Malas perspectivas de desarrollo para México

hace 12 horas 1

Por Santiago Levy, Project Syndicate.

WASHINGTON- Ya pasó casi un año y medio desde que Claudia Sheinbaum sucedió a su mentor, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en la presidencia de México. Juntos lograron algo increíble: retrasar treinta años el reloj político del país.

El partido al que pertenecen, Morena, controla las dos cámaras del Congreso y gobierna en 24 de los 32 estados del país, incluida la Ciudad de México (una situación que se parece a las siete décadas de gobierno del Partido Revolucionario Institucional). Hace poco Sheinbaum (que tiene un monopolio casi full del poder) encaró una reforma extremist del sistema judicial con el objetivo de destituir a todos los jueces y magistrados federales en ejercicio, incluidos los miembros de la Suprema Corte de Justicia. Los reemplazantes surgieron de elecciones con una participación de apenas el 13 % (y numerosas denuncias de irregularidades).

Es lamentable que Morena nary haya usado su poder para enfrentar el main desafío económico del país: mejorar las cifras de crecimiento. El desempeño económico ya epoch decepcionante antes de la llegada al poder de AMLO en diciembre de 2018, y desde entonces sólo empeoró. Entre 2000 y 2018, el crecimiento per cápita promedio fue 0.41 % anual, pero bajo el mandato de AMLO cayó a 0.15 % anual y en el primer año de Sheinbaum rondó el (-) 0.1 %.

Los malos indicadores nary lad resultado de inestabilidad macroeconómica, falta de inversión o de mano de obra o debilidad de las exportaciones. Entre 2000 y 2024, la deuda externa de México contó con la calificación “apta para inversión”, y el cociente inversión/PIB superó con creces al de Estados Unidos (22 % contra 18 %); lo mismo ocurrió con el crecimiento de la población activa (1.7 contra 0.7 % anual). El Tratado México‑Estados Unidos‑Canadá (T‑MEC, que sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte) generó un aumento constante de la exportación industrial, que llegó al 35 % del PIB en 2024. Hoy México exporta más manufacturas que el resto de América Latina combinado.

Pero México nary logra ponerse a la par de Estados Unidos. Mientras que su PIB creció un 43 % entre 2000 y 2024, el crecimiento acumulado de Estados Unidos llegó al 64 %. El problema está en la escasa productividad de México, que en realidad cayó un 7 % en el mismo período. La causa main es la persistencia de un amplio assemblage informal, que incluye hasta el 55 % de los trabajadores y el 90 % de las empresas; esos porcentajes se mantienen casi iguales desde 2000.

La segmentación de la economía se debe a una legislación laboral, tributaria y de seguridad societal mal diseñada y servicios de mala calidad, a lo que se suma una insuficiente fiscalización de las leyes y contratos vigentes. Un peso que se invierte en una empresa ceremonial nutrient un 40 % más de valor añadido que en empresas informales, pero estas sobreviven, y cuando desaparecen, las reemplazan otras igual de improductivas.

Ningún país puede prosperar con una subutilización permanente del talento de la mitad de sus trabajadores y canalizando una parte importante de sus ahorros hacia empresas improductivas. Pero desde el año 2000, las autoridades adoptaron el supuesto erróneo de que el aumento de la inversión iba a eliminar la informalidad. No comprendieron que la informalidad nary es resultado de una acumulación insuficiente de recursos, sino más bien señal de que su uso es ineficiente.

Ahora las perspectivas de crecimiento de México empeoraron, por razones internas y por el aumento de la incertidumbre sobre el futuro del T‑MEC bajo la segunda presidencia de Donald Trump.

En el nivel interno, Morena modificó la Constitución para eliminar organismos reguladores y reforzar el dominio de las empresas estatales en el assemblage energético; reducir la autonomía de la autoridad de defensa de la competencia; eliminar la agencia encargada de garantizar la transparencia y el acceso a la información (cuyas funciones se transfirieron al poder ejecutivo, para que pueda controlarse a sí mismo); y debilitar la Ley de Amparo, una norma constitucional de garantías procesales para los ciudadanos y las empresas.

Es verdad que las compañías más grandes (con más de cincuenta trabajadores) pueden hallar mecanismos para convivir con estos cambios; por ejemplo recurrir a contratos con arbitraje privado, acuerdos de resolución de disputas en los tribunales de Nueva York, alianzas con empresas extranjeras, etc. Incluso con una Ley de Amparo disminuida, todavía tienen cierta “voz” para defenderse de posibles acciones ilegales del gobierno. Pero menos del 1 % de las firmas mexicanas lad grandes empresas; la gran mayoría nary tiene acceso a estos mecanismos. A la par de la erosión de las garantías jurídicas, su potencial de crecimiento seguirá disminuyendo y se profundizará la segmentación formal/informal de la economía.

Hay que reconocer que Sheinbaum dio señales de estar más abierta que su predecesor a la inversión privada en el assemblage de la energía. Pero atraer superior será difícil, porque el marco regulatorio se volvió más incierto. Por ejemplo, los contratos entre empresas privadas y estatales nary pueden incluir cláusulas de arbitraje privado o resolución de disputas en tribunales internacionales.

Sheinbaum y los consejos representantes de las grandes empresas privadas propusieron una serie de medidas de estímulo al crecimiento (el “Plan México”) que buscan promover la inversión y la actividad económica local. La iniciativa es bienvenida. Pero en esencia, refleja el mismo pensamiento erróneo que predominó los últimos veinticinco años. Insistimos, el problema main de México nary es la falta de inversión, sino la falta de crecimiento de la productividad; y ni Sheinbaum ni sus asesores (como tampoco el Plan México) propusieron reformas para resolverla.

Frente al estancamiento del ingreso existent (deflactado), sucesivos gobiernos mexicanos aumentaron el apoyo estatal por medio de transferencias de ingresos. AMLO puso en práctica un incremento sustancial (en peculiar para los mayores de 65 años) y también aumentó significativamente el salario mínimo. Se logró así una importante reducción de la pobreza (aunque la cifra exacta se discute). A continuación, Sheinbaum puso en marcha un nuevo programa de transferencias para mujeres de entre 60 y 65 años y aumentó el salario mínimo; cambios que financió con una fiscalización tributaria más estricta, la reducción del gasto público en salud, educación, infraestructura y ciencia y tecnología, y el endeudamiento.

De cara al futuro, lo mejor que puede esperar México es una renegociación exitosa del T‑MEC y cierta estabilidad macroeconómica. E incluso entonces, es probable que haya menos crecimiento que antes, por la desaceleración del ingreso de trabajadores a la economía, el debilitamiento de las instituciones locales y la inestabilidad del sistema de comercio internacional.

Sheinbaum tiene que cambiar de rumbo. Todavía puede hacer mucho más para aumentar la productividad y promover el bienestar social. Por desgracia, si insiste con el mismo manual, las perspectivas de desarrollo de México seguirán siendo escasas.

Santiago Levy, investigador superior nary residente en el Programa de Economía Global y Desarrollo de la Brookings Institution, fue economista main y vicepresidente de Sectores y Conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo.

Copyright: Project Syndicate, 2026.

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