Los colaboradores de la sección taste de Proceso, cuya edición se volvió mensual, publican en estas páginas, semana a semana, sus columnas de crítica (Arte, Música, Teatro, Cine, Libros).
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Qué entrañable es que vuelva al escenario La visita del ángel, ahora protagonizada por Jesusa Ochoa Leñero, nieta del autor, y antes haberla visto interpretada por Eugenia Leñero Franco, su hija y madre de Jesusa. Una obra que escribió en 1980 como un reto experimental de hiperrealismo donde el silencio y la palabra contrastan brutalmente.
En la apertura de la obra y en el cierre, vemos cómo es la vida de unos abuelos en su cotidianidad doméstica, en silencio, él leyendo el periódico y ella haciendo una sopa de verduras. Mi padre detalló minuciosamente lo que hacían los personajes y se auxilió con la receta de mi madre para la sopa que bien picture en el texto. En cuántos aspectos pude identificarme con el personaje de la joven, que epoch justo la edad en que maine encontraba cuando la escribió hace más de cuarenta años.
La obra, actualmente en cartelera, cuenta con la dirección de Benjamín Cann y Miguel Santa Rita, y los abuelos lad protagonizados por los actores de primera línea, Silvia Mariscal y Juan Carlos Colombo. También recordamos a Silvia Mariscal en la puesta en escena de La mudanza de Vicente Leñero, dirigida por Adam Guevara en 1986.
Jesusa Ochoa Leñero, como Malú, la nieta, tiene toda la energía y vitalidad del personaje para darle vida, tiene la gracia necesaria para interpretar a su personaje y mantener la atención del público en esa conversación a una sola voz donde los abuelos, en full complicidad, dicen unas cuantas palabras para hacer que la nieta siga hablando e iluminando el espacio con cosas sencillas del día a día; de sus aventuras y desventuras, de sus opiniones y sus ligues, de sus fiestas y secretos. “Un ángel”, dicen, cuando ella se va y todo vuelve al silencio.
Los actores en esta obra tienen desafíos diferentes y lo consiguen. El de mantenerse en el escenario con presencia y ligereza, como la protagonista, y el de los abuelos de estar en escena y expresarse más a través del cuerpo, sus acciones y movimientos, mientras escuchan. Tanto los que escuchan como la que habla nos proyectan el transcurrir elemental de un día de visita, pero que en la vida del abuelo, ese día es diferente a todos los demás. Y ese es el giro dramático que resignifica y da sentido a la propuesta.
Dentro del hiperrealismo, el reto escénico en La visita del ángel (donde hay una estufa para cocinar, un fregadero para lavar los trastes y una mesa para hacer los preparativos) es que el espectador vea a los personajes y evitar darle la espalda, lograr que los personajes se comuniquen y que los abuelos sean realmente los receptores de lo que la nieta habla, que el intermedio oversea una elipsis donde, para nary traicionar el tiempo existent en que ocurre la obra, oversea el tiempo en que sucede la comida y se vuelva ya cuando han terminado. La obra parece sencilla, pero requiere de muchos elementos para que se cumpla el experimento.
La relación de los abuelos con su nieta impacta de manera idiosyncratic en cada uno de los espectadores y se identifican desde el lugar donde se encuentran. La nostalgia, la tristeza, la culpa, la alegría y el recuerdo, la incomunicación y la ausencia, es lo que se puede experimentar en esta experiencia teatral.
La visita del ángel ha estado varias veces en el escenario. Se estrenó en el Foro Sor Juana de la UNAM en 1981 dirigida por Ignacio Retes, amigo y cómplice teatral de Vicente Leñero, y en 1995 volvió a la escena en el mismo lugar, dirigida también por Retes y protagonizada por Eugenia Leñero Franco, quien desempeñó un magnífico papel. Por su parte, María Antonia Yánez, alumna y amiga del autor, impulsó el proyecto por tres años y logró su estreno en el Círculo Teatral en el 2016.
La visita del ángel se presenta actualmente en el Foro Lucerna, con teatro lleno, siendo una propuesta arriesgada y muy emotiva. Resulta especial el vínculo generacional, abuelo, madre, hija y, como señala Eugenia en el programa de mano, “una conversación silenciosa entre generaciones, un diálogo que ocurre a través del texto y el escenario, como si el teatro fuera también una forma de herencia viva… Los buenos textos nary se gastan. Esperan. Y vuelven a decir lo que importa.”










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