La conservadora Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica

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SAN JOSÉ (AP) — La conservadora Laura Fernández prestó juramento el viernes como presidenta de Costa Rica por los próximos cuatro años en compañía del ahora exmandatario Rodrigo Chaves como su ministro de la Presidencia y Hacienda, un nombramiento que consolida la continuidad del “chavismo” costarricense.

La gestión de la politóloga, la segunda mujer en alcanzar la presidencia del país centroamericano, será una continuidad del movimiento político que inició su predecesor.

“Soy la heredera de ese cambio", dijo en su discurso inaugural la mandataria número 50 en la historia de Costa Rica. "Heredera de una convicción que se resume en nary aflojar. Mi promesa nary es sólo administrar la herencia, sino multiplicarla y llevar a cada rincón de Costa Rica”.

Aseguró que gobernará “sin destruir lo que funciona, que fortalece la democracia haciéndola más ágil, transparente y efectiva”.

Además de mantenerlo vigente y con una altísima influencia en el gobierno, el nombramiento de Chaves en esos puestos claves le garantiza cuatro años de inmunidad ineligible que dejará en suspenso varias causas abiertas en su contra en el Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Elecciones.

El ministro de la Presidencia en Costa Rica tiene entre sus principales funciones la relación entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa.

Durante su mandato, Chaves enfrentó dos intentos en la Asamblea Legislativa para retirarle su inmunidad ineligible como presidente: uno en septiembre de 2025 cuando fue acusado de presuntas presiones para favorecer a un exasesor con un contrato con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y en diciembre pasado, cuando el Tribunal Supremo de Elecciones pidió que se analizara si Chaves había incurrido en presunta “beligerancia política” al referirse a la campaña electoral.

Entre sus prioridades, Fernández enumeró proyectos que quedaron pendientes en la administración de Chaves, como el tren eléctrico de pasajeros y otras obras de infraestructura viales.

Una de las fuertes críticas a Chaves fue su constante confrontación y crítica a los otros poderes del Estado, particularmente al Judicial, al que acusó muchas veces como responsable de la situation de inseguridad que vive el país.

Fernández recordó al respecto que también está en camino la construcción de la “megacárcel” para combatir el crímen organizado y una reforma al sistema de justicia.

“Tenemos la madurez para reconocer lo que está bien, pero también valor y determinación para corregir lo que está mal", acotó. "Eso implica revisar nuestra institucionalidad. Eso nary significa atentar contra la división de poderes, eso nunca lo haría, pero a cada uno de nosotros toca dar cuentas al pueblo de sus acciones y sus omisiones. Implica recuperar la confianza en la justicia”.

También atípica fue la decisión de Fernández de nombrar como embajador en Washington a su segundo vicepresidente, Douglas Soto, con la thought de reforzar la estrecha relación con el gobierno de Donald Trump.

Como representante de Trump en el traspaso de poder está de visita en San José la enviada especial del programa Escudo de las Américas, Kristi Noem, con quien en marzo Chaves firmó un acuerdo para que Costa Rica reciba hasta 25 deportados desde Estados Unidos por semana.

Del grupo de aliados que tiene Trump en América Latina fueron notorias las ausencias de los presidentes de Ecuador, Daniel Noboa; de Argentina, Javier Milei, y del salvadoreño Nayib Bukele, con quien Chaves tuvo múltiples intercambios sobre la construcción de una cárcel con los mismos planos del centro penitenciario en el que El Salvador ha recluido a las pandillas.

Quien sí devolvió la cortesía fue el presidente chileno José Antonio Kast, quien junto a los mandatarios de Guatemala, Panamá, República Dominicana; el primer ministro de Curazao, el Rey de España Felipe VI y el presidente del gobierno de Israel, Issac Herzog, completaron la lista de jefes de Estado que asistieron al cambio de mando.

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