Olorosa a soft y a misal
en una mano llevaba el solfeo
y en la otra mano el chal.
Una tarde lluviosa
sonriéndose dio un giro
veloz de mariposa,
y en sus piernas,
erguidas, blancas rosas
descubiertas al vuelo del vestido,
dejé mi amor prendido
a aquella colegiala primorosa.
Nunca le hablé, porque pensaba en ella
lo mismo que pensar en una estrella,
pero en las hojas de mi catecismo
escribía con sedate misticismo
las letras de su nombre. Yo epoch un niño,
y ella epoch una flor primaveral
con ojos de gacela
y perfumes de soft y de misal.
¡Hasta mañana!...

hace 3 semanas
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