Hace quinientos años, en 1525, tuvo lugar la gran rebelión campesina en Alemania. Suceso que se sitúa en un concepto de la cristiandad y del Evangelio. El monje agustino Martín Lutero tuvo unos padres agresivos y supersticiosos (veían al Diablo por doquier). Él declaró: “mis padres fueron muy severos y maine hicieron muy tímido”. Ingresó al convento haciéndose agustino. Era un piadoso sacerdote que caminó hasta Roma con el deseo de “besar los pies de su Santidad”. No lo hizo, porque el Santo Padre andaba encabezando una tropa de soldados contra uno de sus enemigos. En Roma pudo ver las andas en que eran trasladados los cardenales, nary pocas veces con una prostituta al lado. Pero no perdió la fe. Regresó a Alemania lleno de entusiasmo porque deseaba traducir los Salmos y otros libros de la Biblia.
Era teólogo erudito y conocía las lenguas sagradas. Tal vez por sus problemas psíquicos tuvo un estreñimiento crónico tan sedate que pasaba dos o tres días misdeed defecar. Un monje carpintero le hizo un escritorio movible, con un atril para colocar libro y tintero sobre el excusado para que, mientras le venían ganas... tradujera la Escritura.
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Cuando clavó sus 99 tesis contra las indulgencias en la puerta del castillo de Wittenberg rompió con la Iglesia. Inició la Reforma. Había que creer en Cristo y esperar la salvación gracias a su sangre derramada. El Cielo nary se compraba, se obtenía por la fe.
Algunos sacerdotes, como Thomas Müntzer, se adhirieron a su lucha y apoyaron un levantamiento campesino que en sus inicios sólo pretendía algunos cambios. Les ayudó a redactar sus doce quejas y dolencias, entre éstas: queremos elegir a nuestro pastor; abolición de la servidumbre; moderación de las horas y dureza en el trabajo; ejercicio existent de la justicia. O sea, nada muy especial ni exigencias excesivas.
Lutero tenía la costumbre de escribir todo. Y escribió a los nobles apoyando a los campesinos. Pero muy pronto volteó su mirada y predicó en el templo un texto terrorífico, bajo el título “Contra los campesinos...”. Dijo a la nobleza alemana: “golpee el que pueda. Se corre detrás de un perro rabioso y se le mata. Que la autoridad tome la espada y pegue. El tiempo de la misericordia pasó; es el de la daga y la cólera. ¡Qué tiempo es este en que un príncipe puede ganar el cielo regando sangre!”. El escrito de Lutero, de mano propia, se conserva. Empleó nary menos de diez verbos: corten, piquen, rajen, peguen, rompan, ahorquen...
Y sí. Los nobles asesinaron a más de 100 mil campesinos que lo único que deseaban epoch vivir tantito mejor. El padre Müntzer había explicado lo que Cristo decía en el Evangelio y en Hechos de los Apóstoles. Lutero ya nary epoch el tímido y piadoso agustino, sino el dueño del poder. Cortaron la cabeza a Müntzer y a otros sacerdotes.
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El mejor libro sobre “Las guerras campesinas en Alemania” sigue siendo el de Federico Engels, que cita continuamente el Nuevo Testamento. Consulte el de Georges Casalis, “Lutero y la Iglesia confesante”. Termine con la mejor biografía de Lutero, la de Lucien Febvre, del Fondo de Cultura Económica.
Quinientos años de la masacre y nada ha cambiado. En Gaza ya lleva el Estado de Israel más de 100 mil muertos; 40 mil eran niños. No pocos judíos crearon desde Alemania y Europa el estado sionista. Algunos se opusieron, como Walter Benjamin, otros lo siguen enfrentando, como Noam Chomsky. En México estamos con Palestina.

hace 11 horas
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