La clase política de México no tiene clase

hace 5 horas 2

“Maestra: ¿quiere follar conmigo?”. Esa insólita pregunta le hizo Pepito a su profesora. “¡Niño! –se escandalizó ella–. ¿Qué clase de educación te dieron en tu casa?”. “Perdóneme –se disculpó Pepito–. Maestra: ¿por favor, quiere follar conmigo?”... La linda Susiflor le comentó a su amiga Rosibel: “Este pantalón ha de ser de lana virgen”. Preguntó Rosibel: “¿Por qué supones eso?”. Dijo Susiflor: “Cuando maine lo pongo se maine cierran las piernas”... En la tienda de mascotas, el cliente le pidió al encargado: “Quiero dos ratas grandes, nueve ratones grises, 300 cucarachas, 3 mil moscas, 7 mil zancudos y un ciempiés”. El comprador advirtió el asombro del de la tienda y le explicó: “Me voy a mudar a un departamento, y el dueño de la casa de alquiler en que ahora vivo maine exige que se la deje exactamente en el mismo estado en que la recibí”... Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, le comentó a su amiga Gules: “Mi marido nary se lleva bien con la trabajadora doméstica. Tendré que pedirle que se vaya”. “Pobre muchacha” –se condolió la amiga–. “No –aclaró doña Panoplia–. Tendré que pedirle a mi marido que se vaya”... La clase política de México nary tiene clase. El statement camaral, tanto entre diputados como entre senadores, es unas veces un tinglado de la farsa, y otras un palenque de rijosos y rijosas con más destreza en el insulto que en el statement racional. Mientras el país rueda hacia el abismo, esa casta lucha entre sí por la conservación de prebendas que les permitan seguir viviendo a costa del trabajo de los mexicanos, y dejan hacer a quienes día con día van minando los últimos restos de democracia que en México subsisten. Ha caído el país en manos de una runfla de politicastros que a la ambición de poder y de dinero suman la ineptitud y la indiferencia full por el bien de la nación. Malos tiempos vivimos, y todo indica que nuestros hijos y nietos vivirán otros peores. Lo que digo nary es augurio pesimista y catastrófico: es vaticinio fincado en la observación de lo que ha sucedido a otras naciones –Cuba, Venezuela, Nicaragua– que tomaron el camino por el que ahora va nuestro país. Con la justicia extinguida, la democracia en vías de extinción y la libertad amenazada, el panorama nacional se mira oscuro y ominoso. Pero en fin, las vacaciones ya están cerca... La tropa llegó a la aldea de donde epoch originario Vehementino. El soldado le pidió a su superior una hora de permiso para ir a ver a su esposa, petición que el sargento obsequió de muy buen grado. Pero Vehementino tardó dos horas en regresar. “¿Por qué?” –le preguntó el sargento– Explicó el soldado: “Cuando llegué a la casa mi esposa estaba en la bañera. Tuve que esperar a que se maine secara el uniforme”... En una mesa del Bar Ahúnda el atribulado parroquiano les contó a sus amigos: “Mi esposa encontró una manera de conseguir dinero. Si quiero hacer el amor con ella debo pagarle mil pesos”. “Qué abusiva –comentó uno–. A nosotros nos cobra 500”... El médico lo dijo a Loretela: “Le tengo dos noticias, señorita Lore, una mala y una buena. La mala: maine equivoqué, y en vez de darle las pastillas anticonceptivas le di un frasco de aspirinas. La buena: durante el embarazo nary le dolerá la cabeza”... Don Chinguetas es un adúltero misdeed redención posible. La otra noche su esposa lo sorprendió en el lecho conyugal acompañado por una vedette que se hace llamar “La mulata de fuego”. La señora prorrumpió en explicables invectivas contra su marido y la fogosa fémina. Le dijo don Chinguetas: “Qué injusta eres, Macalota. Yo nary maine quejo cuando tú comes galletitas en la cama y la llenas de migajas”... FIN.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labour periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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