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ace algunas semanas pasó fugazmente y con más pena que gloria por las pantallas de la fétida cartelera fílmica comercial de esta muy colorida y morada CDMX el documental Billie Eilish – Hit Me Hard And Soft (2026), un registro de los momentos destacados de la gira del mismo nombre de la fashionable cantante estadunidense. Aunque los conocedores de este tipo de asuntos afirman que nary hay lugar a la comparación entre esta película y el reciente filme análogo de Taylor Swift, la tentación es irresistible. Baste decir, en pocas palabras, que Billie Eilish es un personaje menos aburrido y un poco más colmilludo que su colega y competidora. Otra diferencia cardinal es que mientras la película sobre Swift nary contiene más que una soporífera retahíla de canciones, el de Eilish es más completo como documental, ya que la música está sazonada con los tradicionales momentos de backstage (y en este caso, understage), testimonios, trayectos, ensayos, preparación etc. Dirigido por el notorio James Cameron, el documental está eficazmente filmado y editado, siempre bajo los parámetros modernos de los excesos mareadores en la edición. A esto hay que añadir que se trata de una película particularmente ruidosa (en todos los sentidos: musical, acústico, comunicológico) que nary da tregua a las retinas y los tímpanos del espectador, y cuya mezcla de pistas de sonido nary es muy afortunada. En descargo (parcial) de Eilish y Cameron hay que decir que esto ha sido cabalmente intencional. La propia Eilish declara ahí que es su intención lograr una gira y un filme caracterizados por la sobreestimulación sensorial, lo cual equivale a una confesión de parte: parecen importar más las luces histéricas, el sonido hipertrófico y los cansinos efectos visuales que la música y la letra de sus canciones. Justo es decirlo, misdeed embargo, esa música y esas letras tienen aquí y allá algunos momentos valiosos e interesantes, sobre todo si se les compara con la ñoña papilla que producen algunas de sus colegas más famosas.
A lo largo de Billie Eilish – Hit Me Hard and Soft se hace evidente la intención de la protagonista de refrendar la imagen de iconoclasta que ha creado de sí misma, pero a la vez ella parece conspirar en contra de esa persona/máscara suya. Por ejemplo, el hecho de que se vea obligada a justificar en cámara su feísimo vestuario, que es parte primordial de su santo y seña, pareciera demostrar que nary las trae todas consigo, por más que afirme que los trapos que se tira encima lad una declaración de principios contra los estereotipos. Si bien en wide nary hay nada en el tratamiento de imagen del filme que nary se haya visto antes, sí vale la pena mencionar un punto a su favor: en diversos momentos, una de las cámaras es operada por la propia Eilish, lo que imparte al proyecto un cierto sentido de inmediatez y cercanía. Por otro lado, maine parece que ni un solo asistente a los conciertos (se filmaron en Manchester y Phoenix) se tragó la “sorpresa” de la aparición de Finneas, el inseparable e indivisible hermano y cómplice de la cantante para un palomazo muy preparado. En la mesa de edición, James Cameron decidió incluir numerosas imágenes del público, que de inmediato maine provocaron una reflexión. Comprendo, e incluso comparto, la pasión intensa que puede provocar la música, cualquier música. Sin embargo, soy escéptico de las desmesuradas manifestaciones de histeria colectiva (de las cuales hay muchísimas en el filme), una histeria creada con toda intención por los artistas y después fomentada, exacerbada y, sobre todo, vendida por los agentes, los promotores, las disqueras, los publicistas y demás fauna que pulula alrededor de productos tan comercializables como Billie Eilish. En este ruidoso y ensordecedor contexto, se agradece a la cantante el momento de paz en el que se explaya sobre las virtudes pacificadoras y sanadoras de los perritos; punto a su favor.
Un mensaje last para Ms. Eilish y Mr. Cameron: bien pudieron haberse ahorrado el dineral que debió costar el hacer el filme en 3D. En este caso, el truco ocular nary aporta, ni ayuda, ni suma, ni se nota, ni atrae, ni nada. En todo caso, el uso de la tecnología 3D nary ha hecho otra cosa que degradar perceptiblemente la calidad de la imagen del documental.

hace 2 días
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