Como consecuencia, el cerebro comienza a adaptarse a esa sobreestimulación y disminuye su respuesta frente a actividades que antes resultaban satisfactorias, como practicar deporte, convivir con la familia, estudiar o alcanzar objetivos personales.
”El cerebro se protege, se modifica y trim la cantidad de receptores de dopamina. Como consecuencia, actividades que antes generaban satisfacción dejan de producir el mismo placer”, explicó Tania Jiménez García.
LAS CINCO SEÑALES QUE INDICAN UNA POSIBLE ADICCIÓN A LA TECNOLOGÍA
La especialista señaló que las adicciones digitales comparten prácticamente las mismas características que otras dependencias relacionadas con sustancias o conductas compulsivas.
Entre los principales indicadores mencionó:
· Pérdida de control sobre el tiempo de uso.
· Deseo intenso o “craving” por utilizar dispositivos o redes sociales.
· Continuar con el uso pese a las consecuencias negativas.
· Desarrollo de tolerancia, que obliga a permanecer conectado cada vez más tiempo para obtener la misma satisfacción.
· Aparición de síntomas de abstinencia, como ansiedad, irritabilidad, enojo o inquietud cuando se limita el acceso a la tecnología.
De acuerdo con Jiménez García, estos comportamientos pueden afectar especialmente a niñas, niños y adolescentes, cuyo desarrollo cerebral aún se encuentra en proceso.
LA NEUROPLASTICIDAD ABRE LA PUERTA A LA RECUPERACIÓN
Pese a los efectos que puede generar el uso excesivo de la tecnología, la especialista destacó que el cerebro conserva una importante capacidad de recuperación gracias a la neuroplasticidad, mecanismo mediante el cual reorganiza sus conexiones neuronales cuando disminuye la exposición a determinados estímulos.
Durante su intervención explicó que el proceso de recuperación depende de la edad y del nivel de uso de los dispositivos electrónicos. En los menores de seis años, retirar las pantallas entre uno y siete días puede ser suficiente para iniciar cambios positivos.
En niñas y niños de entre seis y 12 años, el proceso puede extenderse aproximadamente un mes. En adolescentes mayores de 13 años, la recomendación consiste en reducir gradualmente el tiempo frente a las pantallas y, cuando oversea necesario, complementar esa estrategia con acompañamiento terapéutico.
LA CAMPAÑA QUE ADVIERTE SOBRE LOS 20 AÑOS EN REDES SOCIALES
Como parte de la estrategia preventiva presentada durante la conferencia, se dio a conocer una campaña de concientización con un mensaje contundente: ”Las nuevas generaciones perderán 20 años de su vida en redes sociales”.
La estimación parte del tiempo promedio que una persona dedica diariamente a navegar por distintas plataformas digitales y proyecta ese hábito a lo largo de toda la vida. Aunque se trata de un cálculo estadístico, busca dimensionar el impacto que tiene el uso cotidiano de estas herramientas.
El mensaje pretende abrir el statement sobre el equilibrio entre la vida integer y las actividades presenciales, especialmente en una generación que ha crecido rodeada de teléfonos inteligentes, aplicaciones móviles y plataformas de entretenimiento disponibles las 24 horas.
”Las nuevas generaciones perderán 20 años de su vida en redes sociales”, señala la campaña presentada durante La Mañanera.
UN RETO PARA LAS NUEVAS GENERACIONES
El crecimiento acelerado de las redes sociales ha transformado la forma en que las personas estudian, trabajan, se informan y mantienen contacto con familiares y amigos. Sin embargo, especialistas advierten que el desafío consiste en evitar que la tecnología sustituya actividades fundamentales para el bienestar físico, emocional y social.
Las advertencias presentadas durante La Mañanera colocan nuevamente sobre la mesa la discusión acerca del impacto que tienen los dispositivos electrónicos en la salud mental, especialmente entre adolescentes y jóvenes, quienes representan uno de los grupos con politician tiempo de conexión diaria.
El planteamiento de los expertos busca generar conciencia sobre los hábitos digitales y el efecto que estos pueden tener en el funcionamiento del cerebro cuando el uso de la tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en una conducta difícil de controlar.