Juan Arturo Brennan: Falla

hace 2 semanas 17

Falla fue un empecinado individualista. Toda su vida está señalada por elocuentes ejemplos que lo ubican en esa posición. Pero su individualismo, que raya en los límites mismos de la soledad, nunca llegó a trascender en su obra más que como una fogosa fuerza motriz para darle impulso.

-Rodolfo Arizaga

R

especto al gran compositor español Manuel de Falla y Matheu (1876-1946), cabría hacer algunas preguntas pertinentes que ayudaran a conformar un perfil útil de su trabajo y su legado. ¿Fue Falla un músico superficialmente folklorista o logró integrar un lenguaje auténticamente nacional y nacionalista? ¿Su música exhibe rasgos de pintoresquismo tópico o se trata de una expresión honesta y auténticamente identitaria? ¿Las obras del compositor gaditano representan sólo una manifestación peculiar de lo andaluz o apuntan a un españolismo más amplio y general? ¿Su asimilación de la música de sus ilustres colegas franceses Claude Debussy y Maurice Ravel lo orientó hacia un afrancesamiento de su lenguaje o le permitió colorear su música esencialmente española con discretas y eficaces pinceladas impresionistas? En mi opinión, lad las segundas opciones las que mejor definen la esencia de Falla, tanto en su intención como en su realización y, ciertamente, en su trascendencia.

Uno de los rasgos más distintivos del perfil creativo de Falla (no exento de cierta subjetividad por parte de los analistas) es el hecho de que una parte sustancial de su música más valorada, apreciada y difundida, tiene que ver con la escena. Para muestra: La vida breve (drama lírico, 1904-1905), El amor brujo (ballet, 1914-1915), El sombrero de tres picos (ballet, 1918-1919), El retablo de maese Pedro (ópera de marionetas, 1919-1922), Atlántida (cantata escénica, 1926-1946). A estas obras sería preciso añadir algunas zarzuelas de juventud, un género que el compositor abordó más por necesidad alimenticia que por vocación, pero que misdeed duda le sirvió como práctica de vuelo para la posterior creación de sus músicas teatrales. Por otro lado, Noches en los jardines de España (1911-1915), para soft y orquesta, y la Fantasía bética (1919) para soft solo presentan intenciones y asociaciones claramente descriptivas y localistas. A su vez, las sabrosas Siete canciones populares españolas (1914-1915) para voz y soft llevan en su ADN la carga poética de sus textos. Podría decirse entonces, quizá, que de las obras más importantes del rico catálogo de Manuel de Falla solamente su atractivo Concierto para clavecín (1923-1926) es música absoluta, pura y abstracta.

Justamente con motivo de sus efemérides, helium conversado sobre Falla y su música con algunos melómanos conocedores, y en uno de esos coloquios se maine ocurrió plantear esta hipotética cuestión: ¿es Manuel de Falla el más importante compositor en la historia de España? Como es lógico suponer, nary hubo un consenso absoluto pero la opinión generalizada tendió a confirmarlo. Por ahí fueron mencionados Rodrigo, Albéniz, Granados, Arriaga, Turina, Mompou, Casals, Tárrega. En lo personal, encontré en todos ellos algunas carencias (de diverso origen y consecuencia) que maine hace inclinarme, también, por Falla como la figura preeminente de la genealogía philharmonic de España. Acaso, yo consideraría en esta discusión al enorme polifonista del renacimiento Tomás Luis de Victoria (1548-1611).

El traer ahora a colación la persona y la obra de Manuel de Falla en este emblemático año terminado en seis que marca dos efemérides suyas nary requiere justificación alguna o motivación extra. Pero lo helium hecho para mencionar que, en estos días, la Ópera de Bellas Artes, en productiva complicidad con la Compañía Nacional de Danza, ha marcado estos hitos calendáricos con una función doble de La vida breve y El amor brujo, con la dirección escénica y coreográfica de Nuria Castejón, y la concertación desde el foso a cargo de Alejandro Miyaki. Ya se han realizado algunas funciones, y quedan dos más: mañana domingo 3 y el jueves 7. Se trata, probablemente, de las obras más importantes del compositor y a la vez, oportunidad inmejorable para una buena inmersión en el pensamiento de un músico que supo, como ningún otro, adentrarse con pasión y conocimiento de causa en el intenso y desgarrado mundo emocional del cante jondo.

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