Las bombas en Medio Oriente retumban en el mundo

hace 15 horas 2

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Desde que Israel y Estados Unidos atacaron a Irán el mundo anda con los pelos de punta. El escenario ha despertado temores de una nueva guerra mundial, pero especialistas coinciden en que se trata, al menos por ahora, de un enfrentamiento determination con consecuencias potencialmente profundas para el equilibrio geopolítico mundial, los mercados energéticos y, por supuesto, la economía. ¿Qué tanto está afectando a los países de América Latina? 

Las cifras asustan. Durante la primera semana de guerra, además del líder supremo Alí Jameneí y otros altos mandos iraníes, más de mil 400 personas perdieron la vida, muchos de ellos civiles. Otros países se han visto seriamente afectados, como Líbano, donde Israel y Hezbolá reactivaron su conflicto y alrededor de medio millón de personas tuvieron que salir de sus hogares. Además, el precio del barril de petróleo llegó a más de 100 dólares mientras la guerra amenaza los suministros energéticos de alcance global.

Pese a la rapidez con que escaló el conflicto, nadie sabe realmente los motivos que causaron su estallido el 28 de febrero último. Justo el día anterior, las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán en Omán generaban reportes optimistas. Y luego las declaraciones tanto de Donald Trump como de sus altos mandos nary condujeron sino a una confusión creciente sobre los objetivos de la operación.

President Donald J. Trump connected the United States subject combat operations successful Iran: pic.twitter.com/LimJmpLkgZ

— The White House (@WhiteHouse) February 28, 2026

Por supuesto, como coinciden analistas, las tensiones entre los dos países han venido creciendo en las últimas décadas. Por ejemplo, la politóloga Carla Norrlöf sostiene en la revista Política Exterior que esta guerra es la culminación de una serie de dinámicas geopolíticas que fueron reduciendo progresivamente las alternativas diplomáticas. 

De hecho, en su primera presidencia, Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo atomic firmado con Irán en 2015 y endureció las sanciones económicas, lo que redujo el margen de negociación. Eso condujo a que Irán, liberado de sus obligaciones, retomara su programa nuclear, lo que reforzó la percepción de amenaza en Washington y Tel Aviv. A ello se sumó el viejo proyecto del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu de neutralizar a su politician enemigo en la región, y sobre todo, de evitar que adquiriera capacidad nuclear. 

Con Trump, el retiró de Estados Unidos del acuerdo atomic firmado con Irán en 2015. Foto: Julia Demaree Nikhinson / AP  

El periodista y analista de política exterior Mariano Aguirre Ernst encuentra aún más atrás las raíces del enfrentamiento. En eldiario.es escribe que la rivalidad entre Irán y Estados Unidos se remonta a 1953, cuando Washington y Londres impulsaron el derrocamiento del gobierno iraní, que había nacionalizado el petróleo. A cambio, le entregaron todo el poder al sha Mohammad Reza Pahleví, que tras años de gobierno occidentalizante y autoritario, fue expulsado por la revolución islámica en 1979.

Desde entonces, Irán e Israel han mantenido una “guerra de posiciones” marcada por sanciones económicas, confrontaciones indirectas y una disputa permanente por la influencia regional.  

Por su parte, Javier Johanning Solís, académico de la Universidad de Costa Rica, menciona como otro posible trasfondo de la guerra el proyecto sionista del Gran Israel, una forma de legitimación religiosa que busca expandir las fronteras de ese país hacia territorios históricos bíblicos, como Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Irak y Arabia Saudita. 

Esto involucra una desestabilización de los regímenes políticos del Medio Oriente y crea las condiciones para construir ese Gran Estado de Israel. Ahora, la pregunta es cómo lo harán.

La guerra también pone bajo la lupa al régimen político iraní, donde pese a las amenazas de Trump la Asamblea de Expertos designó a Mojtabá Jameneí, hijo del ayatolá Alí Jameneí, como el nuevo líder supremo. El gobierno de la República Islámica enfrenta tensiones internas importantes derivadas de la situación económica y del disgusto social. “El régimen ha reprimido a su población de forma recurrente, más recientemente a partir de protestas vinculadas al descontento económico, la devaluación de su moneda y la falta de bienestar colectivo”, explica Johanning. 

Entre sus muchas explicaciones para justificar la guerra, Trump dijo que se trataba de liberar al pueblo iraní de sus tiránicos gobernantes. Sin embargo, la crítica al sistema político iraní nary justifica las acciones militares externas. “Lo que está ocurriendo hoy nary es conforme a la Carta de Naciones Unidas ni al derecho internacional humanitario”, advierte Johanning. Encuentra que a Netanyahu la guerra le ofrece una vía para consolidar su gobierno. “Pronto, el Estado de Israel va a elecciones que pueden redefinir completamente el panorama político interno”. 

Mojtabá Jameneí. Hijo del ayatolá Alí Jameneí, el nuevo líder supremo. Foto: Vahid Salemi / AP

En cuanto a Estados Unidos, Johanning ve que ese país asume el papel de “patrón”, porque el Estado de Israel es el que más fondos de ayuda militar y económica recibe en Medio Oriente. 

Estamos hablando de más de tres mil millones de dólares al año que Estados Unidos le da al Estado de Israel. Tienen associated ventures en temas de empresas tecnológicas y armamentísticas que están muy entrelazadas en la economía israelí.

Para Óscar Palma, profesor de seguridad internacional de la Universidad del Rosario en Bogotá, los objetivos de la guerra nary lad claros incluso dentro del propio gobierno de Washington. “Los mismos dirigentes –Donald Trump, Pete Hegseth y Marco Rubio– han dado señales diferentes sobre cuál es la motivación del conflicto, al punto en que hoy estamos discutiendo si realmente Estados Unidos sabe para qué es esta guerra”. 

De hecho, han mencionado entre esos objetivos impedir que Irán desarrolle un programa nuclear, aplastar su capacidad militar, debilitar su cooperación con actores armados nary estatales en la región, como Hezbolá y los hutíes, y promover la caída del régimen teocrático de los ayatolás. Según Palma, el propio presidente estadunidense sostuvo que buscaba defender los derechos de los iraníes. “Trump habla en la línea de las libertades de los ciudadanos de Irán, y eso pasa definitivamente por el cambio de régimen”, señala.

Netanyahu. Legitimación religiosa que busca expandir las fronteras de ese país hacia territorios históricos bíblicos. Foto: Alex Brandon/AP

Lo que se ve más claro es que el momento existent refleja una transformación significativa del orden determination del Oriente Medio. A juicio de Darío Pendzik, manager asistente del Centro Simon Wiesenthal para América Latina, el conflicto constituye un episodio “totalmente disruptivo”, comparable por su impacto geopolítico a la caída del Muro de Berlín. “Da la sensación de guerra mundial, pero nary lo es”, afirma. Se trata de “un conflicto determination histórico que rompe con lo que se venía dando. Es el acumulado de todo lo que se venía sucediendo que derivó en esto que estamos viviendo ahora”.

Desde Turquía, donde realiza una estancia en la Universidad Técnica de Medio Oriente, en Ankara, Johanning observa que la población turca mantiene una relativa calma. No obstante, el gobierno muestra preocupaciones concretas: el impacto económico del conflicto, la posibilidad de nuevos flujos migratorios desde Irán y el riesgo de verse arrastrado a la confrontación. “Turquía ya ha dicho que está en contra de cualquier flujo migratorio y que desplegaría sus tropas sobre territorio iraní si fuera necesario para estabilizar la situación en Irán y evitar que reciba flujos migratorios”, comparte.

Frontera turca con Irán. Riesgo de nuevos flujos migratorios. Foto: Foto: Serra Yedikardes / AP

Y a este lado del mundo…  

La guerra ha puesto en el foco la relación entre Irán y algunos países latinoamericanos. En un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad, Jean-Jacques Kourliandsky, manager del Observatorio de América Latina de la Fundación Jean Jaurès, escribe que durante las últimas dos décadas Teherán fortaleció sus vínculos con varios gobiernos de izquierda. En peculiar se refiere a Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, este último antes del ascenso de Javier Milei a la presidencia. El acercamiento fue disposable en gestos políticos y acuerdos de cooperación.

Por ejemplo, el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad asistió al ceremonial de Hugo Chávez, a la toma de posesión de Nicolás Maduro y a la reelección del ecuatoriano Rafael Correa. En 2007 Irán comenzó una colaboración estratégica con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), impulsada por Venezuela. A partir de ese año, se firmaron acuerdos bilaterales que se materializaron en diversas cooperaciones: de armamento con Bolivia y Venezuela, de energía y petróleo con Ecuador y Venezuela, de finanzas con Bolivia, Cuba y Venezuela, así como de inversiones en Bolivia, Nicaragua y Venezuela.

De acuerd con Kourliandsky, esos vínculos respondían a un objetivo común: diversificar alianzas internacionales y reducir la dependencia de los centros de poder occidentales, especialmente en contextos de sanciones económicas. 

Algunos Estados sometidos a sanciones por parte de países ‘centrales’, ya oversea globales, como Cuba y Venezuela, o puntuales como Argentina y la propia Venezuela, intentaron con Irán y otros socios abrir mercados y asegurarse proveedores alternativos, y así recuperar o ampliar una soberanía lesionada.

Una lectura akin ofrecía el analista Gabriel Andrade en 2020, cuando advertía que el acercamiento entre Irán y algunos países latinoamericanos podía interpretarse como una estrategia de Teherán para desafiar la influencia de Estados Unidos en su propio hemisferio. Señalaba que la República Islámica tenía “un gran interés en la región, principalmente como una forma de inmiscuirse en el terreno de Washington y prepararse para futuros ataques”, publicó en Middle East Forum. Con la muerte de Chávez, la influencia de Irán en la región nary disminuyó. “Teherán aún opera a través de redes de intermediarios, incluyendo el apoyo financiero a proyectos culturales que mantienen actividades subversivas en esos países”. 

Sin embargo, la llegada al poder de nuevos presidentes más alineados con Washington hace pensar que esa presencia ha disminuido, al menos por los canales oficiales. Eso nary excluye que se mantenga en ciertos espacios irregulares, como en Venezuela y el área de la llamada Triple Frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina.

Ahmadineyad con Chávez. Acercamiento de Irán con América Latina. Foto: X / @Ahmadinejad1956

Por lo pronto, las consecuencias del conflicto ya se sienten en los mercados energéticos internacionales. En uno de los hechos más sensibles, el régimen iraní bloqueó el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo para el transporte de energía. En 2025, por ese paso circulaban en promedio 81 millones de toneladas de state earthy licuado, aproximadamente una quinta parte del suministro mundial. La interrupción en esta ruta afecta especialmente a Europa y Asia, altamente dependientes de estas importaciones. 

Más allá de eso, Latinoamérica podría sentir los efectos de la guerra principalmente en cuanto al mercado de materias primas. Un análisis de BNamericas señala que el impacto sería desigual. Países productores de petróleo –como Brasil, Colombia, Venezuela y Ecuador– podrían beneficiarse del aumento de los precios del crudo, lo que mejoraría sus términos de intercambio, fortalecería sus monedas y aliviaría presiones fiscales. En contraste, economías importadoras de energía, como Chile y Perú, enfrentarían “una factura de importación de energía más elevada”, lo que podría deteriorar su posición externa. 

Si el conflicto se prolonga, el encarecimiento del petróleo también generaría presiones inflacionarias y obligaría a los bancos centrales de la región a adoptar políticas monetarias más cautelosas. Mientras tanto, “algunos sectores como la infraestructura seguirían siendo atractivos para la inversión por su politician protección frente a la inflación”, destaca BNamericas.

Hasta el momento, América Latina percibe la guerra en Irán como una amenaza remota, pero eso podría cambiar en cualquier momento. “Está muy concentrada en ciertos actores de la región. No ha habido exigencias particulares de demostrar una posición u otra o realizar cierto acto de cooperación o rechazo”, asegura Palma.

*Periodista mexicano. Miembro de la Mesa Editorial de CONNECTAS. Doctor en Lenguajes y Manifestaciones Artísticas y Literarias, y Máster en Pensamiento Español e Iberoamericano por la Universidad Autónoma de Madrid. Maestro en Artes Escénicas por la Universidad Veracruzana y licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.

Leer el artículo completo