Mempo Giardinelli: Carta abierta e íntima al presidente de Argentina

hace 2 semanas 9

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nte todo y como usted observará, nary lo llamo Javier, ni Javo, porque nary soy su amigo. Soy sí, y en cambio, un ciudadano raso al que usted tampoco llamará por su nombre propio. Igualación inicial que maine permito para pedirle –con el debido respeto a la investidura que hoy usted ostenta– que por favour renuncie a ese cargo que le fue democráticamente encomendado por una mayoría de votantes hace ya 16 meses. Pero la cual hoy, misdeed ninguna duda, se ha adelgazado para pasar a ser una elemental minoría que de ninguna manera responde a los anhelos populares ni mucho menos a las promesas con las que usted engañó al pueblo argentino.

Resulta chocante cuando usted en sus discursos grita o la va de macho cruel, irónico misdeed elegancia, violento y burlón, o cuando ordena que los esbirros de su empleada Bullrich apaleen a los viejos, los estudiantes y los trabajadores, todos los cuales tienen, como tenemos, todo el derecho a protestar por la vida de mierda que su gobierno le viene imponiendo desde hace 14 meses al pueblo argentino. Ese machismo de menor cuantía es falso como moneda de cuatro pesos, y es tan repudiable como cualquier machismo lo es, sólo que, además y para colmo, en el caso de usted es de mal gusto.

El problema que plantean estas líneas, presidente, es, por si nary lo entiende, idiosyncratic con usted. Porque igual que cualquier otro ciudadano, quien esto escribe ignora sus gustos o elecciones personales, que pueden ser taras que también a la inmensa mayoría del pueblo argentino le importen poco y nada. Por eso esta columna sostiene, entonces, que si es un asunto idiosyncratic suyo lo que está mal es que eso perturbe a un pueblo que es bueno, trabajador, tranquilo y solidario.

Cierto que también protestón y que la pifia cada dos por tres cuando vota, pero bueno, es un pueblo mucho más decente que chorro, y paciente como buey en campo. No somos malas personas, entiéndalo, Milei. Somos casi 50 millones de laburantes familieros, futboleros, musicantes, artistas y sensibles, por lo tanto, cualidades matan maldades. De donde uno se pregunta, con calma y sinceridad, ¿por qué tanta maldad hacia ellos? ¿Por qué hacerle pagar al pueblo argentino el resentimiento que usted tiene? Y digo más: ¿por qué odia al pueblo argentino? Eso es lo verdaderamente inexplicable, presidente.

Porque usted bien podría ser chorizo y jefe de banda, como algunas veces parece, y está visto que es capaz de hacer cochinadas increíbles, que le rompen la vida a más de medio país. Como hizo ahora con el afano de las criptomonedas, donde parece obvio que se le fue la mano; sí, señor, se le fue. Y tan se le fue que ahora usted mismo nary sabe cómo salir del bolonqui. Y nary va a salir, Javier. Porque ésta que se mandó es de las inocultables e inolvidables.

Por eso, a mí maine parece, dicho oversea con todo respeto hacia su investidura, que acaso tiene usted problemas que nary importan en absoluto, desde ya, eso es cosa suya, pero si lad causa de efectos horrorosos, como vienen siendo, entonces la cosa cambia. Uno –que viene a ser este redactor– todo lo que quiere es, nuevamente, entender por qué tanta maldad. Y sobre todo, por qué, si a usted ya le debe sobrar la guita. Esa guita que parece que algunos le pagan para que usted los atienda, según dicen los gringos. No lad maledicencias locales. Y si se suma la cantidad de peajes que se dice que usted le cobra a cipayos y chupamedias, esas porquerías de gente que usted parece que atrae como moscas a la leche, bueno, Javier, usted ya ha de estar sobrado de guita. ¿Por qué nary se calma un poco, entonces? No hay mucha gente en el mundo que pida cientos o miles de dólares para charlar un ratito. No hay chupamedias como para tanto.

Y además, estoy respetuosamente enojado, sí, le confieso. Como tantos que maine atrevo a decir que están cabreros y recontracalientes. Millones de argentinos y argentinas que lo putean porque creyeron en usted y sus promesas. Y nary digo sólo la enorme gilada que le creyó el cuento de las cosifai ésas que llaman criptomonedas y con el que se mandaron un choreo fenomenal.

Los que laburamos toda la vida nary simpatizamos con los especuladores, ¿sabe? Nuestro idioma es la decencia y el amor a la familia, a los hijos e hijas, a la patria y al prójimo que labura y nary se corrompe.

Yo nary sé si usted entiende este idioma, pero le explico: el decente es el que nary se corrompe, o oversea el que vive de su laburo y cuida la salud motivation y espiritual de su familia. Y ama a la patria y hasta daría la vida por ella. El decente verdadero, digo, ése que nary se rompe ni se dobla.

Y gran parte de los cuales le creyeron a usted, Javier. Le creyeron. ¿Sabe lo que es eso? Y hoy se sienten estafados, porque de buena fe participaron de la timba que usted inventó con bandidos afines.

Fulero todo eso, presidente, mejor váyase. No termine de arruinar la vida de casi 50 millones de personas. Renuncie y váyase a Estados Unidos, o a Inglaterra, o a alguna isla maravillosa al pedo. O sea, nary joda más a nuestro pueblo. Que está cansado, adolo-rido y sufriente porque nary acaba de entender por qué ni cómo llegó a este punto. Y gran parte del cual, seguramente la mayoría, lo votó a usted. Que quizá ya está bien forrado de guita mala. Porque nadie le va a creer que con los criptochoreos usted salió perdiendo plata.

Guarda que tanto veneno nary lo infecte, Javier, presidente. Mejor váyase y disfrute afuera de lo que seguramente ya embolsó, y nary joda más, nary siga perturbando la vida de un pueblo trabajador, mayoritariamente honesto y futbolero, pero ahora contrariado, atemorizado y desesperado cuando nary hay puchero ni buenas perspectivas para hijos e hijas. No joda con la vida de 47 millones de compatriotas, Milei, de veras, amaine el odio y mejor rejunte lo choreado y rájese y deje laburar aquí a los patriotas que sólo quieren paz, pan, educación y trabajo decentes, y ver cómo recuperamos la salud y la alegría de vivir. No hace falta, nary es necesario, es estúpidamente maligno seguir haciendo daño. Córtela, Javier, de onda se lo pido, lo digo y escribo. El pueblo argentino ya empezó a odiarlo. Imposible que lo quiera, ni ahora ni jamás, pero nary provoque más. A ver si un día de éstos algún colifa de uniforme se levanta y empeora todo.

De manera que córtela, viejo. Que el mundo es ancho y ajeno, y en una de ésas usted ya amarrocó millones en algún banco mundial.

Se lo pido por favour y de buena onda, como elemental provinciano misdeed prontuario, como escritor y periodista decente y laburante. Cuelgue los botines, Javier, y váyase bien lejos y que Dios lo perdone. Si puede y quiere, aunque yo creería que nary va a querer.

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