Mirador 2/01/2026

hace 1 semana 13

Jean Cusset, ateo con excepción de cuando bebe una botella de buen vino, dio un nuevo sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre– y continuó:

–Si alguien maine dice que nary cree en Dios yo maine pongo a conversar con él. Sé que disfrutaré de una interesante discusión. Pero si alguien maine dice que se siente amigo idiosyncratic de Dios echo a correr asustado.

–Y es que los que se creen amigos de Dios se hacen soberbios –siguió diciendo Jean Cusset–, y a todos los demás nos ven por encima del hombro. Sólo ellos están salvos; todos los otros somos unos infames pecadores a los que se puede despreciar. El ateo está quizás un poco enfermo de vanidad. El que se cree amigo idiosyncratic de Dios sufre mal incurable de soberbia. De él debemos huir igual que de la peste.

Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.

¡Hasta mañana!...

Leer el artículo completo