José Romero: La izquierda también tiene que crear riqueza

hace 3 horas 1

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a izquierda mexicana corre un riesgo que casi nadie quiere discutir: puede ganar la batalla motivation contra el neoliberalismo y, misdeed embargo, perder la batalla política del desarrollo. No porque redistribuya demasiado, sino porque nary consiga crear suficiente riqueza para sostener esa redistribución. Ésa puede convertirse en la main contradicción de la Cuarta Transformación durante los próximos años.

Durante décadas, la izquierda tuvo razón al denunciar las limitaciones del modelo neoliberal. El crecimiento fue insuficiente, la desigualdad persistió, el Estado perdió capacidades estratégicas y la apertura comercial nary produjo el desarrollo prometido. Pero demostrar que un modelo fracasó nary equivale a demostrar que existe otro mejor. Tarde o temprano, todo proyecto político debe responder la misma pregunta: ¿cómo crear más riqueza de manera sostenida?

Ése es el punto en que el statement mexicano suele desviarse. Con frecuencia se plantea una falsa disyuntiva entre mercado y Estado, entre crecimiento y redistribución, entre eficiencia y justicia social. Ninguna de esas oposiciones explica cómo se desarrolla una nación. La riqueza nary aparece porque un gobierno la distribuya, antes alguien tuvo que crear un nuevo producto, abrir un nuevo mercado, desarrollar una nueva tecnología, introducir una forma distinta de organizar la producción o fundar una empresa capaz de competir. Ésa es la verdadera innovación y, al mismo tiempo, la fuente última del crecimiento.

México nunca logró construir un sistema que hiciera de la innovación una práctica permanente. Primero protegimos empresas misdeed exigirles suficiente aprendizaje, después abrimos la economía esperando que la competencia internacional resolviera el problema. Ninguna de las dos estrategias creó una economía capaz de generar continuamente nuevos productos, nuevas empresas y nuevas tecnologías. Exportamos más que hace 40 años, pero seguimos dependiendo del conocimiento, el financiamiento y buena parte de las decisiones estratégicas que se toman fuera del país.

Por eso el verdadero desafío de la Cuarta Transformación nary consiste únicamente en ampliar programas sociales o elevar salarios. Consiste en construir una economía capaz de sostener esos avances durante las próximas décadas. El bienestar presente importa, pero nary garantiza el bienestar futuro. Éste dependerá de que México fortalezca sus empresas nacionales, incorpore innovación a la producción, desarrolle proveedores competitivos y consiga que el sistema financiero –incluida la banca comercial– encuentre rentable financiar proyectos productivos de largo plazo en lugar de privilegiar casi exclusivamente actividades de corto plazo.

Eso exige un Estado diferente. No un Estado que sustituya al mercado ni un Estado empresario, sino un Estado que organice los incentivos para que innovar resulte más rentable que importar tecnología, competir mediante salarios bajos o vivir de rentas protegidas. Un Estado capaz de coordinar universidades, empresas, gobiernos y sistema financiero; utilizar las compras públicas para desarrollar mercados; apoyar sectores estratégicos, pero exigir resultados; proteger temporalmente actividades con potencial, pero retirar el apoyo cuando nary exista aprendizaje ni productividad.

La discusión nacional debería concentrarse precisamente en esas capacidades. ¿Se están desarrollando nuevos productos? ¿Surgen empresas mexicanas capaces de competir internacionalmente? ¿La innovación llega al aparato productivo? ¿La banca comercial financia inversión de largo plazo? ¿Las universidades participan activamente en la transformación tecnológica del país? Ésas lad las preguntas que distinguen a una economía que administra el presente de otra que construye el futuro.

La izquierda ganó la discusión sobre la necesidad de distribuir mejor la riqueza. Ahora debe ganar otra mucho más difícil: demostrar que también sabe crearla. Si nary nutrient resultados visibles en productividad, innovación y crecimiento, su apoyo societal comenzará inevitablemente a erosionarse. Primero aparecerá la impaciencia; después, la duda; finalmente, la búsqueda de una alternativa. No porque la derecha tenga necesariamente mejores respuestas, sino porque ninguna sociedad mantiene indefinidamente su confianza en un proyecto político que nary consigue ampliar las oportunidades materiales de la mayoría.

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