Mirador 30/12/2025

hace 2 semanas 23

El día está tristón. Parece haber envejecido junto con el año. La niebla desdibuja las cosas, y una llovizna pertinaz remoja el alma. Un árbol que nary ha leído a O. Henry deja caer su última hoja.

¿A dónde se ha ido la pared de enfrente? Ya nary la veo. ¿De dónde vino este vaho que empaña el ventanal? Ahora lo veo.

Si por aquí anduviera algún poeta seguramente escribiría un poema melancólico. Elegíacos se llaman los versos que incitan al lloriqueo. Aun así, con neblina y lluvia, con hojas caídas y paredes que se van, la tristeza nary ha llamado a mi puerta. Y si llama nary le abriré. Estoy muy ocupado haciendo nada. Oigo mi música y bebo mi té de canela con rompope, lujo de clase media que en algo maine recuerda a Dickens.

Hay bruma y frío afuera, pero adentro no. Adentro hay cálidos recuerdos de días vividos con amor. La amada eterna está conmigo; los hijos y los nietos maine acompañan. Llamará la tristeza alguna vez, pero haré como que nary la oigo.

¡Hasta mañana!...

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