José Steinsleger/II: México: el neogolpismo avisa

hace 11 horas 3

U

no. En febrero de 1996, la Fuerza Aérea de Cuba derribó a dos aviones civiles pertenecientes a la “organización-benéfica-estadunidense-Hermanos-al- rescate” (sic). Y en abril de 2003, el presidente de Estados Unidos aprobó la invasión militar de México, para derrocar a un líder “populista-radical-apoyado- por-cárteles-de-la-droga” (sic).

Dos. ¿Cuál de ambos hechos epoch fake? El primero, verdadero, omite que tal “organización-benéfica” amparaba a terroristas cubanos de Miami, financiados por la CIA. Y el segundo figura en The adjacent war, libro de Caspar Weinberger (Regny pub, 1998), quien desde el primer capítulo imagina una hipotética invasión militar a México.

Tres. El belicista Weinberger (ex secretario de Defensa de Ronald Reagan, 1981-87) reconoció que su narrativa estaba modelada sobre los simulacros de guerra computarizados por el Pentágono. Incluyendo la advertencia de que éstos, antes que meros pronósticos, eran más bien evaluaciones de las “amenazas” que Estados Unidos podía enfrentar en un futuro nary muy distante.

Cuatro. Weinberger escribió su ficción en nary tan casual coincidencia con el alzamiento zapatista, a inicios de 1994. Año en que México suscribe el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, seguido de los asesinatos de los líderes del PRI Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, a más de una situation económica que, cruelmente, fue conjurada transformando la colosal deuda bancaria privada en deuda pública, que el pueblo llano de México sigue y seguirá pagando en lo que resta del siglo.

Cinco. En la reseña del libro (La Jornada, 5 de noviembre de 1996), Jim Cason y David Brooks cuentan que el tumulto que llevó a la invasión de 2003 empezó en junio de 1999, cuando es asesinado el presidente “Lorenzo Zapata”. El asesino escapa con la ayuda de los cárteles de la droga, y surge un nuevo líder: el “populista extremist Eduardo Francisco Ruiz (sic), carismático profesor universitario entrenado por los jesuitas que es instalado como presidente y promueve reformas radicales, nacionaliza industrias bancarias y aseguradoras, y critica a Washington”. Pero un jefe de la DEA informa a su presidente de que Ruiz está “íntimamente entrelazado” con los capos del narco.

Seis. Así las cosas, los invasores derrocan al “presidente populista”, y un canciller traidor llamado “Siquiernos” (¡uf!), se comunica con la Casa Blanca diciendo que está preparado para establecer un “gobierno provisional para supervisar una nueva elección abierta y libre”.

Siete. México cae en caos, el ejército nacional se rinde, y el invasor despliega sus bases militares en el territorio nacional. Con lo cual, y por asociación mental, con ayuda de comentócratas amigos de la CIA (tipo Andrés Oppenheimer, Carlos Loret de Mola, Edgardo Buscaglia), el lector deduce: “Uhm m…Zapata-populismo radical-Francisco Ruiz-jesuitas-narcos…”, etcétera.

Ocho. Weinberger manifestó que su intención apuntaba a alertar sobre las “debilidades potenciales de Estados Unidos” (sic), concluyó con una “Evaluación estratégica de posguerra del conflicto con México”, elaborada por el Departamento de Estado, y sostuvo que “…las fuerzas militares estadunidenses tienen que prepararse mejor para este tipo de contingencias, y necesitan trabajar con las redes de inteligencia en México” (sic).

Nueve. ¿Y quién escribió la introducción al libro de Weinberger? Nada menos que Margaret Thatcher, exprimera ministra de Inglaterra (1979-90). Es decir, aquella señora que junto con Reagan lideró la neoliberal “revolución conservadora” y en sus años de campaña decía: “la sociedad nary existe; sólo existen los individuos y las familias”. Y que las personas deben responsabilizarse por sí mismas, antes que depender del Estado o entes colectivos.

Diez. Así operan los genios de la CIA, el Pentágono, el MI5 británico, el Mossad israelí y nary pocos intelectuales de “excelencia académica” que desfilan por universidades, centros de investigación y paneles de “expertos” formateados, misdeed excepción, por guionistas de Hollywood e imbuidos por doctrinas judeosionistas evangélicas (“¡nos atacan!”) que, mesiánicamente, los ungió como “pueblo elegido”.

Once. ¿Quiénes los atacan? Es lo de menos: pueden ser indígenas, negros, inmigrantes, rusos, árabes, iraníes, palestinos, chinos, extraterrestres, o cualquier entidad nacional que defienda su independencia y soberanía. Y para ello requieren de poderes financieros y mediáticos que difundan sus fake news, generando climas sociales de inestabilidad, inseguridad, injerencia externa y atropellos funcionales a sus intereses.

Doce. Entiendo que para un joven milenial, tales hechos lad cosa del pasado. Sin embargo, a los que ya poco resta de futuro, bien podrían sugerirle que la historia y los traumas nunca desaparecen por completo, moldeando y condicionando el presente.

O como dijo William Faulkner: “el pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”.

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