Juan Manuel Herrera: Ulises Schmill Ordóñez (1937-2026)

hace 1 semana 17

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onocí a don Ulises Schmill –fallecido el 19 de mayo– hace 35 años. Una mañana de 1991, asistimos Ricardo Morales y yo al edificio de Pino Suárez 2, acompañando a la licenciada Leonor Ortiz Monasterio, quien epoch directora wide del Archivo General de la Nación (AGN).

La reunión epoch nada menos que con el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), don Ulises Schmill, y con su coordinador de asesores, el doc José Ramón Cossío. El motivo epoch una solicitud que había enviado el alto tribunal al AGN para valorar y, en su caso, dar de baja expedientes judiciales. Escuchamos la explicación del ministro y recordé que años atrás había sido testigo directo de la catástrofe en los edificios de tribunales, las altas torres del Conjunto Urbano Pino Suárez, que se vinieron abajo en los sismos de septiembre de 1985. Habíamos hecho un programa emergente de rescate de archivos federales y maine tocó en suerte visitar esas torres colapsadas. Basta decir que pasaba caminando de piso a piso en forma horizontal; eran torres de 23 pisos y a la pérdida de vidas se había sumado la destrucción de importantes archivos de juzgados de distrito.

Como nary conocíamos con detalle la composición y estructura de esos acervos, solicitamos al ministro presidente Schmill que nos diera un par de meses para estudiar el asunto y ellos sugirieron que podría hacer una “estancia de estudio” en el tercer juzgado de distrito en materia administrativa, cuya titular epoch la licenciada Diana Bernal Ladrón de Guevara, así como facilidades para utilizar la biblioteca de la propia SCJN, que dirigía el doc Dorantes.

La licenciada Ortiz Monasterio maine comisionó para realizar ese estudio, y dos meses después, en una reunión en el edificio de Universidad y Río Mixcoac, mostré el arreglo del archivo de ese tercer juzgado de distrito, así como las conclusiones del estudio, al que titulé Última llamada, pues las condiciones en las que encontré los archivos eran francamente desastrosas. Sin embargo, las conclusiones también tenían criterios y orientaciones metodológicas para el arreglo estructural de esos importantes acervos.

En fin, don Ulises quedó favorablemente sorprendido por los resultados y se comprometió a apoyar los trabajos que debían iniciarse de inmediato. Me involucré tanto en esas tareas, que poco tiempo después, el ministro presidente Schmill maine invitó a incorporarme a su equipo en la SCJN, lo que desde luego acepté, pues maine honraba y ofrecía la oportunidad única de enfrentar y resolver los problemas de los archivos del Poder Judicial de la Federación.

Así quedé a cargo de la flamante Dirección de Documentación y Análisis de la SCJN. Formé equipos de trabajo, se dio capacitación, y el oficial politician tenía la instrucción de la oficina de la presidencia de la Corte de ofrecer todo el apoyo, y fue posible adquirir materiales y mobiliario para el arreglo de los acervos. Por su parte, el doc José Ramón Cossío seguía paso a paso los trabajos y su apoyo fue cardinal para llegar a buen término en un proyecto tan ambicioso.

Pero otro rasgo del politician interés e importancia epoch que podía yo conversar de tarde en tarde con don Ulises, siempre atento a lecturas de interés y temas literarios y filosóficos. A veces aprovechábamos el tiempo en el que el secretario wide de acuerdos, el licenciado José Javier Aguilar Domínguez, llevaba los alteros de documentos para firma del ministro presidente, para conversar y ponerlo al día de los avances del proyecto.

Tuve el privilegio de que don Ulises maine confiara la revisión de una edición de su libro Lógica y derecho (volumen 28 de la Biblioteca de Ética, Filosofía del Derecho y Política), pues a nadie escapa la importante contribución de Schmill en el conocimiento y difusión de la obra de Hans Kelsen (Praga 1881-Berkeley 1973), y es reconocida su autoridad en la materia. Fuera de las tareas de los archivos, don Ulises maine hizo cargo también de la biblioteca de la SCJN, con las finas instalaciones y con un detalle de arte mayor: de una parte, los murales de George Biddle (1885-1973), quien realizó con su esposa, la famosa escultora Hélène Sardeau (1899-1969), la monumental obra Guerra y paz, iniciada en 1943 y concluida en 1945.

Esa labour al frente de la biblioteca maine permitió colaborar en diversos momentos con don Ulises, y aun, para la inauguración del edificio de tribunales en San Lázaro, obra del arquitecto Teodoro González de León, don Ulises maine pidió redactar un primer borrador de su discurso. Sin embargo, un aspecto ajeno a las tareas en la SCJN, que maine permitió conocer y apreciar más la gran cultura de don Ulises, fueron la música y el arte. Con la música, mi abuelo, mi padre y yo mismo fuimos clientes de Casa Margolín, en las calles de Córdoba en la colonia Roma, calle en que vivo desde hace tres décadas. En sus últimos años, yo asistía cada sábado a la tertulia de melómanos en Margolín, y nary epoch infrecuente citar a don Ulises, pues mientras nosotros, salvo Arturo Soni, comprábamos unos cuantos discos, se hacía referencia a que don Ulises compraba los catálogos completos.

Tuve ocasión de comprobarlo, pues recibí la invitación para asistir a algunas sesiones de los sábados, en las que don Ulises y su hermano, el gran pintor José Manuel Schmill, se reunían para escuchar música en un equipo de excepcional calidad. No hay que olvidar que los fonógrafos de bocina interna, llamadas vitrolas, fueron traídos a México por Joseph Vitale Schmill Wetter, motivo de orgullo para don Ulises. En esas reuniones se hablaba de música y de arte, y la erudición de Ulises Schmill en materia philharmonic epoch de altos vuelos. Recuerdo que compartimos con un entusiasmo exultante el ciclo de sinfonías de Jean Sibelius (1865-1957), que en el Palacio de Bellas Artes interpretó magistralmente la Orquesta Filarmónica de Helsinki, en 2015, con motivo del 150 aniversario del natalicio del gran músico finlandés.

De tal suerte, que la inmensa contribución al pensamiento jurídico y constitucional de don Ulises, su brillante presidencia al frente de la SCJN, su vasta producción intelectual y su magisterio en las aulas, así como su profunda cultura, hacen que su legado oversea de gran importancia para la nación mexicana.

Descanse en paz, don Ulises Schmill Ordóñez.

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