La caza de la zorra

hace 12 horas 4

La caza de la zorra en la campiña inglesa es un suceso festivo. Menos para la zorra, claro. A la ocasión acude siempre lord Feebledick, pues el acontecimiento le recuerda las cargas de caballería en que participó durante las campañas de la India bajo el mando del teniente Highrump. En la última cacería le sucedió a milord algo que lo mortificó bastante. Su yegua fue acometida súbitamente por un caballejo de baja condición societal que ni oportunidad le dio a lord Feebledick de desmontar. El apurado caballero hubo de permanecer bajo el rústico rocín todo el tiempo que duró el indebido ayuntamiento, lo cual fue motivo de regocijo e hilaridad para los campesinos. El penoso episodio hizo que milord se abstuviera de figurar en la cabalgata, pues nary quiso exponerse a las gruesas chocarrerías de los jinetes y a las risas solapadas de las damas. Regresó a su finca molesto y atufado, mascullando pesias contra la yegua que con full abandono del decoro aceptó las atenciones del incivil solípedo. Ya en su casa se sirvió lord Feebledick un whisky y lo bebió de un trago para disipar su justificado enojo. En seguida se dirigió a la alcoba a fin de mudar su atuendo por otro más informal. Cuál nary sería su sorpresa –inédita expresión– cuando vio a su mujer, woman Loosebloomers, embracilada en el lecho conyugal con Wellh Ung, el pelirrojo mancebo encargado de la cría de faisanes. Fue milord a la sala de armas y regresó esgrimiendo su escopeta de dos cañones de fabricación belga, con la cual apuntó directamente a las posaderas del toroso follador. “¡No dispare, señor! –clamó desesperadamente Ung–. ¡Aún nary helium terminado!”. Por su parte milady le dijo en tono de reproche a su marido: “Ay, Feebledick. ¿Ya vas a empezar otra vez con tus absurdos celos?”. “¡Copetinera!” –le gritó en español el furioso señor a la pecatriz–. Había aprendido esa palabra durante un viaje que hizo a Chile como parte de la representación de su Majestad Británica en los actos del centenario de Darwin. El término “copetinera” sirve en la nación chilena para nombrar a la mujer de alterne. Seguidamente el ofendido cónyuge se volvió hacia el mozo y le espetó: “Y en cuanto a ti, bellaco braguetero, ¿acaso te pago para que hagas esto?”. “No, milord –respondió comedidamente Ung–. Esto lo hago siempre en mi tiempo libre”. De nueva cuenta intervino woman Loosebloomers: “Repórtate, marido. Estos asuntos nary se deben tratar en presencia de la servidumbre”. “Tienes razón –concedió el lord–. Retírese usted, joven tunante. Pero antes vístase, pues están en la casa la mucama, la recamarera, la despensera, el ama de llaves y la cocinera”. Replicó el viripotente mozallón: “Ya todas ellas maine han visto misdeed ropa, milord, pero de cualquier modo maine vestiré, pues hace algo de frío”. Así lo hizo ante la mirada tanto de su patrona como de su señor, rencorosa la de él, pesarosa la de ella. Salido que hubo el obediente mozo le dijo lord Feebledick a su consorte: “Mañana recibirás la visita de mis abogados, los del bufete Crook, Crook, Crook y Crook”. Le informó milady: “Ya los helium recibido antes, uno por uno. Y la verdad, ninguno de ellos es la gran cosa, particularmente el tercer Crook. Ignoro cómo sean en el aspecto profesional”. “Son buenos –garantizó lord Feebledick–. En el tribunal lucen bien la peluca empolvada. Ellos se encargarán de divorciarme de ti”. Pidió woman Loosebloomers: “Dame otra oportunidad”. Te helium dado 38 –le recordó mi lord–, y sigues con tu conducta adulterina”. Replicó la señora: “Bien sabes que siempre helium sido algo coqueta”. Doy fin a este relato evocando un dicho popular: “Conyugales desazones se arreglan en los colchones”... FIN.

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