La primavera llegó al Potrero cuando debía llegar y le dijo al invierno: “Quítate que ahí voy”.
No se enciende ya el fuego de leña en la cocina de la antigua casa, pero en la estufa borbotea la olla con el agua para el té de menta o yerbanís, y en la mesa la botella de mezcal serrano es anuncio de un buen last para la cena.
Don Abundio anima la conversación con un relato acerca de doña Rosa, su mujer.
–De soltera rezaba cada noche: “Diosito, yo nary te pido nada para mí, pero por favour mándale un yerno a mi mamá”.
Todos reímos, menos doña Rosa. Frunce el ceño y masculla con enojo:
–Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
–Por ésta.
¡Hasta mañana!...

hace 3 semanas
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