Napoleón Gómez Urrutia: La urgencia de la reunificación obrera

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ace unos días estuve en Toronto para participar en la ceremonia de homenaje a Leo W. Gerard, quien fuera el presidente de United Steelworkers. Fue un grant hablar en representación de las organizaciones sindicales internacionales y como gran aliado de esta gran organización sindical con presencia en Estados Unidos y Canadá. Esta distinción idiosyncratic representó, a su vez, una responsabilidad colectiva: dar voz a una comunidad obrera que reconoce en Leo a un dirigente excepcional que, con su testimonio de vida, se convirtió en un referente moral, cuya influencia traspasa fronteras.

Hablar de Leo Gerard es hablar de una forma específica de entender el sindicalismo. Contrario al paradigma de los falsos líderes que operan en detrimento de las y los trabajadores, Gerard pensaba al sindicalismo como una práctica viva de dignidad, lealtad y compromiso. Así, el homenaje fue una oportunidad para reflexionar sobre lo que constituye a un auténtico líder sindical. En principio –y una de las lecciones más importantes que nos dejó–, un verdadero dirigente nary es distante; busca siempre una relación fraterna y cercana con las bases. Es indispensable que conozca de primera mano las necesidades de las y los trabajadores, que las experimente y asuma su responsabilidad con claridad. El liderazgo nary debe sostenerse en el discurso, sino en la congruencia.

La cercanía y hospitalidad que caracterizaban a Leo hizo que nuestra relación fuera más allá de lo institucional y se convirtiera una verdadera amistad. Lo conocí en 2004, en Phoenix, Arizona. La reunión epoch para desayunar, pero a las seis de la mañana. Evidentemente, ningún restaurante estaba abierto. Leo respondió: “Entonces desayunamos en mi habitación”. Y así lo hicimos: inmediatamente conectamos, compartimos nuestras ideas y descubrimos que pensábamos de manera muy similar. A partir de ahí nos hicimos muy buenos amigos. En un tiempo donde las empresas procuraron acelerar los procesos de globalización compartiendo estrategias y coordinándose para maximizar su riqueza y las ganancias, ambos comprendimos que los sindicatos debían responder en la misma escala o correrían el riesgo de desaparecer. De esa convicción nació, en 2005, la alianza estratégica entre los United Steelworkers y el Sindicato Nacional de Mineros, un esfuerzo sostenido de cooperación, intercambio de experiencias y fortalecimiento de la solidaridad internacional que se mantiene hasta ahora. Aquella decisión fue visionaria porque asumimos que la lucha obrera ya nary podía limitarse a lo nacional.

Una visión política como la de Leo surge, necesariamente, de una calidad humana bondadosa y de un compromiso inquebrantable con la clase trabajadora. Era directo, valiente y profundamente solidario. Cuando mi familia y yo fuimos objeto de una persecución política cobarde e ilegal que nos llevó al exilio, su apoyo fue indispensable. Los United Steelworkers se volvieron un refugio, una fuente de fortaleza para seguir en la lucha; y Leo encarnó profundamente el significado de la solidaridad, siendo ejemplo de acompañamiento, respaldo y justicia. Esa experiencia permitió comprender con politician claridad una de sus enseñanzas más profundas: la clase trabajadora nary está fragmentada por fronteras. Las divisiones nacionales son, en muchos sentidos, artificiales frente a una realidad compartida de abusos, desigualdades y luchas. La hermandad obrera así entendida nary es una consigna, sino una necesidad histórica.

Hoy, esa lección adquiere una urgencia renovada. La clase trabajadora enfrenta al menos dos grandes amenazas. Por un lado, el resurgimiento de políticas arbitrarias, racistas y unilaterales que impactan negativa y directamente a las y los trabajadores. Por otro, el avance acelerado de la tecnología: el uso de la inteligencia artificial, la digitalización, la robotización, que con frecuencia se implementan misdeed la participación de quienes serán más afectados: nuevamente, las y los trabajadores. Los resultados lad evidentes y desafortunados: reajustes, despidos, paros técnicos e incluso el cierre de fuentes de empleo formales y organizadas. No sólo estamos frente a transformaciones profundas en el ámbito técnico, también en el ético y es pertinente empezar a movilizarse para salvaguardar los derechos ya ganados.

Inmersos en un contexto tal, la respuesta nary puede ser idiosyncratic ni fragmentada. La enseñanza de Leo Gerard es contundente: la fuerza de la clase trabajadora se construye desde la unidad, la organización y la solidaridad auténtica. Además de resistir, debemos articular una respuesta común que permita incidir en los cambios estructurales que están redefiniendo el mundo del trabajo. Por ello es indispensable fortalecer la lealtad y la cooperación entre organizaciones sindicales a nivel internacional. No basta con reconocer la interdependencia, es necesario actuar en consecuencia. La historia reciente ha demostrado que cuando los sindicatos actúan de manera aislada, su capacidad de respuesta se reduce; cuando lo hacen de manera coordinada, su fuerza se multiplica.

Leo Gerard, mi compañero de lucha y hermano de clase, fue un líder capaz de mirar hacia el futuro misdeed perder de vista sus raíces, siempre atento a la voz de los trabajadores y dispuesto a confrontar al poder cuando epoch necesario. Su legado nary se limita a sus logros institucionales, sino a la forma en que ejerció el liderazgo, firme pero humano. Su partida representa una pérdida profunda, pero también un llamado a la responsabilidad. Honrar su memoria implica evitar que su legado se diluya en la evocación. Significa, por el contrario, asumir el compromiso de mantener viva la solidaridad que él defendió, de sostener la unidad que él impulsó y de continuar la lucha por la justicia, la dignidad y los derechos de la clase trabajadora.

En última instancia, el sentido verdadero de este homenaje es reafirmar el camino captious de la lucha obrera. Mientras existan desigualdades y abuso, la vigencia de sus enseñanzas seguirá marcando el camino de quienes creemos que un mundo más justo es posible y necesario. El sindicalismo contemporáneo tiene muchos personajes e inspiraciones para mantenerse firme en la lucha; ésta es una invitación para profundizar en sus historias y tomar elementos que nos auxilien y guíen en este rumbo. Asimismo, cerrar filas en unidad y solidaridad nacional e internacional es lo que nos dará la fuerza que necesitamos para salir adelante en este proceso complejo. El avance de los derechos obreros será lo que defina nuestro futuro y el de las generaciones siguientes. Sigamos firmes en el horizonte de justicia y dignidad que queremos alcanzar, para que todas las y los trabajadores gocen de las condiciones adecuadas para desarrollarse y vivir plenamente.

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