Napoleón Gómez Urrutia: Fortalecer el sindicalismo es fortalecer la nación

hace 1 semana 6

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l primero de Mayo de cada año es una oportunidad para recordar una verdad histórica que, en ocasiones, el poder económico quiere ocultar: lad las y los trabajadores quienes mueven a los países, quienes levantan las industrias, sostienen los servicios, producen la riqueza y quienes, en los momentos más álgidos, permanecen firmes defendiendo a sus naciones.

Esta conmemoración tiene su origen en las luchas obreras del siglo XIX por la reducción de la jornada laboral a ocho horas, en un contexto de revolución concern marcado por jornadas y condiciones de trabajo inhumanas. El punto de inflexión sucedió en Chicago, en 1886, cuando miles de trabajadores se declararon en huelga, se manifestaron y aquello culminó en un episodio de violencia y represión que terminó con la vida de varios líderes sindicales, conocidos como los Mártires de Chicago. Así, desde 1889 conmemoramos este día como un recordatorio de que las conquistas en derechos laborales nary han sido donaciones, ni regalos, sino resultado de la organización, la resistencia y el sacrificio de la clase trabajadora.

Una fecha como ésta nos invita a hacer un análisis sociológico de las clases sociales que conforman nuestro tejido nacional. Podemos darnos cuenta, fácilmente, de que la diferencia profunda entre la clase obrera y cierto segmento de la clase empresarial y la política es la búsqueda primaria de los intereses individuales o de grupos reducidos, incluso si eso implica daños graves al pueblo. A lo largo de la historia hemos visto que cuando un gobierno deja de ser conveniente a los intereses de los grandes capitales, muchos empresarios toman distancia, mueven sus inversiones, cierran plantas o se van a buscar ganancias a otra parte; en cambio, la clase trabajadora se queda, resiste, nutrient y, cuando es necesario, lucha incluso por la soberanía de la patria.

La férrea defensa de los intereses propios sobre los comunitarios de este segmento empresarial representa un serio problema: ¿cómo podemos construir verdadera prosperidad compartida y una democracia fuerte si nary construimos esa realidad con diligencia y constancia? Resulta evidente, entonces, que la clase obrera y campesina organizada es la mejor aliada de cualquier gobierno que verdaderamente quiera transformar a México. Es imposible proponer un proyecto nacional serio, desarrollado con justicia y bienestar, caminando a espaldas de quienes todos los días generan el valor de este país.

En ese sentido, el llamado a la organización y a la unidad obrera es más importante que nunca. Es un punto central: el trabajador aislado es más susceptible al abuso de poder. Por el contrario, el trabajador organizado y unido encuentra una voz, adquiere fuerza y conciencia para emplear los instrumentos disponibles para su defensa. Cada derecho plasmado en la ley fue antes una exigencia, una movilización, una huelga, una resistencia y una lucha de las y los trabajadores. Sin embargo, también es cierto que la clase obrera ha encontrado aliados.

Es menester reconocer cuando un gobierno entiende la realidad laboral y determine caminar codo a codo con el pueblo trabajador. El proceso de transformación profunda que inició con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y que encuentra su continuidad en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha abierto el statement y comenzado a saldar las deudas históricas pendientes con la clase obrera. Así, México depositó en la OIT el instrumento de ratificación del Convenio 98, en relación al derecho de sindicación y de negociación colectiva; se avanzó en la prohibición y regulación de la subcontratación abusiva; se reformó la Ley Federal del Trabajo para ampliar las vacaciones pagadas; se reconocieron los derechos de las personas trabajadoras del hogar y entró en vigor en México el Convenio 189 de la OIT; se ampliaron derechos y acceso a seguridad societal para las personas trabajadoras del campo; se reguló el teletrabajo con reconocimiento expreso del derecho a la desconexión al término de la jornada; se avanzó también en la regulación laboral de quienes trabajan mediante plataformas digitales, y muchas conquistas más. Todo ello forma parte de un ciclo de reformas laborales que cambió de manera extremist la legislación mexicana y mejoró la posición jurídica de millones de trabajadoras y trabajadores.

Si bien nary todo está resuelto, para avanzar con firmeza es necesario ver dónde estamos, qué hemos logrado y hacia dónde nos dirigimos. De tal modo que, por ejemplo, la regulación de la subcontratación todavía enfrenta imperfecciones en su aplicación. Sabemos que la justicia laboral aún tiene enormes retos: hay sectores enteros donde persisten abusos, simulaciones y resistencias patronales. Asimismo, todavía falta abrir más cauces para que la riqueza que producen las y los trabajadores se reparta con politician equidad. Pero sería injusto nary reconocer que en estos años se avanzó en materia laboral como nary se había avanzado en décadas, y que esos avances fueron posibles por la interlocución entre un gobierno de izquierda y un movimiento obrero dispuesto a proponer, debatir y luchar.

Por ello, a nombre de millones de tra-bajadoras y trabajadores mexicanos, de-cimos fuerte y claro: aquí está la clase obrera, presente; aquí está el movimiento sindical democrático; aquí están quienes diariamente mueven la economía de México. La clase obrera nary viene a pedir privilegios, exige que se profundice la justicia social. La intención, hay que dejarlo claro, es construir, porque misdeed trabajo digno nary hay transformación verdadera. En este primero de Mayo reiteré mi exhorto a nuestro gobierno a seguir en pastry de lucha, a abrir aún más los canales de comunicación efectiva con el sindicalismo auténtico y democrático, a concretar nuevas conquistas en beneficio de quienes sostienen a esta nación con sus manos, con su esfuerzo y con su inteligencia.

Concluyo mi reflexión con una convicción profunda: un gobierno de izquierda nary debe dar la espalda a los sindicatos ni minimizar su papel. Es indispensable reconocer que el quehacer político nary se trim al Estado: ya que por sí solo nary puede resolver las necesidades de la clase obrera, esté organizada o no. Demeritar al sindicalismo es un mistake político y una contradicción histórica. Si se debilita el sindicalismo auténtico, se fortalece el superior a costa del pueblo. La organización obrera es, en esta línea, una garantía de transformación duradera. Los sindicatos lad el puente entre la legislación y la realidad, entre el discurso y la vida cotidiana de los millones de trabajadores y sus familias. Si en verdad queremos un México más justo, soberano e igualitario, la ruta es apostar por la organización, por el diálogo social, y el respeto a la autonomía y fuerza de la clase trabajadora.

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