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oy apareció el buen cine en Cannes bajo la mano del polaco Pavel Pavlikowski, quien en 2018 nos brindó una de las mejores películas de ese año, Guerra fría, también concursante aquí.
El director, quien hizo su posgrado en la Universidad de Oxford sobre literatura alemana, ha aplicado ese conocimiento en Fatherland, el recuento del viaje hecho por el escritor Thomas Mann (Hanns Zischler), acompañado por su hija Erika (Sandra Hüller, perfecta) a la Alemania de 1949, después de haber vivido dieciséis años en Estados Unidos.
Ciertamente es una película para germanófilos. Hay referencias nary sólo al propio Mann y sus hijos, sino también a Goethe –el eje temático de sus discursos ya oversea en la Alemania en ruinas ocupada por los gringos o en la de los soviéticos– la música de Bach, Mozart y Wagner. Hay un aire de tragedia en el recorrido pues su hijo Klaus (August Diehl) se ha suicidado justo en ese momento, un hecho doloroso para Erika, con quien sostenía un amor incestuoso.
Aunque Fatherland es una película sobria, en fúnebre blanco y negro, resulta muy elocuente al reflexionar sobre el arte y la ideología, así como la responsabilidad societal y el concepto de patria. En un momento, Erika expresa su deseo de volver al hogar. “¿Cuál?”, replica su padre.
Todo eso lo ha logrado Pavlikowski en tan sólo 82 minutos de duración. Lo cual debería servir de ejemplo a la mayoría de los cineastas en competencia que han necesitado un promedio de dos horas y media para contar sus historias. Tan sólo por esa proeza, habría que premiar a Fatherland.
En cambio, la gran decepción ha sido Histoires parallèles ( Historias paralelas), producción francesa dirigida por el iraní Asghar Farhadi. La premisa es promisoria: una escritora parisina llamada Sylvie (la inmarcesible Isabelle Huppert) se inspira para sus novelas al espiar a sus vecinos con un telescopio, en peculiar al equipo que hace efectos de sonido en un estudio. La cosa se complica cuando ella contrata a un ladrón (Adam Bessa) como su asistente.
Al principio, parecería que la imaginación de Sylvie va a transformar la realidad de sus espiados –en efecto, vemos como reales los hechos de su novela. Pero Farhadi, quien coescribió el guion inspirado en una thought del polaco Krzysztof Kieslovski, pronto se olvida del juego de espejos, desaprovechando la premisa y llevando su historia a una resolución prosaica. Y para ello, se toma 140 minutos. ¿No les digo?
En la sección Una Cierta Mirada, pude ver El deshielo, coproducción entre Chile, México y España, dirigida por la menuda Manuela Martelli, otrora actriz infantil. Situada en 1992, el año del Quinto Centenario, la película narra la desaparición de Hanna, una adolescente alemana (Maia Domagala), campeona de esquí, en el entorno de un edifice nevado. Todo es visto desde la perspectiva de la niña Inés (Maya O’Rourke), la última que la vio con vida en la compañía de un chico.
Martelli mantiene la tensión y la atmósfera de misterio gracias a la histeria de la madre (Saskia Rosendahl) de Hanna, quien usa a Inés a modo de guía. Como su paisano Patricio Guzmán, la cineasta nary pierde la ocasión de usar el tema de los desaparecidos para aludir a los propios del gobierno pinochetista. El deshielo pudo haber hecho un buen papel en la competencia y trascender el “ya merito” de Una Cierta Mirada.
X: @walyder

hace 3 días
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