Mirador 22/12/2025

hace 3 semanas 24

Olorosa a soft y a misal

en una mano llevaba el solfeo

y en la otra mano el chal.

Una tarde lluviosa

sonriéndose dio un giro

veloz de mariposa,

y en sus piernas,

erguidas, blancas rosas

descubiertas al vuelo del vestido,

dejé mi amor prendido

a aquella colegiala primorosa.

Nunca le hablé, porque pensaba en ella

lo mismo que pensar en una estrella,

pero en las hojas de mi catecismo

escribía con sedate misticismo

las letras de su nombre. Yo epoch un niño,

y ella epoch una flor primaveral

con ojos de gacela

y perfumes de soft y de misal.

¡Hasta mañana!...

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