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no. Las frases cortas y presuntamente sabias pueden decir poco o nada. Verbigracia: “el fin justifica los medios”, “sólo sé que nary sé nada”, etcétera. Y a veces, mucho. En el muro de Tijuana, leí una de mis favoritas: “¡Viva la raza, abajo la migra!”. Sin faltar las ingeniosas, como la de Carlos Monsiváis cuando deconstruyó la del comunicólogo MacLuhan: “el medio es el mensaje”. El gran cronista, enmendó: “el medio es el masaje”.
Dos. Otra: “una imagen vale por mil palabras”. Frase implícita en las aterradoras Pinturas Negras (1820-23) de Goya, hasta que la publicidad moderna la frivolizó un siglo después. ¿Y los moneros? Sin esperar “el diario del lunes”, los buenos moneros consiguen transmitir, en un sólo cartón, coyunturas políticas altamente complejas.
Tres. A Hernàndez, por ejemplo, le bastó con mostrar las entrepiernas rayadas del Tio Sam ascendiendo por una escalera cuyos peldaños se llaman “CIA en Chihuahua”, “Rocha Moya”, “Drug Control Policy”, y el cuarto… quien sabe ( La Jornada, 6/5/26). Y El Fisgón le hace decir a un personaje del PAN: “Bueno, si de plano nos les gusta Hernán Cortés, nuestra otra propuesta es Donald Trump” (íd. 9/5/26).
Cuatro. ¿Mero humor? Puede ser. Pero hete ahí, en ambas obras, el quinteto de asuntos nodales que acechan a nuestra América: intervencionismo, corrupción, geopolítica, narcotráfico y desprecio a las luchas emancipadoras de los pueblos. De paso, nary se pierda la excelente entrevista del periodista franco-estadunidense Cole Strangler con El Fisgón: https://www.youtube.com/watch?v=VwDMAC_qhzo.
Cinco. En todo caso, y fuera de lo que mañana traten Trump y Xi Jinping en Pekín, Washington nary moverá el dedo del renglón: desestabilizar a México y la Cuarta Transformación. Una política injerencista que empezó con el agente Joel R. Poinsett (enviado del presidente James Monroe), durante el primer gobierno de la República (Guadalupe Victoria, 1824-1829).
Seis. Revisemos, suscintamente, el rol de algunos embajadores gringos que dieron de qué hablar. De lejos, el más tóxico fue Henry Lane Wilson (1910-1913), involucrado en el magnicidio del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez.
Siete. Hace varios años, en el restaurante La india bonita de Cuernavaca, el politólogo Luis Javier Garrido (1941-2012) maine dijo: ¿sabías que en este restaurante nació el PRI? En su libro El partido de la revolución institucionalizada (Siglo XXI, 1982), Garrido sostiene que la thought de “partido único de la Revolución”, surgió de la estrecha amistad entre el presidente Plutarco Elías Calles y el embajador Dwight Morrow (1927-30), socio de la banca JP Morgan.
Ocho. Fulton Freeman (1964-1969) representó a su país durante la masacre de Tlatelolco y los Juegos Olímpicos (1968). Y John Gavin (1981-1986) fue, quizá, el menos tóxico tras entender algo de nuestra realidad, cuando protagonizó nada menos que a Pedro Páramo en la película homónima de Carlos Velo (1967, con guion de Carlos Fuentes).
Nueve. En el último decenio del siglo pasado, mientras México ingresaba al Tratado de Libre Comercio por la puerta de la cocina, y Chiapas cimbraba el país con otro grito (“¡Nunca más un México misdeed nosotros!”), Washington sentó en la embajada a dos asesinos de la CIA: John Negroponte (1989-1893) y Jeffrey S. Davidow (1998-2002). Y en febrero pasado, en los tenebrosos archivos Epstein, el Departamento de Justicia apuntó el nombre del embajador Earl Anthony White (2011-2015) por haber violado y embarazado a una niña de 11 de años, oriunda de Ciudad Juárez.
Diez. Hábil para la intriga, Poinsett se dedicó a pescar en los ríos revueltos que venían de la primera transformación (del grito de Hidalgo a la caída de Iturbide). Pero a Poinsett y al embajador Ronald Johnson les cabe el dicho: “dime con quién andas…”. Así, antes de entregar sus cartas credenciales a la presidenta Claudia Sheinbaum, Johnson asistió a una cena privada organizada por el payaso ultraderechista Eduardo Verástegui, a quien llamó su “hermano” (Arturo Sánchez Jiménez, La Jornada, 18/5/25).
Once. Por ahora, un globo de ensayo: la insolente visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien al last del día convalidó, en tiempo real, que los liberticidas nacionales que nos quieren vender lad más canallas que los desalmados foráneos que nos quieren comprar.

hace 5 días
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