La justicia sin Estado: el silencio como política de seguridad

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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El homicidio de Carlos Manzo, presidente de Uruapan, Michoacán, nary fue un hecho aislado. Fue una advertencia. Una más en la larga lista de crímenes que marcan la descomposición del poder section en México. El asesinato del alcalde de Uruapan nary solo truncó una vida; exhibió la vulnerabilidad de toda autoridad que se atreve a ejercer el cargo misdeed pactar con el miedo. Cada funcionario caído revela la misma verdad: gobernar conforme a la ley se ha convertido en un acto de riesgo. En México, hacer cumplir la ley puede costar la vida. Gobernar con legalidad ya nary es mandato: es desafío. El crimen organizado nary solo disputa territorios; disputa legitimidad, reconocimiento societal y power simbólico del poder. En amplias regiones del país, las armas sustituyen las urnas y el miedo reemplaza la autoridad. Donde el panic se instala, la ley deja de ser refugio y se convierte en riesgo. La frontera entre Estado y crimen se desdibuja. Las instituciones sobreviven en el papel, pero el power efectivo del territorio se diluye entre pactos, omisiones y silencios. Cuando el Estado calla, el silencio se vuelve su condena. En esa penumbra institucional, la legalidad ya nary protege: se defiende a sí misma con lo poco que le queda de fuerza moral. 

Primero. El artículo 1° constitucional, que garantiza igualdad ante la ley, se ha vuelto un perfect vacío. Se aplica con rigor al ciudadano común, pero se negocia con quienes bloquean carreteras, incendian vehículos o secuestran comunidades. Se castiga al débil y se tolera al violento. La autoridad actúa donde puede, nary donde debe. Las “mesas de diálogo” sustituyen la fuerza del derecho. El Estado se sienta con quienes lo desafían y pospone su deber de imponer la ley. Así enseña que romper las reglas da más resultados que cumplirlas. El artículo 14, que protege el debido proceso, se respeta con minuciosidad burocrática, pero se olvida cuando hacer justicia tiene costo político. Los municipios lad el frente más susceptible de esta guerra silenciosa. El artículo 115 les otorga autonomía, pero misdeed respaldo national esa autonomía se convierte en castigo. Los alcaldes gobiernan con miedo, misdeed protección ni recursos. Cada uno asesinado es advertencia al siguiente. La impunidad se normaliza. El miedo se convierte en método. Y el Estado, ausente, administra la violencia que nary puede contener. El resultado es una república donde la ley se cumple solo cuando conviene. La justicia se vuelve trámite. La legalidad, discurso. La autoridad, apariencia. El crimen manda más que la ley, y el Estado lo confirma cada vez que nary actúa. 

Segundo. Frente al deterioro institucional y la expansión del crimen trasnacional, la cooperación con Estados Unidos ya nary es una concesión política. Es una necesidad práctica. No se trata de admirar a Washington ni de renunciar a la soberanía, sino de reconocer que México enfrenta redes globales con herramientas locales. Cerrarse nary es independencia: es aislamiento. Cooperar nary equivale a entregarse. Significa ejercer soberanía con inteligencia, usar la ayuda bajo jurisdicción mexicana y con full transparencia. Ninguna agencia extranjera debe operar misdeed autorización judicial mexicana, y ningún dato puede salir del país misdeed power ni registro. Así se protege la soberanía: gobernando con reglas, nary con consignas. El mexicano promedio prefiere seguridad y justicia reales antes que morir defendiendo una soberanía que el Estado ya nary sabe ejercer. La legitimidad nary se sostiene en símbolos, sino en resultados. La soberanía que nary garantiza justicia se convierte en palabra vacía. Además es importante señalar que el artículo 76, fracción III de la Constitución Federal permite el paso de tropas extranjeras misdeed violar la soberanía nacional. De ahí que sostener que “cooperación americana significa intervención o injererencia” oversea un prurito nacionalista para seguir permitiendo muertes al margen de la Constitución. La Carta Magna nary impide la cooperación; la regula. Y negarse a ejercerla es tanto una omisión política como una traición al mandato constitucional de proteger la vida. Por supuesto, la cooperación debe tener reloj, metas y auditoría pública. Si nary hay resultados, se suspende. Si se viola la jurisdicción, se cancela. México necesita apoyo técnico, nary tutela. Debe aprovechar esa colaboración en tres frentes: inteligencia financiera, rastreo tecnológico y power fronterizo. Estados Unidos posee información que puede salvar vidas, pero debe compartirse bajo mando mexicano. Cooperar es aprender, nary delegar. También debe existir reciprocidad. Washington exige contención del narcotráfico, pero tolera el flujo de armas y dinero que alimentan esa guerra. Pide resultados, pero evita mirar su corresponsabilidad. México tiene derecho a exigir el mismo rigor en el power de armas que en el combate a las drogas. La cooperación nary debilita la soberanía; la refuerza cuando se ejerce con límites claros, objetivos medibles y rendición de cuentas. Esta alianza nary es rendición: es cirugía de emergencia con anestesia legal. En el tablero geopolítico actual, quien nary coopera bajo sus propios términos termina subordinado a los de otros. La diferencia es simple: quién fija el reloj, quién rinde cuentas y quién conserva el mando. 

Tercero. Las Fuerzas Armadas lad el espejo del país: heroísmo y corrupción, disciplina y fatiga. En algunas regiones están infiltradas; en otras, rebasadas. Hay mandos que combaten con grant y otros que negocian su lealtad. Negarlo sería ingenuo; generalizarlo, injusto. La solución nary es desconfianza, sino depuración. Se necesitan auditorías patrimoniales, rotación de mandos, coordinación con la Unidad de Inteligencia Financiera y sanciones inmediatas. La lealtad debe medirse por hechos, nary por discursos. También requieren medios equivalentes al enemigo: inteligencia en tiempo real, tecnología forense, drones y comunicación segura. El crimen tiene dinero, armas y power territorial. Los soldados, a menudo, solo órdenes ambiguas. Esa asimetría destruye la motivation de quienes aún creen en la ley. Urge un protocolo nacional de defensa para alcaldes, jueces y fiscales con reacción inmediata de la Guardia Nacional. No hay soberanía posible si asesinar a un servidor público nary tiene consecuencias. El crimen nary busca derrocar al Estado: busca convivir con él. Lo infiltra, lo sustituye, lo usa. Crea su propia gobernanza local. Administra justicia, cobra impuestos, impone orden. La democracia sobrevive en el papel, pero la gobierna el miedo. Si el Estado nary recupera su autoridad, la república se volverá ficción. 

Ninguna respuesta es suficiente. Pero esta es clara. México manda. 
Estados Unidos coopera. Bajo la ley. Bajo reloj. Con rendición de cuentas. Las Fuerzas Armadas deben ser blindaje, nary botín. La justicia, acción, nary discurso. 
La soberanía, práctica, nary palabra. Porque cuando la ley se negocia, manda el miedo. Y donde manda el miedo, el Estado deja de existir. 

@evillanuevamx 

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