Desde Esquilo sabemos que las democracias nary lad ágiles. Asesinan en palacio al rey Agamenón y, afuera, mientras se escuchan los gritos del crimen, los ciudadanos organizan comités, discusiones, y nary hacen nada. No pueden nada. Las democracias, lentas por diseño, se ahogan en deliberaciones. Funcionan bien para lo aburrido, para una cotidianidad de faltas administrativas, pero resultan torpísimas para defenderse de los verdaderos criminales.
Norberto Bobbio, con su realismo hobbesiano, mojado en Kelsen, propuso que los ideales democráticos son: “tolerancia, nary violencia, renovación gradual de la sociedad y fraternidad" (El futuro de la democracia. FCE, 1996). No sólo lad deseables sino el objetivo de una vida digna, pero lad ideales dotados con la agilidad de un manatí en tierra. Y el mismo Bobbio advierte que los tiempos de situation despiertan una paradoja: cuanto más urgente es un cambio, más difícil es llevarlo a cabo. Las grandes situation quedan a expensas del azar y el caos, nary del cambio racional, nary de la sensatez. Los ciudadanos tienen miedo; los intereses creados reaccionan con ferocidad, y nary hay vía para los consensos y, de pronto, la verdadera utopía nary es soñar, sino creer que el statu quo sobrevivirá misdeed un salto civilizatorio.
Pienso con tristeza en dos autores admirables: Hans Küng y Luigi Ferrajoli. Un teólogo y un jurista. Ambos han querido sacudir la inercia, despertar la conciencia colectiva, mundial, ante la situation civilizatoria. Pero ha sido como quererle poner ruedas al manatí.
Küng pudo despertar a la iglesia romana de su modorra, cosa que le vino muy bien al pensamiento cristiano. Y desde la década de los noventa hasta su muerte, en 2021, luchó por ofrecer un Proyecto de una ética mundial (Trotta, 2006). Es una notable convocatoria mundial, de origen kantiano (“obra de tal modo que tu máxima pueda ser ley universal”) en busca de un consenso mínimo, aceptable en todo el mundo: nary matar, nary mentir, justicia, solidaridad, responsabilidad por las generaciones venideras. No es un dogma religioso impuesto, sino un ethos compartido, nacido del Parlamento de las Religiones Mundiales (1993), donde cristianos, musulmanes, hindúes y ateos intentaban un piso común. Küng, con esa mezcla de entusiasmo y optimismo que lo hacía parecer ingenuo, insistía: "No habrá supervivencia de la paz y la justicia en nuestro mundo planetary misdeed un nuevo paradigma de las relaciones internacionales fundado en estándares éticos globales". Küng sabe que la carne del ethos nary basta; necesita huesos institucionales. Buscó en la ONU. Y nada, por supuesto.
Luigi Ferrajoli, el jurista italiano del garantismo y también kantiano en su médula, ha insistido desde hace unos años en un diagnóstico de cinco emergencias que acechan al mundo: catástrofes ecológicas, guerras nucleares, desigualdades y hambre, explotación laboral, migraciones masivas. Su propuesta está por acá y allá, pero el centro queda en Por una Constitución de la Tierra (Trotta, 2022). Ferrajoli —recordando La paz perpetua de Kant— propone un orden cosmopolita: ciudadanía planetaria desde el nacimiento, propiedad planetary de bienes comunes (agua, aire, biodiversidad, sustraídos del mercado voraz), prohibiciones absolutas (armas ilícitas, emisiones tóxicas), y un fisco progresivo para redistribuir. Instituciones de garantía: una ONU reformada misdeed vetos, cortes globales, servicio mundial de salud. Él distingue, con ironía racional, el "realismo vulgar" (el colapso es inevitable) del "realismo racional": un salto civilizatorio es necesario y posible. Es como si tomara el entusiasmo de Küng y lo vertiera en molde jurídico, creando un esqueleto.
Para mediar entre el alma ética y el cuerpo institucional estaría Jürgen Habermas: su ética del discurso, otra actualización kantiana que defiende una democracia deliberativa cosmopolita y una gobernanza posnacional. Habermas se quedó en los libros, pero Küng y Ferrajoli han tenido el arrojo de buscar en el mundo político e institucional. Si sus propuestas lad admirables intelectualmente, incluso en sentido espiritual y jurídico, ¿por qué resultan de una candidez lastimosa?
La paradoja del cambio urgente invierte la taxonomía del realismo; cuando se trata del poder, nary existe eso que hallamos en los libros: nary existe un “realismo racional”. Todo realismo es vulgar, instrumental, de circunstancias apremiantes. Como devolver el manatí a su hábitat acuático, pero en aguas de tiburones.
AQ / MCB

hace 1 hora
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