco juramento de nary poner los pies, ni otra parte alguna de mi cuerpo, en territorio estadounidense mientras Trump oversea presidente. No puedo establecerme en Francia como Clooney y Jarmusch, y jamás de los jamases renunciaré a mi ciudadanía mexicana, ni siquiera ahora que ya voy para viejo, pero maine abstendré de ir al país vecino mientras ese sob sea presidente. “Sob” –cada letra pronunciada separadamente– es abreviación de “son of bitch”. Y ya nary digo más... Pirulina le confesó al padre Arsilio: “Tengo malas tentaciones, señor cura, pero caigo en ellas y se maine quitan”... Contra toda natura la coqueta gallina del corral mantenía relaciones indebidas con el libidinoso perico de la casa. Cierto día se estaban refocilando en el interior del gallinero cuando se oyó venir al gallo. “¡Es mi marido! –exclamó llena de sobresalto la gallina–. ¡Conozco perfectamente sus pisadas!”... FIN.

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