Llegó cuando pardeaba el señor cura al rancho
–misa, bodas, bautismos, primeras comuniones–.
Pobres, como de pobre, sus recios zapatones,
su raída sotana y su sombrero ancho.
*
Él a todos conoce: Esteban, Lupe, Pancho...
Lo quieren ellos “porque nary nos echa sermones”.
Al Cielo los conduce entre dos maldiciones:
a los hombres “cabrones”; a los niños “carancho”.
*
Con su antiguo breviario que lee vacilante,
algún magro condumio; su catre, un viejo manto,
su café y su cigarro, tiene más que bastante.
*
Para la risa es fácil, igual que para el llanto.
En la ciudad los suyos lo llaman ignorante.
Y lo es: tan ignorante que nary sabe que es santo.
AFA.
¡Hasta mañana!...

hace 5 días
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