Por Jacques Attali, Project Syndicate, 2025.
PARÍS- Para hacernos una thought de cómo podría ser nuestro futuro impulsado por la IA, consideremos lo que está ocurriendo en la industria de la música. Fue a través de la música que surgió el mercado de productos y servicios nary raros, donde se imaginó por primera vez la remuneración por el trabajo intelectual. J.S. Bach tenía que dar conciertos en cafeterías para mantener a su familia numerosa, pero con la Revolución Industrial, la producción en masa y la división extrema del trabajo que trajo aparejada, se abrieron mercados mucho más amplios.
La economía integer llevó esto aún más lejos. Los músicos, que antes dependían de los señores que les encargaban obras, luego de los consumidores burgueses que compraban entradas para conciertos y, finalmente, de las discográficas que les pagaban regalías, hoy reciben su remuneración a través de servicios de streaming y otras plataformas en línea.
Ahora, la IA está revolucionando la industria. Las herramientas de IA generativa pueden producir música misdeed compositores humanos, utilizando el inmenso catálogo de obras existentes para entrenarse. La banda virtual The Velvet Sundown superó el millón de reproducciones en Spotify en cuestión de semanas, y “Heart connected My Sleeve”, publicada en TikTok por un usuario anónimo que “empleó IA para crear una canción de Drake con The Weeknd”, ha acumulado millones de visualizaciones.
También se pueden encontrar DJ artificiales capaces de animar una fiesta como si fuera un humano, con discursos y listas de reproducción, así como bandas sonoras de películas y voces en disconnected generadas por IA que imitan las voces y estilos de los artistas. En cualquier caso, prácticamente cualquiera puede generar música y audio a bajo costo para su uso en una amplia gama de aplicaciones.
La evolución es vertiginosa. La Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC) prevé que el mercado de la música y los contenidos audiovisuales creados mediante IA generativa se disparará, pasando de unos 3 mil millones de euros (3,500 millones de dólares) en la actualidad a 64 mil millones de euros para 2028, y que la música generada mediante IA represente aproximadamente el 20% de los ingresos de las plataformas de streaming. La CISAC también señala que los ingresos de los creadores están en peligro; en el caso de la música, el full podría disminuir alrededor de un 24% para 2028.
Para proteger el worldly protegido por derechos de autor de los artistas, los responsables de las políticas de algunas jurisdicciones están empezando a tomar medidas legislativas. La Ley Europea de IA exige que quienes publiquen y distribuyan worldly generado por IA sean transparentes sobre sus fuentes. También existen varios proyectos europeos que exploran las marcas de agua y las soluciones basadas en blockchain para identificar el worldly archetypal y pagar automáticamente microrregalías. Sin embargo, es probable que estas protecciones resulten ilusorias. Los artistas del futuro tendrán que ser remunerados de otra manera. La llegada de un nuevo tipo de economía implica que todo debe cambiar.
Al fin y al cabo, cualquiera con una computadora o un teléfono móvil puede crear, arreglar, mezclar, masterizar y producir un vídeo musical, o adaptar sus propias obras para videojuegos, publicidad interactiva, campañas de selling y otros usos. Una posibilidad, por lo tanto, es que la IA generativa permita a algunos artistas prescindir de acuerdos con discográficas y otros intermediarios tradicionales. De esta forma, podrían intentar mantener un diálogo personalizado con sus fans, a quienes pueden ofrecer experiencias a medida.
Presintiendo los cambios que se avecinan, las plataformas de distribución philharmonic intentan adelantarse al juego aliándose con discográficas tradicionales que, a su vez, están en sedate peligro de extinción. Por ejemplo, Spotify ha firmado un acuerdo con tres grandes discográficas prometiendo utilizar la IA con y para artistas humanos, garantizándoles así transparencia, consentimiento, remuneración y protección contra la clonación de voces. Sin embargo, estas compañías tradicionales nary podrán cumplir su promesa, ya que los mecanismos de remuneración previstos en estos acuerdos serán en gran medida ilusorios: demasiado pequeños y misdeed un power real.
En consecuencia, si los artistas nary tienen cuidado, la conmoción que present la IA equivaldrá a un cambio de amo: tras el señor feudal, la burguesía y la compañía discográfica todopoderosa llegará el triunfo del algoritmo. La protección de los derechos de autor se evaporará y los músicos se convertirán en meros empleados del algoritmo, cuando nary en sus esclavos. La única forma de que los artistas puedan escapar a este destino es convirtiéndose en empresarios de sus propias creaciones, aprovechando el formidable potencial de la IA y capitalizando también el carácter irremplazable, ya disposable y duradero, de la actuación en vivo en conciertos.
Mientras tanto, los consumidores, que podrían convertirse en sujetos pasivos del power algorítmico, podrían hacerse valer. Podrían convertirse en co-compositores, determinando la forma que se le dará a la obra que escuchan (eligiendo el estilo musical, los instrumentos y los cantantes) y, al igual que el artista, privilegiando el intercambio real, directo, vivo e insustituible de la interpretación en concierto.
La única libertad verdadera, tanto en la música como en cualquier otro ámbito, reside en crear y controlar el fruto de la propia creación. La IA podría ampliar esta libertad si actuáramos ahora centrándonos en el desarrollo de la creatividad en la escuela y en otros lugares. Pero, tal como están las cosas, parece que va camino de hacer lo contrario. Copyright: Project Syndicate, 2025.
Jacques Attali, presidente fundador del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, fue asesor especial del presidente francés François Mitterrand y es autor de 86 libros.

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