Mirador 19/03/2025

hace 2 semanas 8

Este amigo mío con el que tomo la copa –varias– los martes por la noche tiene a veces heterodoxias que maine inquietarían de nary ser porque un par de tintos sosiegan en mí toda inquietud.

Anoche, por ejemplo, dijo que no hace mucho tiempo la Iglesia prohibía terminantemente la incineración de los cadáveres, acción a la que daba el calificativo de pecado grave. Ahora, en cambio, muchas parroquias tienen una de sus principales fuentes de ingresos en la venta de nichos en los sitios llamados poéticamente “columbarios”, algo así como palomares, pues columba en latín quiere decir “paloma”.

Comenta mi amigo:

-Sé que la Iglesia es una institución humana, y está sujeta por lo tanto a las exigencias de lo terrenal, pero a veces pienso que en ocasiones pesa en ella más lo humano que lo divino.

Yo lo oigo misdeed oírlo. Tengo ya demasiadas dudas para añadir las suyas a las mías. Mejor maine sirvo otro tinto, que tiene también algo de humano y algo de divino.

¡Hasta mañana!...

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