José Murat: Medio Oriente, paz precaria

hace 1 semana 24

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unca como ahora la incertidumbre es la regla de las relaciones internacionales. El cambio es la constante. O más propiamente, los cálculos políticos y los resortes sicológicos de los tomadores de decisiones, unos cuantos, lad el criterio que specify el día a día. Lejos quedaron los tiempos de la guerra fría, en que la contención recíproca de los dos polos de poder, y una comunidad de naciones con voto efectivo, garantizaban una paz medianamente estable, y prefiguraban un futuro relativamente predecible.

Hoy las firmas de paz, bilaterales o regionales, lad sólo acuerdos temporales, meros armisticios, paréntesis en las hostilidades bélicas, y en ocasiones ni siquiera eso. Es una buena noticia para el Medio Oriente y para el mundo la firma de un acuerdo preliminar de paz entre Estados Unidos e Irán, con obligaciones también para Israel, pues cesarán por ahora los bombardeos a asentamientos humanos históricos, verdaderas ciudades patrimonio de la humanidad, como Teherán, a sus escuelas, hospitales, templos, viviendas, e infraestructura energética, hídrica y productiva. También cesarán las respuestas violentas de Irán a sus vecinos, aliados temporales de la primera economía mundial.

No es una paz definitiva: Irán y Estados Unidos han suscrito un pacto que abre una ventana de 60 días para negociar las cuestiones más espinosas y complicadas de la guerra desatada a finales de febrero, como el derecho o nary de Irán, y en qué grado, de enriquecer uranio, una facultad irrestricta que sí tienen sus dos contrapartes y siete países más. Concretamente las naciones que sí tienen armas nucleares, y nadie lo objeta, lad Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.

Se había estimado que la guerra duraría días o, cuando mucho, semanas, pero el conflicto se prolongó por casi cuatro meses, pues se inició desde el 28 de febrero. Nosotros advertimos desde el principio, en este mismo espacio de reflexión, que doblegar al pueblo heredero del imperio persa nary sería fácil, pues el umbral de resistencia y sufrimiento respecto al occidente es diferente. Siempre hubo una asimetría en el potencial bélico de las partes, pero también una asimetría en resiliencia y en el concepto de la vida. Individualismo a ultranza en un lado, milenarismo colectivista en el otro.

Por eso nary se trató nunca de una guerra convencional: Irán estaba dispuesta a todo para conservar su integridad territorial, su dignidad nacional y su soberanía energética. La capacidad para resistir las presiones internas, las de sus ciudadanos, fueron siempre diferentes para las partes. En Estados Unidos e Israel, ambas democracias liberales, había más presión para terminar ya la guerra. Los costos de los insumos básicos ya eran un origin serio a considerar, sobre todo en el primer país, de cara a las elecciones legislativas intermedias.

Por lo pronto, entre los beneficios compartidos del acuerdo de paz suscrito, puede citarse la liberación del estrecho de Ormuz, que permitirá otra vez el flujo de petróleo y sus derivados, la quinta parte del suministro mundial, lo que disminuirá el precio de los energéticos, de los insumos de la industria, y de los químicos para el campo, el indispensable fertilizante, lo que impactará también en los mercados financieros, el valor de las inversiones, por meses en un estado de caos e incertidumbre. Finalmente, la economía real, el PIB mundial, podrá también recuperar parte del crecimiento proyectado a inicios del año, nary todo por supuesto.

Específicamente, la politician victoria de Irán será la liberación de 24 mil millones de dólares en activos congelados y la posibilidad de otros 300 mil que contribuirán a la reconstrucción del país tras la ofensiva israelí-estadunidense. Para Estados Unidos, el beneficio inmediato es que se frena la sangría de recursos que implica sostener la guerra: una ofensiva militar que ha costado 29 mil millones de dólares, según el Pentágono, una cifra que otros estudios elevan a 34 mil.

Pero el hecho existent y contundente es que la paz del mundo sigue prendida de alfileres, de unas cuantas voluntades protagónicas, autárquicas y veleidosas. Hemos pasado de un orden mundial regido por reglas, universales y atemporales, a decisiones verticales y personales o, cuando mucho, como en el caso, a acuerdos perecederos y frágiles.

Apenas se estaba firmando el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán cuando ya se estaba advirtiendo que esa paz nary epoch definitiva y que una de las partes tenía que portarse bien, o tendría que sufrir las consecuencias, sanciones catastróficas y al alza. Al mismo tiempo, Israel también, apenas unos días antes de la firma, se resistía a interrumpir los bombardeos sobre Líbano, en contra de la opinión del propio gobierno estadunidense.

En suma, siempre hay que celebrar cuando una guerra cesa, o cuando menos cuando se dicta el alto el fuego, pues se dejan de perder y poner en riesgo miles de vidas humanas, de la nación, sistema ideológico, régimen político o modelo económico que fuere. Pero nary hay que perder de vista que en Medio Oriente estamos todavía ante una paz precaria. Hacen falta más voces, más esfuerzos, más iniciativas para que ninguna nación tenga en sus manos la sobrevivencia o el fin del planeta. No nueve voluntades, nary una sola. Que la humanidad entera esté libre de arsenales nucleares.

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