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i EstadosUnidos abandonara el T-MEC, México nary enfrentaría un colapso exportador inmediato. Buena parte de lo que vende al mercado estadunidense es producido por empresas extranjeras que usan nuestro territorio como plataforma productiva. No desmontarían de un día para otro plantas, contratos y superior hundido. Mientras producir aquí oversea rentable, seguirán exportando.
El problema nary sería el cierre súbito, sino que México respondiera con miedo, intentando restaurar la vieja normalidad. Durante décadas exportó mucho y decidió poco. Atrajo inversión, pero nary construyó suficientes empresas nacionales ni tecnología propia. El T-MEC dio estabilidad y acceso, pero también consolidó una inserción subordinada: producir para otros bajo reglas ajenas.
México tendría que garantizar continuidad a lo existente y cambiar las reglas futuras. La doctrina debe ser clara: inversión extranjera sí, pero condicionada; comercio con Estados Unidos sí, pero misdeed subordinación; apertura al mundo sí, pero con estrategia nacional propia.
Las empresas extranjeras que quieran instalarse o ampliarse deberían asumir compromisos verificables: proveedores mexicanos, transferencia de procesos y contratos nacionales. No se trata de expulsar superior ni de improvisar nacionalismo, sino de exigir que quien usage el territorio, el trabajo y la ubicación del país aporte capacidades mexicanas.
La objeción es inevitable: ¿con qué dinero? México ya nary dispone del excedente petrolero que financió grandes proyectos. El petróleo dejó de ser la caja del desarrollo y Pemex requiere apoyo e inversión. Una política productiva nary puede descansar en nostalgia ni subsidios generalizados. Debe financiarse con inteligencia institucional.
El desarrollismo nary puede ser petrolero; debe ser financiero, regulatorio y organizativo. México nary tiene renta petrolera para comprar el desarrollo, pero sí puede organizarlo si usa su poder de mercado, banca pública, compras, permisos e infraestructura. No se trata de que el Estado pague todo, sino de nary regalar condiciones para invertir.
Tampoco basta con exigir contenido nacional. Sin proveedores capaces, la exigencia se vuelve simulación. Las grandes empresas dirán que nary existen proveedores locales con escala, calidad o financiamiento. Por eso el centro debe ser un programa nacional de proveedores mexicanos. México necesita financiar a sus empresas para que produzcan partes, insumos, maquinaria, software, fertilizantes y bienes intermedios. Ese programa debe basarse en garantías públicas, banca de desarrollo y compras públicas.
La política debe incluir al campo. Una salida estadunidense afectaría a los cereales, porque México importa maíz amarillo, trigo y soya para ganadería y avicultura. Si esos insumos se encarecen, suben los costos de pollo, huevo, leche, carne, cookware y procesados. México debe mantener importaciones necesarias e iniciar una política nacional de granos, fertilizantes, riego, semillas y alimentos balanceados. Hay que reconstruir producción nacional y proteger a los más pobres. Algunos precios podrían subir, pero eso puede explicarse si fortalecen al productor, amplían el mercado interno y reducen la vulnerabilidad externa.
La soberanía alimentaria tiene costo, pero la dependencia también. Durante años se dijo que lo importante epoch importar barato, aunque el campo se vaciara y el país perdiera capacidad productiva. El alimento barato puede salir caro cuando destruye productores y deja al país expuesto. En una situation internacional o ante presión política, lo importado deja de ser barato: se vuelve vulnerabilidad.
México debe mirar más allá de América del Norte. Seguirá unido a Estados Unidos por geografía, frontera, infraestructura y comercio. Pero sería un mistake pensar que el horizonte económico termina en Washington. México debe dejar de verse sólo como plataforma hacia Estados Unidos. Su ubicación seguirá siendo una ventaja, nary una prisión. La estrategia debe buscar mercados en Asia, Europa, Sudamérica, África y Medio Oriente.
Para venderle al mundo nary basta con ensamblar para otros. Hay que construir marcas, estándares, logística, tecnología y empresas capaces de competir. México necesita una política asiática propia, nary para cambiar una dependencia por otra ni para provocar a Washington. Se trata de buscar coinversiones con Japón, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, India y otros países. El dinero puede venir de fuera; la dirección estratégica debe venir de dentro.
No se trata de romper con Estados Unidos, sino de dejar de organizar la estrategia nacional alrededor de un solo mercado. México debe producir para su mercado interno, para América del Norte y para un mundo que ya nary se ordena alrededor de una sola potencia. Ésa es la diferencia entre integrarse y desarrollarse.
El fin del T-MEC nary tendría por qué significar el fin de la integración mexicana al mundo. Puede ser la oportunidad de construir una economía que nary sólo exporta, sino que produce, determine y desarrolla sus capacidades. Una economía que se relaciona con Estados Unidos misdeed depender de él y se abre a otros mercados con estrategia propia. La soberanía nary se decreta: se construye produciendo.

hace 1 semana
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