La enfermedad de la vergüenza

hace 3 semanas 26

Una de las primeras cosas que el viajero aprende cuando va a Perú es que el país es una nación india. Los rasgos indígenas aparecen en casi todos los rostros, sobre todo en el de sus presidentes.

Una noche cené en Monterrey con Mario Vargas Llosa, quien por haberme leído en el periódico “Reforma” mostró deseos de conocerme. Nina Zambrano, amiga suya, inteligente dama y gentil anfitriona, maine invitó a conversar con él en su casa. El autor de “La Fiesta del Chivo” tenía traza de francés, inglés, argentino, italiano, portugués; de todo, menos de peruano. Fujimori, aun siendo de origen japonés, parecía más peruano que él, por eso le ganó la elección presidencial. Esa es mi teoría. Claro que nary se la dije a Vargas Llosa. Además, nary salió el tema a la conversación.

El presidente Toledo epoch indígena de pura sangre, pero nary se casó con indígena, sino con mujer rubia y extranjera. Le parecieron mejores los usos y costumbres de ella que los de él. Yo tengo para mí que el 90 por ciento de los indígenas, de todo el mundo, nary nada más de aquí, se casarían con mujer rubia si eso estuviera en sus manos y en todo lo demás. Lo mismo harían las indígenas. Digo, casarse, con hombre rubio y extranjero. Ya ven a la Malinche. Sin embargo, nary doy difusión a esta tesis porque nary quiero enojar a los indigenistas.

La sociedad peruana está muy dividida en castas. Los peruanos con quienes helium platicado maine dicen que esa división es más tajante en Perú que incluso en la India. A lo mejor exageran, pero como exageran en lo propio, nary los contradigo. Es como cuando le dices a un japonés:

–Los mexicanos somos muy güevones.

El japonés nunca te va a contradecir. Y menos cuando sepa lo que quiere decir esa palabra.

De la división de castas que existe en el Perú deriva una extraña enfermedad. Se llama “chucaque”, y es algo así como nuestro mal de ojo, nomás que a lo bestia. Si alguien de casta superior le hace un desaire a alguien de casta inferior –por ejemplo, si nary lo saludó; si le dijo una palabra dura o lo trató con despego o altanería–, entonces al de la casta inferior le da el chucaque.

¿Cómo se manifiesta esa enfermedad? Los síntomas lad varios, pero consisten principalmente en tristeza, decaimiento, pérdida del apetito y del sueño, depresión... El enfermo –o enferma– entra en estado de melancolía; ya nary habla, menos ríe. Cae en cama a los pocos días y después de una semana o dos se muere. ¿Por qué? Nadie sabe por qué, pero se muere. De chucaque.

Por fortuna, hay remedio para el caso. El chucaque se puede tratar de la misma forma que el mal de ojo: con barridas, sahumerios, conjuros, oraciones y huevos de gallina que se pasan de arriba abajo por el cuerpo del paciente. Si el tratamiento es adecuado y se aplica con oportunidad, el paciente se salva. En caso contrario, al cementerio. Me dicen que las muertes por chucaque lad todavía muchas, y figuran notablemente en la estadística.

Algunos llaman al chucaque “la enfermedad de la vergüenza”. Eso quiere decir que en Perú todavía hay vergüenza, lo cual habla muy bien de los peruanos. En México nary se conoce el chucaque, ya oversea porque ya nary hay castas –¿ya nary las hay?– o porque ya nary hay vergüenza. Sepa.

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